"Vaya por delante que es un disparate que la viabilidad de la legislatura en España dependa de dos partidos como ERC y Bildu.
Es la consecuencia directa de la sempiterna incapacidad de los constitucionalistas para ponerse de acuerdo en nada, una inquina que se ha transformado ahora ya en una brutal guerra cultural entre izquierda y derecha en España.
Es la consecuencia directa de la sempiterna incapacidad de los constitucionalistas para ponerse de acuerdo en nada, una inquina que se ha transformado ahora ya en una brutal guerra cultural entre izquierda y derecha en España.
Las responsabilidades pueden repartirse de muchas
formas pero la actitud de bloqueo que han llevado a cabo tanto PP como
CS desde las elecciones del pasado abril es la causa principal. No
pudiendo formar una alternativa tenían la obligación de no impedir la
gobernabilidad a Pedro Sánchez, más aún cuando este dio sobradas pruebas
entre julio y septiembre pasado de no querer gobernar con Unidas
Podemos ni depender de los independentistas.
Pero las derechas han preferido atrincherarse en sus acusaciones de “felón y traidor” no dejando a Sánchez más alternativa que subirse al peligroso alambre del entendimiento con ERC o ir a terceras elecciones.
Las pruebas de estrés que deberá enfrentar el nuevo Gobierno de
coalición serán constantes y hay sobradas razones para el escepticismo,
pero también para entrever que la experiencia pueda no salir del todo
mal. De entrada, tanto PSOE como Unidas Podemos saben que un naufragio
en menos de un año sería absolutamente letal para sus intereses
electorales, el de ambos sin distinción, en beneficio exclusivo de las
derechas.
Observando los silencios y la prudencia tras el 10-N de Pablo
Iglesias, es evidente que se ha conjurado para que este primer Gobierno
bicolor de izquierdas dure lo máximo posible, a poder ser toda la
legislatura, siempre y cuando pueda aprobar un par de Presupuestos
Generales con alguna prórroga de por medio si es necesario.
Más fácil lo
tendrá en cuanto a apoyos parlamentarios para sacar adelante un
ambicioso paquete de medidas legislativas con el fin de que la agenda social, fiscal y mediambiental tome el protagonismo ante la estéril y divisoria cuestión territorial. Todo ello siempre que el desarrollo de la situación económica no imponga bruscos giros o, peor aún, dolorosos recortes.
Ahora bien, el conflicto en Cataluña es a priori el auténtico talón
de Aquiles de la legislatura. Pese al profundo recelo que muchos
compartimos, los republicanos han dado pruebas de que quieren encauzar su reivindicación por la vía del diálogo
aceptando implícitamente que ningún cambio sustancial es posible sin
reformar la Constitución y sabiendo que el PSOE jamás va aceptar una
consulta soberanista. Esa mesa de negociación no les va a dar ni la
independencia ni el referéndum que desean. Aunque se nieguen a
reconocerlo en público o jueguen con las ambigüedades del pacto
suscrito, los líderes de ERC son conscientes de ello.
También las
derechas que se refugian en la hipérbole y el catastrofismo para
confirmar lo certera de su profecía sobre la traición de Sánchez.
Así pues, esa mesa de negociación no es más que la excusa que necesitaba ERC para abstenerse, un asidero para encauzar un conflicto tras el fracaso de la unilateralidad y ante su falta de estrategia en el posprocés. El independentismo pragmático no tenía otra alternativa para ganar tiempo y,
si acaso, plantear otro pulso al Estado dentro de unos años si logra
entre tanto ensanchar su base sociológica y electoral en el área
metropolitana.
Por de pronto los republicanos transigen con la vía autonomista y su
objetivo es arrebatar a JxCat la presidencia de la Generalitat dentro de
pocos meses. Encauzado el conflicto político en esa mesa de
negociación, que durará lo que interese a ERC porque como ayer afirmó la hermana de Dolors Bassa
desde el atril del Congreso “la gobernabilidad de España” les importa
“un comino”, hay otro elemento balsámico a la vista.
A corto y medio
plazo habrá un desescalamiento de la tensión independentista en la calle
a medida que los condenados por sedición vayan saliendo de la cárcel
mediante la aplicación de los beneficios penitenciarios.
Así pues, no habrá indultos para las penas de cárcel porque ni sería
políticamente gestionable para el PSOE ni los interesados quieren ni les
hace falta, pues a lo largo de este 2020 podrán acogerse al tercer
grado. En definitiva, aunque la situación en España es anómala al
depender la gobernabilidad de quien hace dos años participó en un golpe
al orden constitucional, hay que huir de las hipérboles catastrofistas.
No estamos ante ningún proceso deconstituyente, sino ante un Sánchez que
se ha tenido que desmentir subiéndose al peligroso alambre del
entendimiento con ERC para poder formar Gobierno con Iglesias. Pese a
tanta irresponsabilidad partidista y la vuelta al insoportable clima de
enfrentamiento entre las dos Españas, la fortaleza de nuestras instituciones democráticas es mucho mayor." (Joaquim Coll, Crónica Global, 08/01/20)
"Las cesiones de Sánchez. ERC consigue todo lo que ha exigido.
La negociación entre el PSOE y Esquerra sobre la investidura de Pedro
Sánchez como presidente del futuro Gobierno español ha sido una continua
cesión de los socialistas a las exigencias de los independentistas
catalanes, que casi no se han movido de sus planteamientos iniciales,
según fuentes del PSOE contrarias al pacto con el partido que dirige
Oriol Junqueras.
Esquerra exigió al comienzo de los contactos que participasen tres dirigentes de cada partido y que una reunión, al menos, se realizase en Barcelona. Estas peticiones se cumplieron, como también las referentes a que Sánchez no hablase de “crisis de convivencia”, sino de “conflicto político”, ni de la Constitución española, sino de “seguridad jurídica”. Después, plantearon otra exigencia: que Sánchez llamase por teléfono a Quim Torra, presidente de la Generalitat, a lo que el líder del PSOE se había negado desde hacía meses. Y Sánchez llamó a Torra.
Hubo más. El PSOE tuvo que aceptar la futura creación de una mesa bilateral para seguir las negociaciones sobre la futura relación entre Catalunya y el Estado español. Y finalmente, la Abogacía del Estado, respondiendo a la petición del Tribunal Supremo, ha reconocido la validez de la resolución del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que declara la inmunidad de Junqueras como europarlamentario electo. Era otra exigencia de Esquerra." (e-notícies, 10/01/20)
Esquerra exigió al comienzo de los contactos que participasen tres dirigentes de cada partido y que una reunión, al menos, se realizase en Barcelona. Estas peticiones se cumplieron, como también las referentes a que Sánchez no hablase de “crisis de convivencia”, sino de “conflicto político”, ni de la Constitución española, sino de “seguridad jurídica”. Después, plantearon otra exigencia: que Sánchez llamase por teléfono a Quim Torra, presidente de la Generalitat, a lo que el líder del PSOE se había negado desde hacía meses. Y Sánchez llamó a Torra.
Hubo más. El PSOE tuvo que aceptar la futura creación de una mesa bilateral para seguir las negociaciones sobre la futura relación entre Catalunya y el Estado español. Y finalmente, la Abogacía del Estado, respondiendo a la petición del Tribunal Supremo, ha reconocido la validez de la resolución del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que declara la inmunidad de Junqueras como europarlamentario electo. Era otra exigencia de Esquerra." (e-notícies, 10/01/20)
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