"La mañana del 8
de febrero de 2013, José Francisco Lema dejó a su hija en el colegio,
volvió a su casa, revisó el correo y, poco después, se arrojó por la
ventana. Era un cuarto piso. Murió en el acto.
Tenía 36 años. Entre sus
manos, todavía sostenía una carta de la Agencia Tributaria que le
reclamaba 400 euros de tasas con recargo por la compraventa de su casa.
No era la peor de sus deudas, pero fue la que colmó el vaso.
Ahora Dionisia, su
madre, ya sólo pide que la dejen terminar sus días en la poca paz que
aún pueda quedarle. Siete años después de aquel trágico suicido, del
sufrimiento de su familia y de su lucha de los activistas para tratar de
evitarlo, Caja Sur continúa reclamando esa deuda a Dionisia, de 73 años, a quien amenazan con desahuciarla de su casa de toda la vida. Su marido murió hace menos de dos años y su pensión apenas alcanza los 700 euros al mes, denuncian los activistas cordobeses.
Fran, como le
conocían en el colectivo STOP desahucios de Córdoba, dejó huérfana a una
niña de nueve años, una viuda, una familia destrozada y dos créditos
hipotecarios pendientes; uno con Caja Badajoz —ahora Ibercaja—, con el
que financió el solar y los materiales para construir su casa, y otro
con Caja Sur, que utilizó para hacer frente a las cuotas y los gastos
corrientes cuando estalló la crisis y se quedó sin trabajo en la
construcción.
El primero, en el
que figuraban como avalistas sus suegros, creyó haberlo saldado al
entregar al banco su vivienda, la que construyó con sus propias manos y
la ayuda de su padre en la localidad de Villafranca. Pero lo que pensó
que era una dación en pago total todavía le dejaba un descubierto de más de 20.000 euros. El segundo ascendía a 97.000 euros y estaba avalado con la casa de sus padres.
"Mi madre está muy
nerviosa y alterada.
Pensábamos que se había acabado la pesadilla, pero
ahora el banco está removiéndolo todo de nuevo", confiesa Nani Lema,
una de las hijas de Dionisia. Ella ha peleado lo indecible para evitar
que ambos bancos siguieran con sus padres la misma estrategia de "acoso
brutal" que con su hermano, aunque no lo logró del todo. "Ya nos han
quitado lo más importante, la vida de Fran, ¿qué más quieren? ¿otro
suicidio en la familia? ¿que también le pase algo a mi madre? ¿mancharse
aún más las manos de sangre? Es indecente que vayan a por la casa de mi
madre", exclama al otro lado del teléfono.
El suicidio de Fran
llevó a Nani a pasar tanto tiempo en Zaragoza, donde Ibercaja tiene su
sede central, que acabó por instalarse allí e involucrarse en el
movimiento por la vivienda y contra los desahucios. "No son sólo
números, hay personas detrás y, desgraciadamente, han sido muchos los
que han hecho lo mismo que mi hermano", lamenta. "Nos costó una
barbaridad pero, en 2015, conseguí, gracias al apoyo del grupo STOP
Desahucios de Zaragoza que Ibercaja nos condonara los 22.000 euros que
quedaban tras entregar la casa de Fran”, recuerda la mujer. "Dejé mi
vida y mi trabajo por esta pelea y voy a seguir dándola", advierte.
Tanto Nani como los activistas cordobeses han intentado que Caja Sur
acepte la casa de Dionisia como pago de la totalidad de la deuda, pero
que la mujer pueda vivir en ella tranquila hasta el final de sus días,
en usufructo. Y, sobre todo, que después no quede ninguna deuda que puedan imputarle a más familiares de Fran, insiste su hermana. (...)
Eran los peores
momentos de la crisis, cuando arreciaron los desahucios y cuando las
hipotecas estaban plagadas de cláusulas que, años más tarde, declararía
abusivas la justicia europea, algo que enfurece mucho más a su hermana,
su familia y los activistas. "Las hipotecas de mi hermano tenían varias
de estas cláusulas", sostiene.
Al menos pudieron
pasar con cierta tranquilidad el duelo por Fran. "Los bancos metieron el
asunto en un cajón y dijeron que se quedaría ahí. No les interesaba la
mala prensa que estaban teniendo", apunta. Recuerda que Ada Colau,
entonces portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH),
estuvo presente en alguna de las movilizaciones en la ciudad que
siguieron a la triste noticia. Aunque años después volvieron a la carga,
"volvían a por lo único que les importa, el dinero. Por eso no nos
fiamos de las palabras, queremos las cosas por escrito", dice Nani. (...)
Fran ni pudo ni quiso vivir para ver esta situación. No pudo más. "Se
sentía culpable de la situación, de haber puesto en riesgo la casa de
sus padres, de haber fallado. Además tenía mucha ansiedad, no dejaban de
acosarle con cartas y llamadas telefónicas casi a diario", recuerda
Nani. "Hasta le esperaban cuando iba a recoger a su hija al colegio para reclamarle la deuda. Fue un acoso tremendo
y, además, una estafa, porque le engañaron cuando entregó su casa y
siguió debiendo dinero", explica. "Mi hermano ha sido una víctima, yo
siempre consideraré que fue un asesinato", asevera.
(...) hace dos años comenzaron de nuevo y el padre de Fran falleció por
problemas cardíacos cuando amenazaban con quedarse también su casa. "Le
afectó mucho, agravó su enfermedad y tememos que pase lo mismo con
Dionisia. Le envían cartas pidiendo el dinero, le han embargado alguna
vez la pensión y hasta le dicen que pague la deuda cuando va al banco,
delante de todo el mundo. Es una injusticia y vamos a seguir
presionando", advierte Carmona." (Jairo Vargas, Público, 06/02/20)
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