"(...) El reto de la futura economía: poner lo social en el centro
Y es ahí donde se requiere una respuesta a las excelentes e
impresionantes manifestaciones diarias y pasar de esta economía
neoliberal a otra que ponga en su centro "la economía de los cuidados". Es
urgente y necesario priorizar la producción y distribución de los
bienes y servicios que favorezcan el bien común en lugar de intereses
minoritarios particulares.
No hace falta que se fabriquen
tantos automóviles a costa de tan pocos respiradores. O tanta ropa para
las clases pudientes cuando hacen falta mascarillas, batas y guantes. El
Estado, en sus distintos niveles, como responsable del bien común,
tiene la autoridad para incentivar, y si ello falla, ordenar la
fabricación de productos y de regular los precios de productos
esenciales para garantizar el bienestar de la población, priorizando lo
social y común sobre beneficios económicos particulares. No se puede
permitir que los productores de tales productos se estén aprovechando de
la escasez (que mata a la gente) para incrementar el coste de sus
productos.
Hoy hará falta que el Estado cree empleo. Y es ahí donde la necesaria expansión de los servicios del Estado del bienestar
(desde los servicios de sanidad y sociales hasta la educación, la
vivienda y otros servicios, además de la reconversión industrial y
energética para protegernos también del cambio climático) es de una enorme importancia.
En España, solo un adulto de cada diez
(y en Catalunya, donde las medidas neoliberales se han impuesto incluso
con mayor dureza por parte de la derecha neoliberal catalana, hoy
secesionista, uno de cada once) trabaja en los servicios
públicos (primordialmente, en los servicios del Estado del Bienestar).
En Suecia es uno de cada cinco. Y Suecia, así como otros países
escandinavos (que durante la mayor parte del periodo 1945-2020 han sido
gobernados por partidos socialdemócratas en alianza con partidos a su
izquierda), son los países que tienen menos desigualdades sociales (de
clase social y género), mayor conciencia ambiental y mejores indicadores
de calidad de vida en el mundo.
Y mayor eficiencia económica, como
incluso el Vaticano del neoliberalismo, Davos, ha tenido que reconocer
en su informe The Global Competitiveness Report 2019 (ver mi artículo "Cómo el pensamiento económico dominante, causante de tanto sufrimiento, se reproduce: Davos", Público, 03.02.20).
Concretamente, en dicho informe se reconoce que "Suecia,
Dinamarca y Finlandia no sólo se han convertido en unas de las
economías del mundo más avanzadas a nivel tecnológico, más innovadoras y
dinámicas, sino que también proporcionan mejores condiciones de vida y
mejor protección social, están más cohesionadas y son más sostenibles
que sus iguales". No se podía decir más claro.
Es un error (motivado por razones ideológicas) considerar que las medidas neoliberales (neoliberalismo es la ideología del mundo del capital) son
las más eficientes para recuperar la economía. Lo que ha ocurrido con
la Gran Recesión es un claro ejemplo de ello.
Cualquier evaluación hecha
prueba que han sido un desastre (y no hay otra manera de definirlo)
para la calidad de vida de las clases populares (que son la mayoría de
la ciudadanía). Se necesitan políticas que vean la inversión social como
algo central en la necesaria redefinición de la economía.
Hoy, la
salida de la crisis económica tiene que pasar por el aumento de la
población empleada en los servicios públicos del Estado del Bienestar
(expandiendo los ya existentes y creando nuevos como los del 4º pilar
del bienestar –escuelas de infancia y servicios de atención a las
personas dependientes–), muy poco desarrollados en nuestro país.
Tal
inversión, no solo estimularía la economía a través del aumento de la
demanda, sino que reforzaría los servicios básicos para mejorar la
seguridad, felicidad y bienestar de la población (que debería ser el
objetivo principal de cualquier Estado), aumentando con ello la
productividad económica, bajando a la vez el tiempo de trabajo semanal y
mejorando los salarios, reforzando los instrumentos –como los
sindicatos– garantes de la defensa de los derechos de la población
trabajadora.
En contra de lo que se ha creído, la experiencia muestra
que la expansión del Estado del Bienestar (incluyendo la "economía de
los cuidados") es una necesaria inversión en el desarrollo humano,
social y económico de un país. Los datos así lo confirman." (Vicenç Navarro, Público, 16/04/20)
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