7.3.19

Los rostros tras los despidos... de los nuevos ERES del 2019

"El 2019 arrancó con un degoteo de expedientes de regulación de empleo en algunos de los buques insignia de la economía española. Caixabank, Dia, Santander, Vodafone; Con el fantasma de una desaceleración mundial acechante, la cifra anunciada de despidos solo en estas cuatro compañías, a falta de confirmarse la propuesta inicial de la entidad presidida por Ana Botín y de cerrarse el resto, podría superar las 8.000 personas.

Estos 8.000 empleos extinguidos representan casi la mitad del número de trabajadores despedidos mediante un expediente de regulación de empleo en el 2018. (...)

Marta, nombre ficticio para preservar su anonimato, puede ser una de las afectadas en el ERE de Vodafone, que pese a cerrar el 2018 con beneficios, acaba de pactar con los sindicatos un despido colectivo de 1.000 personas. Esta empleada de 54 años describe el ambiente entre la plantilla de "angustiado", ya que todavía tardarán tres semanas en saber quién se va y quién se queda.

 "Los trabajadores nos hemos esforzado en cumplir con los objetivos y estándares de calidad que nos pedía la empresa y ellos, que no han ganado tanto como querían, nos lo pagan con despidos", afirma. (...)

No solo a las grandes firmas y en grandes cifras llegan los expedientes de regulación de empleo. También más de una pequeña compañía ha activado sus mecanismos de reestructuración de plantilla. Algunos incluso sin tener que recurrir a la fórmula del ERE. Paul Moreno es uno de los 56 empleados de la fábrica de La Antigua Lavandera, en Sant Adrià del Besos. 

Los dueños, el grupo Blue Sun, se llevan la producción de lejías que hasta ahora surtían a marcas como Neutrex, ­Conejo y Estrella a Alcalá de Guadaira (Sevilla). El motivo que transmiten a los trabajadores son las pérdidas y el aumento del precio del alquiler de la nave. Y la alternativa es irse a Sevilla o aceptar una indemnización de 20 días por año trabajado, con tope de 12 mensualidades; la mínima por ley.

"La moral en la fábrica está por los suelos", cuenta Paul, que acaba de cogerse la baja por una contractura en el cuello, fruto de 14 años llevando un toro mecánico y agravada por la tensión de estas últimas semanas. "Mi hijo de tres años me lo nota, me pregunta ‘¿Qué le pasa a papá que está serio?’. ¿Como le explico yo que me voy a quedar en la calle?”, explica.

Juli López y el resto de los 43 empleados de la fábrica de Gallina Blanca en Sant Joan Despí acabaron esta semana una huelga indefinida de siete días, tras cerrar con la compañía un acuerdo para el traslado de la planta a Ballobar (Huesca). Prejubilaciones a parte, los que aceptarán una salida se llevan 60 días por año trabajado, con tope de 42 mensualidades y un plus de hasta mil euros por antigüedad.

Juli acaba así una carrera de 23 años en la planta, en la que desempeñaba el cargo que en jerga interna denominan "polivalente". “Me conozco perfectamente la fábrica, la sopa me corre por las venas", cuenta. Este trabajador, con las condiciones de traslado propuestas por la empresa y con mujer y dos hijos que le esperan en su casa de Sant Feliu, ni se ha planteado irse para Huesca. La experiencia es su principal valor añadido, aunque teme que a sus 46 años y con el actual mercado de trabajo, eso sea algo que otras empresas no valoren. "Ahora mismo me siento como pollo sin cabeza, que no sabe para donde correr", explica."                (Gabriel ubieto, El Periódico, 02/03/19)

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