30.3.20

China COVID-19 en tres fases: negación del brote, ocultamiento de datos y represión de los facultativos informantes; adopción de medidas expeditivas y de gran impacto; y superación de la crisis...

"Los últimos datos conocidos apuntan a que China ha entrado en una nueva fase de la epidemia del nuevo coronavirus. 

En los últimos días, tienden a bajar exponencialmente los casos confirmados y las muertes asociadas. 

Atrás quedan las dos etapas previas. La primera, caracterizada por la negación del brote, el ocultamiento de los datos y la represión de los facultativos informantes. Lo que para unos obedeció a la natural tendencia a la opacidad del sistema para otros fue simple resultado de la impericia, pero ambos factores pudieron confluir. Sea como fuere, el silencio y la demora en el lanzamiento de la alerta sanitaria condicionaron negativamente su rápida expansión.


La segunda, a la vista de la gravedad de la crisis, la adopción de medidas expeditivas y de gran impacto contrastó vivamente con la primera actitud, sin importar que afectara no solo a la vida cotidiana de millones de personas sino a la propia estabilidad del desarrollo socioeconómico del país. 

La imposición de la mayor cuarentena de la historia supuso el punto de inflexión que marcó tanto el cambio en el comportamiento de las autoridades como también la toma de conciencia masiva en la sociedad. La sensible mejora de la transparencia en la información también ayudó a una mejor percepción de la crisis.


Si la primera fase provocó malestar, indignación y rechazo, la segunda derivó en reconocimiento por el enorme sacrificio implícito en la magnitud de las medidas de prevención y control adoptadas. La propia OMS lo ha destacado llamando la atención sobre la valentía y flexibilidad de las decisiones así como su eficiencia e innovación (incluyendo el uso de big data, inteligencia artificial, 5G y otros medios técnicos a una escala inusual hasta hoy día). 

En este aspecto, al margen de otros hipotéticos usos, se han podido generar cantidades masivas de datos relacionados con cada caso y facilitar su consulta en línea por los hospitales, adaptando y agilizando los tratamientos a los pacientes. Y todo ello desde un sistema público de salud fortalecido.


A falta de cuantificación, todos reconocen que la economía china experimentará una importante contracción, dependiendo su magnitud final de si el brote se resuelve o no en breve. Una rápida superación es improbable, sobre todo teniendo en cuenta el nivel de propagación mundial que está manifestando y la importante imbricación de la economía del gigante asiático con la internacional.  (...)

Asimismo, las implicaciones políticas de su mayor crisis de salud pública de la historia reciente, no pueden pasar por alto. Los graves errores de la primera fase, que tanta indignación provocaron, fueron compensados a ojos de muchos con los aciertos de la fase siguiente. De una u otra forma, de cara al futuro, probablemente no bastará con utilizar a las autoridades locales como chivo expiatorio para explicar el pésimo manejo inicial del brote y habrá lecciones que extraer para eliminar el secretismo en la gestión de las alertas.


Xi Jinping y el PCCh han querido demostrar la enorme capacidad sistémica para conjurar un desafío de esta naturaleza. Es verdad que ningún otro país del mundo lo podría hacer de igual forma. Su escala es incomparable. Pero para ellos hay también una lección: es absurdo maquillar la realidad, aunque los tiempos varíen, esta acaba por imponerse sobre cualquier otro propósito.


El COVID-19 apareció primero en China pero eso no significa que necesariamente se originara en China. Pese a ello, la chinofobia alcanzó niveles que nunca se detectaron en otros episodios similares (como el de la gripe A originada en EEUU en 2009, por ejemplo, que provocó casi 20.000 muertos en todo el mundo). No es un hecho casual. Como quizá tampoco la desmedida atención informativa en este caso, a diferencia de otros anteriores similares.  (...)"                     (Xulio Ríos, Observatorio de la política china, 09/03/20)


"(...)  Consideremos brevemente el caso de la República Popular China. 

Primera respuesta hecha de negación, corrupción y descontrol. En Occidente, en la gran prensa en lengua inglesa, durante el mes de enero, se habló repetidamente de “Chernobyl chino”. 

Se destacaba la incompetencia de los funcionarios provinciales, la caótica respuesta de las administraciones, el descontento de la población, su enmarañado sistema agroindustrial, sus mercados de animales salvajes como foco de infecciones mundiales, etc. Todo parecía anunciar que esta podía ser una gran prueba de fuego del gobierno chino. Y este respondió.

Lo hizo con operaciones tan espectaculares como innecesarias: la construcción de dos hospitales-barracón en apenas diez días, que podían haberse sustituido por sendos hospitales de campaña. Gran operación de cara al teatro mundial, y a su propia población. 

Lo hizo también militarizando a su sociedad; sometiendo a una región de población similar a la de Italia a un régimen de estricta cuarentena. Por esos medios, China parece haber controlado la epidemia. Y hoy presume de modelo y eficacia. El coste, no obstante, ha debido de ser enorme. 

Dos punto menos de crecimiento económico. La puesta a prueba de varias tecnologías de control y movimiento poblacional, hasta entonces en ensayo. Y, casi seguro, el abandono de decenas y decenas de miles de chinos que se curaron en sus casas sin intervención del gobierno; ¿por miedo al Estado o por responsabilidad civil? Quizás dé igual, o quizás sea lo mismo.

China convertida en modelo de gestión de la crisis sanitaria. Un modelo que ahora Italia sigue, seguramente con menos éxito. Publicitar el eslogan “me quedo en casa”, como hace el presidente italiano Giuseppe Conte, es una cosa. Lograrlo, otra muy distinta. 

Si comparan las cifras de letalidad del país que más criba ha realizado, Corea del Sur (apenas 0.6), con las de Italia o España, por medio de una simple regla matemática, verán que a ambos países se le escapan al menos 4 o 5 casos no identificados por cada caso diagnosticado. “Quedarse en casa” significa también “escuchen, no podremos atenderles a todos”. (...)"                 (Emmanuel Rodríguez, CTXT, 11/03/20)

No hay comentarios:

Publicar un comentario