"Es importante, sobre todo para los jóvenes, situar la crisis de recursos
sanitarios española en un contexto histórico. Hace tres décadas,
después de unos años de ejecución de privatizaciones en todos los
sectores fundamentales de la economía nacional, llegó el momento de
encarar el escollo más duro del proceso. Para la liquidación del tejido
sanitario común, debía invertirse la valoración ciudadana sobre sus
servicios de salud. (...)
Fue precisamente en esa lucha intelectual cuando estalló el escándalo de la unidad de paliativos del hospital Severo Ochoa.
Los doctores que dirigían el departamento se enfrentaron a una
denuncia anónima que fue expandida por la consejería de sanidad de la
Comunidad de Madrid. Corría el año 2005 y el Gobierno de Esperanza
Aguirre tenía un plan de negocio para la salud pública madrileña
capitaneado por su consejero Manuel Lamela. La presunta trama de
acusaciones falsas encontró el apoyo imprescindible de periodistas,
altos cargos, jueces y empresas del sector de matriz privada o
religiosa.
La alarma entre los ciudadanos fue notable y el doctor Luis
Montes personificó la lucha tenaz por demostrar su inocencia y su
trabajo honrado tras ser cesado por sus superiores políticos. Para
cuando los tribunales desestimaron las acusaciones por asesinato en las
sedaciones médicas, habían pasado tres años.
Tres años que fueron un
implacable destrozo en la salud pública con políticas a favor del
negocio privado al que fueron pasando uno tras otro los responsables
políticos tras hacer su labor de termita y destrozo desde el corazón de
lo público.
Las mareas blancas fueron un fenómeno sin equivalente en el mundo
occidental por el cual los médicos y personal sanitario se enfrentaron a
cara descubierta contra sus responsables políticos con la única misión
de tratar de lograr que los ciudadanos fueran conscientes del daño que
se estaba causando a su sistema público hospitalario. Muchos de los
ciudadanos prefirieron la ignorancia o el consuelo de pensar que detrás
de esos actos había intereses partidistas, tan habituales.
Hoy, los españoles salen emocionados a aplaudir a sus servicios de salud y emergencias, pero quizá deben aprender que a los sanitarios y a los educadores hay que defenderlos cuando no parecen imprescindibles. Tarde o temprano lo son, indefectiblemente. El doctor Luis Montes murió en plena lucha por alcanzar un protocolo de muerte digna para los pacientes terminales, esa fue su última batalla tras tantas otras. (...)
Hoy, los españoles salen emocionados a aplaudir a sus servicios de salud y emergencias, pero quizá deben aprender que a los sanitarios y a los educadores hay que defenderlos cuando no parecen imprescindibles. Tarde o temprano lo son, indefectiblemente. El doctor Luis Montes murió en plena lucha por alcanzar un protocolo de muerte digna para los pacientes terminales, esa fue su última batalla tras tantas otras. (...)
Pero cuando llegan las ocho de la tarde no nos olvidamos de él ni de las
mareas blancas. Ahora sí entendemos aquello de lo que pretendían
advertirnos en los años de la bonanza económica." (David Trueba, El País, 24/03/20)
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