"Hace unos días hubo una reunión telemática de varios expertos, miembros de la International Association of Health Policy, procedentes de varios países y continentes para analizar la respuesta de los países en diferentes continentes a la pandemia actual de coronavirus. (...)
En primer lugar, se repasaron varios estudios realizados durante los últimos años (el último en 2018) que habían
predicho que tal pandemia ocurriría, habiéndose alertado que el mundo
no estaba preparado para ello a no ser que se tomaran medidas urgentes
para paliar sus efectos negativos. Tales alertas no solo no se
atendieron e ignoraron, sino que muchos Estados a los dos lados del
Atlántico Norte aplicaron políticas públicas que han deteriorado la
infraestructura de servicios (...)
Los enormes déficits de camas, de médicos y enfermeras, de mascarillas, de ventiladores y un largo etcétera se han hecho patentes en cada uno de estos países, donde la austeridad tuvo mayor impacto (de nuevo, como en Italia y en España, y ahora EEUU). (...)
La segunda observación que hicieron los expertos es que la causa de la pandemia era predecible, así como el modo de responder a ella. Y lo que también se sabía y se sabe es que hay recursos para contenerla y resolverla.
Había un amplio acuerdo en que el mayor problema que
existiría no sería la falta de recursos, sino las enormes desigualdades
en la disponibilidad de estos recursos. No sería, pues, un problema
económico, sino político. No había (y no ha habido) voluntad política
para anular las condiciones que han causado la pandemia. (...)
El tema político es, por lo tanto, clave. Hay que preguntarse: ¿qué fuerzas económicas y financieras dominan los Estados? Y lo que hemos estado viendo es que las políticas económicas y sociales promovidas por la gran mayoría de tales Estados han sido aquellas políticas que representaban los intereses minoritarios de grupos económicos y financieros que antepusieron sus beneficios particulares al bien común. La evidencia empírica que apoya esta tesis es abrumadora. (...)
La administración Trump y sus aliados a nivel internacional son la versión más extrema de esta sensibilidad política (bastante extendida entre las derechas españolas, incluyendo las catalanas, sean estas secesionistas o no). A los dos lados del Atlántico Norte ha habido una gran derechización de la cultura e instituciones políticas, causa y consecuencia a la vez de la enorme desigualdad y del deterioro de las instituciones democráticas, lo que explica que nuestros países estén hoy en una situación muy vulnerable frente a la pandemia. (...)
Otra observación de los expertos fue que se requería una colaboración entre los Estados, de manera que estos compartieran recursos y conocimientos para, en base a un proyecto común, desarrollar organismos internacionales que prioricen el bienestar de las poblaciones sobre cualquier otro objetivo. Continuar utilizando instituciones internacionales que priorizan exclusivamente intereses específicos, financieros o comerciales es desaconsejable, pues han jugado un papel clave en la configuración de la situación actual. Hay que desarrollar organizaciones alternativas o realizar cambios profundos en las actuales.
Ahora bien, los expertos subrayaron que la
importancia de la internacionalización de la respuesta no significaba
debilitar el rol de los Estados en la resolución del problema creado por
la pandemia. El grupo de expertos fue muy crítico con una
percepción muy generalizada hoy en centros académicos y mediáticos
influyentes de que los Estados están perdiendo poder y no pueden atender
a problemas como las pandemias, actitud también presente en círculos
progresistas tal y como muestran autores como Negri y compañía, que
gozan de tener grandes cajas de resonancia en los medios.
El error de este posicionamiento queda reflejado en el hecho
de que los países (sean grandes o pequeños) que han podido controlar la
epidemia han sido aquellos donde el Estado ha ofrecido un liderazgo,
priorizando las intervenciones públicas sobre las privadas (y
supeditando las segundas a las primeras), enfrentándose, en caso de que
fuese necesario, con grandes lobbies económicos y financieros que
anteponían intereses particulares a los generales.
Tal
experiencia internacional muestra que aquellos Estados que han tenido un
rol más activo y han liderado contundentemente la respuesta a la
pandemia han sido más exitosos que aquellos (como EEUU) en los que el
Estado está teniendo un rol más pasivo. Y un componente
fundamental de este liderazgo ha sido no solo la adopción de medidas de
distanciamiento social (necesarias, pero insuficientes), sino también su
enfrentamiento con intereses particulares (repito, de lobbies
financieros y económicos) que han estado ejerciendo una gran influencia
en la vida política y mediática de tales países a fin de garantizar el
bien común, por encima de los beneficios de unas minorías. (...)
En este sentido, es profundamente erróneo intentar resolver
la gran escasez de material de protección para los profesionales del
sector sanitario a base primordialmente y/o exclusivamente de la compra
de tales productos en el mercado nacional o internacional. La
realidad es que nos encontramos ante una escasez internacional de estos
productos debido a su gran demanda, escasez que precisamente beneficia a
sus productores, que aumentan los precios, aprovechándose de una
situación excepcional.
En una situación de guerra (y estamos en
una de estas situaciones), el Estado hace lo que debe hacer para
conseguir los materiales que necesita para armarse, confiscando y
nacionalizando industrias si ello es necesario. Es digno de
aplauso que algunos empresarios en España hayan ofrecido voluntariamente
cubrir tales déficits cambiando incluso sus líneas de producción, tal y como aplaude Antón Costas en su artículo La pandemia como oportunidad, publicado en El Periódico
el 13 de marzo.
Pero tales medidas voluntarias son dramáticamente
insuficientes. España tiene una industria textil muy desarrollada, y no
hay falta de material para hacer mascarillas. Se tiene que obligar a las
empresas a que las hagan, y pronto, solo por poner un ejemplo.
Ni que decir tiene que habría una gran oposición a esta línea de
actuación por parte de las instituciones financiero-económicas que
ejercen un enorme dominio sobre los Estados. Pero la experiencia
muestra que tales medidas intervencionistas serían enormemente
populares, si se mostrara que se realizan en defensa del bien común, que
debe anteponerse al bien particular. En este sentido, la
creciente impopularidad de Trump está basada precisamente en que es
percibido como un mero instrumento de aquellos intereses, sin atreverse o
tener la voluntad de ejercer el liderazgo que el país necesita. (...)
No hay duda de que el futuro será distinto: cambiará el mundo. Y
la tolerancia hacia las coordenadas de poder existentes se desvanecerá.
Estamos siendo testigos del fin del neoliberalismo, fruto de la
urgencia de cambio. La pandemia está mostrando la necesidad de cambiar
profundamente las correlaciones de fuerzas dentro los Estados, a fin de
eliminar la excesiva influencia de unos intereses particulares que
obstaculizan alcanzar el bien común.
Ello requiere un cambio en cada Estado y también en la manera
en cómo estos Estados se relacionan entre sí; se hace necesario cambiar
la orientación de la globalización actual, basada en el control del
llamado "mercado" por parte de unas pocas manos, reconociendo la
interdependencia entre los países y la necesidad una respuesta colectiva
basada en el conocimiento científico, la voluntad popular y el bien
común. De ahí que los adversarios de estos cambios sean los mismos
factores que crearon la crisis climática y la pandemia: el
neoliberalismo, promotor de los intereses de una minoría, y el
nacionalismo populista, que antepone sistemáticamente los intereses
particulares a los del conjunto. La gravedad del problema actual
requiere unos cambios más sustanciales en el ordenamiento económico y
político de las sociedades en las que vivimos de los que ahora se están
considerando. La evidencia de ello es abrumadora. Así de claro."
(Vicenç Navarro. Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universitat Pompeu Fabra, y director del Hopkins-UPF Public Policy Center. Público, 24/03/20)
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