24.10.19

Son los países ganadores del proceso de globalización los que han emprendido una separación del resto de las naciones para seguir siendo ganadores. La hostilidad en Alemania, Países Bajos, Finlandia o Dinamarca, hacia los países del sur europeo repite esa mirada... de cómo se gastaba el dinero en fiestas y mujeres y luego querían que otros pagasen la fiesta... España deja de percibir 11.000 millones en impuestos por la competencia fiscal de esos países...

"El gran viraje político internacional, que suele sintetizarse como el choque entre globalistas y nacionalistas, va más allá de esa simple descripción. Especialmente porque cuando se examinan las tensiones políticas de nuestra época, se suele poner el énfasis en los perdedores de la globalización y en sus esperanzas quebradas, pero lo cierto es que la ruptura está viniendo por arriba y por la derecha.

La separación de los ganadores

Son los países ganadores del proceso de globalización los que han emprendido una separación del orden existente precisamente para seguir siendo los ganadores. Al igual que las élites económicas se alejaron del resto de la sociedad, lo que está ocurriendo ahora reproduce ese movimiento en el plano nacional. El giro de Trump y de EEUU es exactamente esto, la intención de reescribir las reglas para que su país no pierda peso con la irrupción china y consolide una hegemonía que puede declinar; también lo es el Brexit, y la salida del Reino Unido de la UE se ha asentado en la misma retórica que la de las extremas derechas europeas: solos nos irá mejor, este es un país poderoso con enormes posibilidades que está siendo maltratado por socios egoístas y un tanto parasitarios que nos trasladan sus problemas. Separarse es la única opción de volver a ser grandes.

Se aprovechan de nosotros

Ese alejamiento del orden existente se asienta en una serie de argumentos, que se repiten aquí y allá, y que se constituyen en justificaciones obvias de la reorganización. Trump ha impugnado el mundo global porque EEUU ha salido perjudicado: los europeos se aprovechan porque ni pagan parte de la factura militar ni son justos en el comercio, los chinos han utilizado en su beneficio la propiedad intelectual de las empresas americanas y Asia y México se llevan sus trabajos.

Esa visión aparece también en el seno de la UE. La hostilidad en Alemania, Países Bajos, Finlandia o Dinamarca, por citar algunos ejemplos, hacia los países del sur europeo repite esa mirada. Para sus extremas derechas, la UE es una asociación predatoria en la que quienes más tienen, porque se lo han ganado, porque están mejor preparados, son más trabajadores y se han esforzado más, deben perder buena parte de sus recursos para transferirlos a gente que no lo merece, que no es nada aficionada al esfuerzo y al sacrificio, pero sí a gastar y a pretender que otros paguen la cuenta.

 Toda la retórica sobre Grecia en la época de la llegada al gobierno de Tsipras se apoyó en estas ideas, y desde entonces no ha parado de utilizarse. 

Pero no solo por fuerzas extremistas: las negativas de la nueva Liga Hanseática (apoyada por los 'halcones' alemanes) a hablar de todo lo que no sea equilibrio presupuestario, ortodoxia fiscal y demás, parten de esa misma perspectiva.

Hay que insistir en ello, porque es esencial para entender el momento: esas críticas se emiten desde los países que han salido ganando con la UE. Alemania ha sido la gran triunfadora con la creación del euro, pero también los Países Bajos, Luxemburgo o Irlanda, que gracias al 'dumping' fiscal están viviendo mejor a costa del resto de europeos, y justo desde ahí cuestionan al resto.

 Deben recordarse aquellas afirmaciones de Dijssembloem acerca de cómo la gente del sur se gastaba el dinero en fiestas y mujeres y luego querían que otros pagasen la fiesta al hilo de los últimos informes, según los cuales España deja de percibir más de 11.000 millones de euros en impuestos por la competencia fiscal de los países europeos.

La transversalidad

No solo se ha convencido con estas ideas a la parte afortunada de los países ganadores, también a sus perdedores. Las proclamas de Trump o de los 'brexiters' respecto del beneficio que supondrá para los trabajadores nacionales el alejamiento de la globalización han sido recogidas por poblaciones que viven momentos económicos complicados, y que creen que con el control de la migración y con las nuevas reglas comerciales evitarán las deslocalizaciones. 

Ese mensaje de un mejor futuro y de mejores condiciones de vida ha cuajado en distintas clases sociales, también en las que han perdido con la globalización: no solo han girado políticamente EEUU y Reino Unido, sino que se ha convertido, gracias a su transversalidad, en la opción de oposición dominante en Europa.

 Lo cual es también paradójico, porque repiten sobre otros países los argumentos que se aplicaron sobre las clases en declive: no se adaptan, no son capaces de cambiar, no se esfuerzan y se aprovechan de todos los impuestos que pagamos. (...)"                  (Esteban Hernández, El Confidencial, 18/10/19)

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