"(...) Ante el alud
de críticas por lo que la opinión pública percibió como una ‘mala
gestión’ de la pandemia, algunos gobernantes argumentaron también que la
celeridad del ataque pandémico les había pillado por sorpresa… Donald Trump, por ejemplo, no dudó en afirmar repetidas veces -cuando se produjeron en su país las primeras muertes por coronavirus, meses después de China o de Europa-, que « nadie sabía que habría una pandemia o una epidemia de esta proporción », y que se trataba de un « problema imprevisible », « algo que nadie esperaba », « surgido de ninguna parte »…25
Se pueden
decir muchas cosas para explicar la escasa preparación de las
autoridades ante este brutal azote, pero el argumento de la sorpresa no
es de recibo.
Primero, porque hay un proverbio famoso en salud pública:
« Los brotes son inevitables, las epidemias no. »
Segundo, porque decenas de autores de ficción y de ciencia ficción
-desde James Graham Ballard a Stephen King pasando por Cormac McCarthy o
el cineasta Steven Soderbergh en su película Contagio
(2011)- describieron en detalle la pesadilla sanitaria apocalíptica que
amenazaba al mundo.
Tercero, porque personalidades visionarias - Rosa
Luxemburg, Gandhi, Fidel Castro, Hans Jonas, Ivan Illich, Jürgen
Habermas- avisaron, desde hace tiempo, que el saqueo y el pillaje del
medio ambiente podrían tener consecuencias sanitarias nefastas.
Cuarto,
porque epidemias recientes como el SARS de 2002, la gripe aviar de 200526, la gripe porcina de 200927
y el MERS de 2012 ya habían alcanzado niveles de pandemia incontenible
en algunos casos y habían causado miles de muertos en todo el planeta.
Quinto, porque cuando se produjo la primera muerte por el nuevo
coronavirus en Estados Unidos, el 10 de marzo de 2020 en Nueva Jersey
-como ya hemos dicho-, hacía casi tres meses
que la epidemia había estallado en Wuhan y había desbordado rápidamente
todo el sistema sanitario tanto en China como en varias naciones
europeas ; o sea, hubo tiempo para prepararse.
Y sexto, porque decenas
de prospectivistas y varios informes recientes habían lanzado
advertencias muy serias sobre la inminencia del surgimiento de algún tipo de nuevo virus que podría causar algo así como la madre de todas las epidemias.
El más
importante quizás de estos análisis fue presentado, en noviembre de
2008, por el National Intelligence Council (NIC), la oficina de
anticipación geopolítica de la CIA, que publicó para la Casa Blanca un
informe titulado « Global Trends 2025 : A Transformed World» 28 .
Este documento resultaba de la puesta en común -revisada por las
agencias de inteligencia de Estados Unidos- de estudios elaborados por
unos dos mil quinientos expertos independientes de universidades de unos
treinta y cinco países de Europa, China, India, África, América Latina,
mundo árabe-musulmán, etc.
Con insólito sentido de anticipación, el documento confidencial anunciaba, para antes de 2025, "la
aparición de una enfermedad respiratoria humana nueva, altamente
transmisible y virulenta para la cual no existen contramedidas
adecuadas, y que se podría convertir en una pandemia global."
El informe avisaba que "la aparición de una enfermedad pandémica depende de la mutación o del reordenamiento genético de
cepas de enfermedades que circulan actualmente, o de la aparición de un
nuevo patógeno en el ser humano que podría ser una cepa de influenza
aviar altamente patógena como el H5N1, u otros patógenos, como el SARS coronavirus, que también tienen este potencial. »
El texto advertía con impresionante antelación que « si
surgiera una enfermedad pandémica, probablemente ocurriría en un área
marcada por una alta densidad de población y una estrecha asociación
entre humanos y animales, como muchas áreas del sur de China y del sudeste de Asia,
donde no están reguladas las prácticas de cría de animales silvestres
lo cual podría permitir que un virus mute y provoque una enfermedad
zoonótica potencialmente pandémica… »
Los autores también preveían el riesgo de una respuesta demasiado lenta de las autoridades : "Podrían
pasar semanas antes de obtener resultados de laboratorio definitivos
que confirmen la existencia de una enfermedad nueva con potencial
pandémico. Mientras tanto, los enfermos empezarían a aparecer en las ciudades
del sureste asiático. A pesar de los límites impuestos a los viajes
internacionales, los viajeros con leves síntomas o personas
asintomáticas podrían transmitir la enfermedad a otros continentes." De tal modo que "olas de nuevos casos ocurrirían en pocos meses. La ausencia de una vacuna efectiva y la falta universal de inmunidad
convertiría a las poblaciones en vulnerables a la infección. En el peor
de los casos, de decenas a cientos de miles de estadounidenses dentro
de los Estados Unidos enfermarían, y las muertes, a escala mundial, se
calcularían en millones ».
Como si ese
documento no fuera suficiente, otro informe más reciente, de enero de
2017, elaborado esta vez por el Pentágono y también destinado al
presidente de Estados Unidos (que ya era Donald Trump), alertó de nuevo
claramente que "la amenaza más probable y significativa para los ciudadanos estadounidenses es una nueva enfermedad respiratoria" y que, en ese escenario, « todos los países industrializados, incluido Estados Unidos, carecerían de respiradores, medicamentos, camas hospitalarias, equipos de protección y mascarillas para afrontar una posible pandemia 29».
A pesar tan
explícitas y repetidas advertencias, Donald Trump no dudó en deshacerse,
un año después de este último informe (!), del comité encargado -en el
seno del Consejo de Seguridad Nacional- de la Protección de la Salud
Global y la Biodefensa, presidido por el almirante Timothy Ziemer, un
reconocido experto en epidemiología30. Ese comité de técnicos era precisamente el que debía liderar la toma de decisiones en caso de una nueva pandemia… « Pero –explica el periodista Lawrence Wright, que entrevistó a Ziemer y a todos los miembros de ese Comité- Trump
eliminó a quienes más sabían sobre este asunto… Uno de tantos errores
colosales del presidente de Estados Unidos. Los anales mostrarán que ha
sido responsable de uno de los fallos de salud pública más catastróficos de la historia de
este país. Si hubiera escuchado, hace meses, las advertencias de los
servicios de inteligencia y de los expertos en salud pública sobre la
grave amenaza que suponía el brote de coronavirus en China, la actual
explosión de casos de covid-19 podía haberse evitado.31"
Hubiese
bastado también que Trump y otros dirigentes mundiales escucharan los
repetidos avisos de alerta difundidos por la propia OMS. En particular
el grito de alarma que esta organización lanzó en septiembre de 2019,
o sea la víspera del primer ataque del nuevo coronavirus en Wuhan. La
OMS no dudaba en prevenir que la próxima plaga podía ser apocalíptica :
« Nos enfrentamos a
la amenaza muy real de una pandemia fulminante, sumamente mortífera,
provocada por un patógeno respiratorio que podría matar de 50 a 80
millones de personas y liquidar casi el 5% de la economía mundial. Una
pandemia mundial de esa escala sería una catástrofe y desencadenaría
caos, inestabilidad e inseguridad generalizadas. El mundo no está
preparado. 32»
Con mayor
precisión aún si cabe, otro informe anterior ya había avisado sobre el
peligro específico de los nuevos coronavirus : « La
presencia de un gran reservorio de virus similares al SARS-CoV en los
murciélagos de herradura, junto con la cultura de comer mamíferos
exóticos en el sur de China, es una bomba de relojería… La posibilidad
del surgimiento de otro SARS causado por nuevos coronavirus de animales,
no debe ser descartada. Por lo tanto, es una necesidad estar preparados.33"
Entre 2011 y
2019, numerosos científicos no cesaron de hacer sonar la alarma a
propósito de varios brotes infecciosos que, según ellos, anunciaban una mayor frecuencia de aparición de plagas de propagación potencialmente rápida, cada vez más difíciles de atajar…34
El propio ex-presidente Barack Obama, en diciembre de 2014, señaló
que se debía invertir en infraestructuras sanitarias para poder
enfrentar la posible llegada de una epidemia de nuevo tipo.
Incluso recordó que siempre se puede presentar un azote similar a la
« gripe de Kansas » (mal llamada « española ») de 1918 : « Probablemente puede que llegue un momento en el que tengamos que enfrentar una enfermedad mortal, y
para poder lidiar con ella, necesitamos infraestructuras, no sólo aquí
en Estados Unidos sino también en todo el mundo para conseguir
detectarla y aislarla rápidamente.35 »
Es bien
conocido también que, en 2015, Bill Gates, fundador de Microsoft, avisó
que se estaban reunidas todas las condiciones para la aparición de un
nuevo azote infeccioso fácilmente desperdigado por el mundo por los
enfermos asintomáticos: « Puede que surja un virus -explicó- con
el que las personas se sientan lo suficientemente bien, mientras estén
infectadas, para subirse a un avión o ir al supermercado… Y eso haría
que el virus pudiera extenderse por todo el mundo de manera muy rápida… El
Banco Mundial calcula que una epidemia planetaria de ese tipo costaría
no menos de tres billones de dólares, con millones y millones de
muertes…36 »
O sea, mal que le pese a Donald Trump y a aquellos dirigentes que hablaron de « sorpresa » o de « estupor », la realidad es que se conocía, desde hacía años, el peligro inminente de la irrupción de un nuevo coronavirus que podía saltar de animales a humanos, y provocar una terrorífica pandemia… « La ciencia sabía que iba a ocurrir. Los Gobiernos sabían que podía ocurrir, pero no se molestaron en prepararse. – explica el veterano reportero y divulgador científico David Quammen quien, para escribir su libro Contagio37 (Spillover. Animal infections and the next human pandemic), recorrió los cuatro rincones del planeta persiguiendo a los virus zoonóticos, es decir los que saltan de los animales a los humanos –
Los avisos decían: podría ocurrir el año próximo, en tres años, o en
ocho. Los políticos se decían: no gastaré el dinero por algo que quizá
no ocurra bajo mi mandato. Este es el motivo por el que no se gastó
dinero en más camas de hospital, en unidades de cuidados intensivos, en
respiradores, en máscaras, en guantes... La ciencia y la tecnología
adecuada para afrontar el virus existen. Pero no había voluntad
política. Tampoco hay voluntad para combatir el cambio climático. La
diferencia entre esto y el cambio climático es que esto está matando más
rápido.38 »
En otras
palabras, esta pandemia es la catástrofe más previsible en la historia
de Estados Unidos. Obviamente mucho más que Pearl Harbor, el asesinato
de Kennedy o el 11 de septiembre. Las advertencias sobre el ataque
inminente de un nuevo coronavirus eran sobradas y notorias. No se
necesitaban investigaciones de ningún servicio ultrasecreto de
inteligencia para saber lo que se avecinaba. El desastre pudo ser evitado… (...)"
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