"Un argumento que están promoviendo opinadores y políticos de
sensibilidad neoliberal próximos a sectores del mundo empresarial de la
mayoría de los países a los dos lados del Atlántico Norte es que hay
que terminar con las medidas de confinamiento (que algunos, incluso,
subrayan que nunca tendrían que haberse iniciado), pues estas medidas
están amenazando con colapsar la actividad económica del país.
(...) argumentan que (...) la gran mayoría de
personas contagiadas con tal virus sobreviven y solo entre los ancianos
la mortalidad es elevada. Consideran, pues, que tales muertes significan un coste relativamente menor y asumible (pues la mayoría de la población no queda afectada), coste que, además, es necesario para salvar la economía. Como dijo el vicegobernador del Estado de Texas en EEUU, Dan Patrick, en una entrevista en el canal Fox News, los abuelos de ese país deberían aceptar su muerte a fin de salvar la economía para sus nietos.
Y hay
algunas de estas voces que incluso piensan (aunque no lo dicen) que
esta alta mortalidad entre loa gente mayor facilitaría la salvación del
sistema de pensiones público, que hoy consideran insostenible.
El ministro de Finanzas japonés, Tarō Asō, así lo insinuó en una
ocasión. Para tales voces, lo más importante ahora es salvar la economía
y reanimarla para que continúe. De lo contrario, todos tendremos
problemas más graves que la pandemia: el paro y la falta de trabajo. Como dijo el presidente de EEUU, Donald Trump, "no podemos permitir que la cura sea peor que el problema".
¿Cuál es la economía que se quiere salvar?
Tal argumento podría parecer lógico y coherente, pues la actividad económica es imprescindible en cualquier país. Pero
tiene un fallo muy grave. Y es que lo que se quiere salvar (y que
llaman "la economía") son las políticas económicas que han sido, en gran
parte, la causa de las enormes tragedias que están amenazando la propia
supervivencia del ser humano (tanto la crisis climática como la
enormemente insuficiente respuesta a la epidemia) (...)
En realidad, el sistema económico dominante se basa, hoy, en
una producción y distribución de bienes y servicios que se rige por unas
leyes del mercado que priorizan sistemáticamente a aquellos individuos y
sectores de la población que tienen mayor capacidad adquisitiva, a
costa de todos los demás. Y todo ello para el beneficio de
minorías propietarias y gestoras de los medios de producción y
distribución, cuyos beneficios económicos –sus intereses particulares-
se anteponen al bien común de toda la ciudadanía. (...)
Un ejemplo de ello es España, donde las primeras rentas (las del
capital) subieron, pasando de representar un 42,8% de todas las rentas
en 2008 a un 46,5% en 2019, mientras que las segundas (las del trabajo)
descendían durante el mismo período de un 57,4% a un 53,5%. Y ello se
consiguió, primordialmente, a costa de reformas laborales regresivas
(que aumentaron la precariedad) y de unos recortes del gasto público,
primordialmente social, que debilitaron enormemente el mundo del
trabajo.
Tales recortes causaron las enormes carencias del sector
sanitario, incluyendo la falta de respiradores (que se
necesitan para poder salvar vidas) y de equipamiento protector (como son
las mascarillas, las batas, los guantes y un largo etcétera) para los
profesionales y trabajadores del sector sanitario y de todos los
servicios esenciales. Todos estos recortes y reformas laborales
se hicieron para "salvar la economía" (es decir, los intereses del mundo
del capital), interpretando la economía como un sistema que favorece a
una minoría (las clases pudientes) a costa de la gran mayoría de la
población.
Hoy, los niveles de vida y la protección social de esta
mayoría están peor que antes de que se iniciaran tales políticas
neoliberales. Y estamos viendo ahora las mismas voces utilizando el
mismo argumento, subrayando que hay que permitir que la gente (y muy en
especial, los ancianos) se mueran para salvar tal economía (esto es, sus
intereses).
La respuesta popular: los aplausos a las 8 de la tarde
Hoy estamos viendo una movilización diaria y masiva en apoyo a los
bien definidos como "héroes" en esta guerra contra el virus. Cada día, a
las 8 de la tarde, millones de ciudadanos españoles e italianos salen
al balcón para aplaudir y agradecer a todos los profesionales y
trabajadores que se están jugando la vida para el bien común de salvar
la vida de las personas (la gran mayoría perteneciente a las clases populares).
Estos
aplausos llevan implícita una protesta frente al orden económico
(sostenido por el sistema político-mediático del país) que, en una
guerra contra el virus, ha enviado a estos soldados a las trincheras sin
haberles dado las armas suficientes. La muerte de tantos profesionales y
trabajadores del sector sanitario no está causada por el virus. Está
causada por la falta de protección frente al virus.
Es un movimiento, pues, de protesta frente a los causantes de
tanta insuficiencia y escasez, que son los que gobernaron el país
durante tantos años en los que se aplicaron esas políticas públicas
por parte de los establishments político-mediáticos influenciados por
los poderes económicos y financieros que dirigen la economía que se
intenta salvar ahora.
En este sentido, hay que aplaudir los pasos realizados por el
nuevo gobierno de coalición de izquierdas para cambiar las prioridades
del Estado y dar mayor importancia al sector social, cuya primera
prioridad es defender la calidad de vida y el bienestar de la población. (...)" (Vicenç Navarro, Público, 16/04/20)
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