1.4.20

Por qué Boris Johnson se resistía a aplicar medidas contra la pandemia... para buscar una salida alternativa a la del resto del mundo, que permitiese al país recuperarse y empezar a comerciar con normalidad antes que nadie

"El informe más completo y riguroso sobre el coronavirus Covid-19 aparece por primera vez en The Lancet el 24 de enero de 2020. 

El estudio de apenas 41 pacientes ya revelaba la capacidad de la epidemia de expandirse fuera de las fronteras chinas y el efecto que podía tener sobre los sistemas sanitarios, más allá de su mortandad. Ningún país está preparado para hospitalizar a un número considerable de pacientes en unidades de cuidados intensivos, al mismo tiempo que prosiguen otras actividades médicas. (...)

Con todavía mayor urgencia respecto a la necesidad de tomar medidas de distanciamiento y restricción, el 13 de marzo Andrea y Giuseppe Remuzzi describieron en la misma revista el coste inasumible de la pandemia para el sistema italiano.


Una semana después, el Gobierno británico ha comenzado a reaccionar.

Entre estas dos fechas, ¿qué explica la desviación frente a la evidencia acumulada de manera rigurosa por médicos y la evidencia, menos rigurosa pero igualmente impactante, de miles de afectados? 

(...) la justificación del Gobierno de Boris Johnson era la siguiente: en primer lugar, su unidad de análisis del comportamiento (la encargada de rebajar el número de fumadores, por ejemplo) buscaba retrasar el período de confinamiento. En su opinión, dado que la presencia del virus podía alargarse hasta 2021, temían que comenzar demasiado pronto causara futuras resistencias a la cuarentena. En segundo lugar, los directores médicos consideraban que era posible generar ‘inmunidad colectiva’, aislando estratégicamente a colectivos vulnerables y permitiendo el contagio del resto.

Gran parte de la responsabilidad del triunfo de Johnson en las pasadas elecciones, pero también de la victoria del Brexit en el referéndum, la tiene un nuevo modelo político-comunicativo. El superforecasting (algo así como super-pronosticar) salió a la luz en Reino Unido tras un escándalo en torno a Dominic Cummings, el consejero más importante de Boris Johnson. El equipo de Cummings había contratado a un genio matemático que era, además, un defensor de la eugenesia en virtud de la superioridad racial. Enrabietado por verse obligado a despedirlo, Cummings recomendó a los periodistas que leyeran el libro ‘Superforecasting: The Art and Science of Prediction’, de Tetlock y Gardner.


Pero, ¿en qué consiste? En general, se trata de aprovechar la capacidad aumentada de gestionar y analizar datos para realizar predicciones colectivas cada vez más exactas. En el experimento original, de un número inicial de 3.000 voluntarios, los modelos informáticos iban seleccionando exclusivamente a un grupo más reducido de pronosticadores en función del éxito de sus predicciones. Finalmente, este equipo de medio centenar se enfrentó a expertos en economía, geopolítica y otros campos para realizar predicciones sobre cambios en la bolsa o conflictos fronterizos; en la mayoría de casos, los pronosticadores ganaron a los expertos.

 Para Cummings y los que emplean sus servicios, el ‘superforecasting’ permite convertir la política (el arte de tomar decisiones) en una ciencia. (...)

Influidos por el espíritu de Silicon Valley, los pronosticadores y otros jóvenes contratados desprecian las instituciones públicas de lo que consideran el establishment de Whitehall (Whitehall es la sede de la mayoría de ministerios). Las medidas anunciadas en torno a trenes de alta velocidad y otras inversiones en el noreste del país sugieren que Johnson confía en saltarse la ortodoxia presupuestaria para ganarse la confianza de antiguos votantes laboristas.
 
Al mismo tiempo, enfrascados en la amoralidad de sus predicciones, es posible que para estos pronosticadores fuera absolutamente asumible una cifra de fallecidos de un cuarto de millón de británicos. Después de todo, el objetivo de Cummings (como durante el referéndum del Brexit) no es gobernar, sino ganar. Es decir, mediante la comunicación digital y medidas agresivas, andar el camino para que el Gobierno pueda imponer su voluntad, más allá de los tradicionales checks and balances del sistema Westminster. Finalmente, al menos en el caso del coronavirus, parece que ha ganado la tradición frente a la revolución y la intervención británica se irá acercando progresivamente a la del resto del mundo.  (...)

Por otro lado, dado que el Gobierno británico se ha comprometido a salir a final de año, tendrá dos opciones. Si sigue la lógica de trabajo de Cummings y otros (incluyendo la teoría de juegos), se adaptará a la posibilidad de que no haya acuerdo comercial con su principal socio en uno de los momentos económicos más inestables de la historia reciente.


La resistencia inicial a tomar medidas restrictivas también enlaza con este problema. Si la posición negociadora de Reino Unido ya era débil, la crisis del coronavirus sería el peor contexto para abrirse a otros mercados. 

Es comprensible el intento del Gobierno conservador de buscar una salida alternativa a la del resto del mundo, que permitiese al país recuperarse y empezar a comerciar con normalidad antes que nadie. La realidad del coronavirus y sus letales consecuencias han destrozado la voluntad triunfalista de salir reforzados del ‘Brexit’. De hecho, la comunicación y estrategia inconstante del Gobierno habrá generado muchas más dudas respecto a la capacidad británica de navegar solos, fuera del paraguas de la UE. (...)"                   (  , Agenda Pública, 20/03/20)

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