1.3.19

La histórica cumbre en el Vaticano para tratar sobre los abusos sexuales en la Iglesia católica supone un punto de inflexión que determinará el futuro de la institución...

 "El Papa abre la histórica cumbre en el Vaticano contra los abusos en la Iglesia.

 Acababan de sentarse en sus butacas. Apenas habían podido rezar y saludarse. Pero tuvieron que escuchar aquella voz en off disparando a bocajarro la verdad. “Desde que tenía 15 años mantenía relaciones sexuales con un sacerdote. Duró 13 años seguidos. Estuve embarazada tres veces, y las tres él me hizo abortar. Simplemente porque no quería ponerse un preservativo ni un método anticonceptivo”.

Luego llegaron las de cuatro víctimas más de otros tantos continentes. Un sacerdote violado cuando era un adolescente, también un chico al que volvieron loco. “Lo primero que hicieron fue tratarme de mentiroso, darme la espalda y decir que yo y otros éramos enemigos de la Iglesia”.

La jerarquía eclesial agota el surtido de mecanismos para seguir encubriendo los crímenes sexuales cometidos sobre sus fieles durante décadas. Hombres y mujeres a quienes sus abusadores descuartizaron el futuro y que descubrieron el significado del mal entre los bancos de una Iglesia.

Como la africana con cuyo testimonio comenzó este jueves la histórica cumbre sobre la pederastia en el Vaticano y que fueron obligados a escuchar en el salón del sínodo del aula Paolo VI los 190 líderes religiosos que aguardaban el discurso inaugural del Papa.

Experiencias terroríficas, también las de los cientos de activistas llegados a Roma estos días, tapadas impunemente por obispos cuyas diócesis, representadas en la sala a través de 114 presidentes de Conferencias Episcopales, construyeron un histórico muro de silencio. Luego el Papa, en un discurso breve y austero, admitió lo que durante meses le reprocharon las víctimas.

“El santo pueblo de Dios nos mira y no solo espera de nosotros simples y obvias condenas, sino todas las medidas concretas y eficaces que se requieran. Hace falta ser concretos”, lanzó ante el auditorio repleto de solideos morados.

El tiempo se agota y el juicio a sus palabras cada vez es más severo. Pero este jueves, tras muchos meses de retórica catártica, dio en algún momento la sensación de que, al menos, nada podría volver a ser igual en la Iglesia. Antes de comenzar las ponencias, Francisco repartió un documento que había preparado personalmente: 21 puntos concretos que deberán debatirse e implantarse tras la cumbre.

No es una revolución, tampoco cabía esperarla. Hay algo de compendio de muchas de las líneas guía de las diócesis más avanzadas. Pero es un punto de partida, subrayó, sobre el que avanzar hasta el domingo.

Punto de partida

El documento, distribuido a todos los obispos, incluye medidas como la creación de una suerte de defensor de las víctimas en las diócesis, la elaboración de un vademécum en el que se especifican los pasos a seguir por la autoridad en todos los momentos clave del surgimiento de un caso, o la modificación de la ley canónica que aumentará en dos años la edad mínima para el matrimonio de las mujeres (hasta ahora fijada en 14 años). Una medida crucial en el tercer mundo y que ni los organizadores sabían que se pondría sobre la mesa estos días.

Las reivindicaciones más exigentes de las víctimas no están en este “punto de partida”. Una omisión que provocó enseguida la reacción de miembros del colectivo, que lo consideraron irrelevante teniendo en cuenta el tiempo que el Vaticano había tenido para preparar el encuentro. El español Miguel Hurtado, abusado en 1998 por el monje de Montserrat Andreu Soler, fue muy crítico. “Los puntos de reflexión que el papa Francisco ha dado a los obispos son muy, muy flojos.

 No incluyen la tolerancia cero, no dice que todo cura que ha abusado de un menor tiene que ser expulsado inmediatamente del sacerdocio, no habla de mecanismos de rendición de cuentas para que los obispos encubridores o el abad de Montserrat (acusado de encubridor) sean cesados de su puesto de trabajo. Si esto es todo lo que van a ofrecer, hemos empezado mal”.

Las exigencias de las víctimas serán tenidas en cuenta, reveló en un encuentro con la prensa el arzobispo de Malta y secretario adjunto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Charles Scicluna, que se había reunido con ellos el día anterior. El prelado maltés, de una claridad y contundencia inusuales en la Iglesia, no ocultó la necesaria acción de la justicia civil para tratar con precisión los abusos.

 “Nosotros no tenemos medidas coercitivas, pero tampoco nostalgia de la Inquisición. Nuestra jurisdicción se basa en una sumisión voluntaria en espíritu basada en la fe. Los Estados sí tienen esas medidas coercitivas. Estamos lidiando con conductas que son crímenes y tenemos que estar sujetos a la jurisdicción civil”, lanzó.

 En algunos casos, como la pornografía infantil, recordó Scicluna, la Iglesia ni siquiera tiene métodos de investigación informáticos. “El Estado sí”. El problema es que el Vaticano cree que no es posible tratar esta cuestión de manera homogénea en todos los países del mundo.

La cumbre, retransmitida parcialmente en streaming y convertida en un acto de contrición público de la cúpula eclesial, será corta para quienes esperaban más y demasiado larga para los que llegaron con los deberes sin hacer —la Conferencia Episcopal Española dijo este jueves que se había reunido con víctimas, pero las principales voces no tienen noticia de ello—. El tema del día de hoy fue la “responsabilidad”.

Es decir, el papel de cada obispo en la gestión de las denuncias y el sufrimiento de las víctimas. Habló el cardenal filipino Luis Antonio Tagle, uno los prelados de moda en las quinielas de futuros papables. Luego lo hizo el propio Scicluna en una lección magistral de derecho y procesos —para tomar apuntes— y, por la tarde el cardenal Rubén Salazar Gómez. (...)"         (Daniel Verdú, El País, 22/02/19)


"El cardenal Marx propone liquidar el secreto pontificio en los abusos.

La cumbre que se celebra estos días en el Vaticano para debatir la cuestión de los abusos está subrayando la grieta existente entre los países avanzados y los que están a la cola. Y la lección alemana es fundamental para entender lo atrasadas que están todavía conferencias episcopales como la española. Cero excusas, transparencia total, investigaciones exhaustivas.

 El cardenal Reinhard Marx, consejero directo del Papa y uno de los prelados más lúcidos del colegio cardenalicio, ha dado esta mañana una lección magistral de transparencia. Impulsor del informe de más de 300 páginas que documentaba 3.677 casos de abusos cometidos por 1.670 clérigos en los últimos 70 años en Alemania, terminó alinieándose con las víctimas y proponiendo una de las grandes reivindicaciones: la eliminación del secreto pontificio en los casos de abusos a menores.

El arzobispo de Múnich, que fue uno de los tres ponentes de la sesión, señaló que "en la era de las redes sociales, donde es posible que todos y cada uno establezcan contacto casi inmediatamente e intercambien información a través de Facebook, Twitter... es necesario redefinir la confidencialidad y el secreto, y hacer una distinción con respecto a la protección de los datos".

 "Cualquier objeción basada en el secreto pontificio sería relevante solo si es posible indicar razones convincentes. Tal y como están las cosas, no conozco estas razones". Una reflexión pública poco habitual entre la jerarquía eclesial.

La eliminación del secreto pontificio, a juzgar por las intervenciones en la cumbre, da la impresión de ser ya una de las medidas concretas que podría tomar el Vaticano al término de la cumbre. También el presidente de la Comisión para la protección de menores, el cardenal estadounidense Sean Patrick O'Malley, había señalado el día anterior que "es importante revisarlo”.

Marx también insistió en la necesidad de "la comunicación al público del número de los casos y de los detalles relativos en la medida de los posible". "Si fracasamos, perderemos la oportunidad de mantener un nivel de autodeterminación sobre la información o nos expondremos a la sospecha del encubrimiento", aseveró.

El cardenal alemán también hizo un llamamiento para "establecer normas procesales o transparentes y reglas para los procesos eclesiásticos". "Los procesos y procedimientos establecidos para procesar los delitos fueron deliberadamente ignorados, e incluso cancelados o anulados. Los derechos de las víctimas han sido pisoteados y dejados a merced de cada individuo", lamentó.

En la misma línea se expresó La Superiora General de la Sociedad del Santo Niño Jesús, Verónica Openibo, que reflexionó sobre si se sería positivo hacer públicos los nombres de los culpables para sacar "una entera serie de informaciones relativas a estas situaciones" que puedan evitar otras."En algunas partes del mundo, también en países de África y de Asia, no decir nada es un error terrible como hemos visto en muchos países.

El hecho de que allí existan grandes problemas de pobreza, enfermedad, guerra y violencia en algunos países del Sur del mundo no significa que al tema de los abusos sexuales se le tenga que quitar importancia o ignorar. La Iglesia debe ser proactiva en afrontarlo".  (...)

En este sentido, ha sugerido que la Iglesia tiene otros problemas sobre la sexualidad que "no son afrontados en manera suficiente" como, por ejemplo, el abuso del poder, el dinero, el clericalismo, la discriminación de género, el papel de la mujer y de los laicos en general.

 "¿Quizá las estructuras jerárquicas y los largos protocolos que han influido negativamente sobre la rapidez de las acciones se preocuparon más de las reacciones de los medios de comunicación?", se ha cuestionado en relación a los casos de abusos."                (Daniel Verdú, El País, 23/02/19)


"Quién ha hecho los deberes y quién no ante la cumbre contra la pederastia.

La histórica cumbre que arranca este jueves en el Vaticano para tratar sobre los abusos sexuales en la Iglesia católica supone un punto de inflexión que determinará, en gran medida, el futuro de la institución. En total, 190 líderes religiosos (entre presidentes de conferencias episcopales, curiales e iglesias orientales) están convocados en Roma para una cita en la que las víctimas presionan para que se cumpla el discurso de "tolerancia cero" del papa Francisco.

El tratamiento de la cuestión de la pederastia es muy desigual en todo el mundo. Mientras países como Alemania, Estados Unidos o Irlanda han avanzado mucho, otros como España siguen todavía en una fase inicial. Durante tres días, los participantes se reunirán con una puesta en escena parecida a la de un sínodo y tres temas centrales: la responsabilidad de los obispos, la rendición de cuentas y la transparencia.

Antes de la cumbre, las conferencias episcopales deberían haberse reunido con las víctimas y rellenado un cuestionario sobre su actividad. Las preguntas se centraban en la situación actual del problema de los abusos en la Iglesia local; el nivel de conciencia de este asunto entre el público; los factores de riesgo más importantes en los abusos sexuales; los factores que contribuyen a una ausencia adecuada de respuestas y las medidas de prevención más eficaz que el país en cuestión ha adoptado para proteger a los menores.

 Así llegan una veintena de conferencias episcopales a la cumbre:

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