24.10.19

Al contrario que otras izquierdas, como las estadounidenses, la izquierda española ha acogido con simpatía las reivindicaciones del independentismo catalán: Cataluña es un país innovador, cosmopolita, empequeñecido por el atraso español, por la presión fiscal que les obliga a repartir ingresos con las regiones pobres... el mismo argumentario de Trump... cousas veredes

"(...) La hostilidad en Alemania, Países Bajos, Finlandia o Dinamarca, por citar algunos ejemplos, hacia los países del sur europeo repite esa mirada. Para sus extremas derechas, la UE es una asociación predatoria en la que quienes más tienen, porque se lo han ganado, porque están mejor preparados, son más trabajadores y se han esforzado más, deben perder buena parte de sus recursos para transferirlos a gente que no lo merece, que no es nada aficionada al esfuerzo y al sacrificio, pero sí a gastar y a pretender que otros paguen la cuenta. (...)

Cataluña

Estas ideas han sido la respuesta que ha brindado la derecha de los países ganadores a los problemas planteados con el fin (o el declive) de la era global. El independentismo catalán forma parte de esta deriva política.

 En el 'procés', los argumentos típicos han aparecido con gran frecuencia: Cataluña es un país innovador, cosmopolita, bien situado en la órbita global, empequeñecido por el atraso español, por sus élites antiguas y por la presión fiscal que les obliga a repartir ingresos, lo que impide que tenga el gran desarrollo que le esperaría si volara sola.

Del mismo modo, el deterioro en el nivel de vida de sus ciudadanos se achaca a la falta de recursos y de inversión a que el Estado español les somete, en general transferidos a territorios menos productivos, de modo que bastaría con que esos ingresos se liberasen para que los catalanes vieran cómo sus transportes, su sanidad, su educación mejorarían. Un argumento repetidamente utilizado frente a Bruselas o Washington DC, ahora centrado en Madrid.

La solución, partiendo de esta premisa, aparece por sí misma, ya que la independencia permitiría que Cataluña se posicionase globalmente con fuerza, generase más empleos y contase con más recursos. Eso se dijo en el Brexit y se repite en las extremas derechas europeas con insistencia.

La izquierda

Todo esto forma parte de nuestro tiempo político, y era raro que no cuajase en España. Aquí no ha ocurrido mediante un movimiento nacionalista antiUE, como en Italia o Francia, pero sí en una parte del territorio, que ha reproducido a menor escala los argumentos, la visión del mundo y las promesas de esta ideología.

 Lo extraño es que la izquierda española haya acogido con simpatía, o con pleno apoyo, según los casos, estas reivindicaciones. Tiene cierta explicación histórica, porque tras la época del comunismo, las izquierdas se centraron en combatir el poder allí donde lo encontraban, ya fuera el del patriarcado, el del conocimiento, el de los intelectuales, el de la raza blanca, el de la clase media, el de los viejos o, por supuesto, el del Estado.

Por eso, en décadas anteriores, los separatistas fueron descritos por esa izquierda emergente como luchadores por la libertad y representantes de pueblos oprimidos. Esa simpatía no se desvaneció en las décadas posteriores, y ahora ha sido retomada como la lucha por la democracia y la república, como el combate contra las élites que provienen del franquismo, como la resistencia a ese fascismo arrastrado que aún perdura.

Al contrario que otras izquierdas, como las estadounidenses, que han entendido que el poder estructural proviene de lo económico, las nuestras se describían avanzando mientras daban pasos atrás, lo cual ha provocado que respalden las posiciones de las nuevas derechas a partir de la defensa de la libertad. La manifestación de apoyo en la Puerta del Sol, con los antifascistas defendiendo a los independentistas catalanes, es buena muestra de ese sinsentido.

Y esto tiene muy poco que ver con la sentencia del Supremo, con la conveniencia o la injusticia de sus penas, y ni siquiera con los políticos en prisión. Porque defender otras posiciones en esos asuntos viene después. Lo primero habría sido estar contra la independencia catalana planteada desde el marco de las nuevas derechas contemporáneas y oponerse claramente a ella, lo cual habría generado la legitimidad suficiente desde la izquierda para defender posiciones diferentes. 

Al partir desde otro lado, y respaldar ideas (o contemporizar con ellas) que se sitúan en un marco reaccionario, pierden por una parte y por otra. Es poco pragmático para ellas e inútil para el cambio social."                           (Esteban Hernández, El Confidencial, 18/10/19)

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