"El informe más completo y riguroso sobre el coronavirus Covid-19 aparece por primera vez en The Lancet
el 24 de enero de 2020.
El estudio de apenas 41 pacientes ya revelaba
la capacidad de la epidemia de expandirse fuera de las fronteras chinas y
el efecto que podía tener sobre los sistemas sanitarios, más allá de su
mortandad. Ningún país está preparado para hospitalizar a un número
considerable de pacientes en unidades de cuidados intensivos, al mismo
tiempo que prosiguen otras actividades médicas. (...)
Con todavía mayor urgencia respecto a la necesidad de tomar medidas
de distanciamiento y restricción, el 13 de marzo Andrea y Giuseppe
Remuzzi describieron en la misma revista el coste inasumible de la pandemia para el sistema italiano.
Una semana después, el Gobierno británico ha comenzado a reaccionar.
Entre estas dos fechas, ¿qué explica la desviación frente a la
evidencia acumulada de manera rigurosa por médicos y la evidencia, menos
rigurosa pero igualmente impactante, de miles de afectados?
(...) la justificación del Gobierno de Boris Johnson era la siguiente: en
primer lugar, su unidad de análisis del comportamiento (la encargada de
rebajar el número de fumadores, por ejemplo) buscaba retrasar el período
de confinamiento. En su opinión, dado que la presencia del virus podía
alargarse hasta 2021, temían que comenzar demasiado pronto causara
futuras resistencias a la cuarentena. En segundo lugar, los directores médicos consideraban que era posible generar ‘inmunidad colectiva’, aislando estratégicamente a colectivos vulnerables y permitiendo el contagio del resto.
Gran parte de la responsabilidad del triunfo de Johnson en las pasadas elecciones, pero también de la victoria del Brexit en el referéndum, la tiene un nuevo modelo político-comunicativo. El superforecasting (algo así como super-pronosticar)
salió a la luz en Reino Unido tras un escándalo en torno a Dominic
Cummings, el consejero más importante de Boris Johnson. El equipo de
Cummings había contratado a un genio matemático que era, además, un
defensor de la eugenesia en virtud de la superioridad racial.
Enrabietado por verse obligado a despedirlo, Cummings recomendó a los
periodistas que leyeran el libro ‘Superforecasting: The Art and Science of Prediction’, de Tetlock y Gardner.
Pero, ¿en qué consiste? En general, se trata de aprovechar la
capacidad aumentada de gestionar y analizar datos para realizar
predicciones colectivas cada vez más exactas. En el experimento
original, de un número inicial de 3.000 voluntarios, los modelos
informáticos iban seleccionando exclusivamente a un grupo más reducido
de pronosticadores en función del éxito de sus predicciones.
Finalmente, este equipo de medio centenar se enfrentó a expertos en
economía, geopolítica y otros campos para realizar predicciones sobre
cambios en la bolsa o conflictos fronterizos; en la mayoría de casos,
los pronosticadores ganaron a los expertos.
Para
Cummings y los que emplean sus servicios, el ‘superforecasting’ permite
convertir la política (el arte de tomar decisiones) en una ciencia. (...)
Influidos por el espíritu de Silicon Valley, los pronosticadores y otros jóvenes contratados desprecian las instituciones públicas de lo que consideran el establishment de Whitehall
(Whitehall es la sede de la mayoría de ministerios). Las medidas
anunciadas en torno a trenes de alta velocidad y otras inversiones en el
noreste del país sugieren que Johnson confía en saltarse la ortodoxia
presupuestaria para ganarse la confianza de antiguos votantes
laboristas.
Al mismo tiempo, enfrascados en la amoralidad de sus predicciones, es posible que para estos pronosticadores
fuera absolutamente asumible una cifra de fallecidos de un cuarto de
millón de británicos. Después de todo, el objetivo de Cummings (como
durante el referéndum del Brexit) no es gobernar, sino ganar.
Es decir, mediante la comunicación digital y medidas agresivas, andar
el camino para que el Gobierno pueda imponer su voluntad, más allá de
los tradicionales checks and balances del sistema Westminster.
Finalmente, al menos en el caso del coronavirus, parece que ha ganado la
tradición frente a la revolución y la intervención británica se irá
acercando progresivamente a la del resto del mundo. (...)
Por otro lado, dado que el Gobierno británico se ha comprometido a
salir a final de año, tendrá dos opciones. Si sigue la lógica de trabajo
de Cummings y otros (incluyendo la teoría de juegos), se adaptará
a la posibilidad de que no haya acuerdo comercial con su principal
socio en uno de los momentos económicos más inestables de la historia
reciente.
La resistencia inicial a tomar medidas restrictivas también enlaza
con este problema. Si la posición negociadora de Reino Unido ya era
débil, la crisis del coronavirus sería el peor contexto para abrirse a
otros mercados.
Es comprensible el intento del Gobierno conservador de
buscar una salida alternativa a la del resto del mundo, que permitiese
al país recuperarse y empezar a comerciar con normalidad antes que
nadie. La realidad del coronavirus y sus letales consecuencias
han destrozado la voluntad triunfalista de salir reforzados del
‘Brexit’. De hecho, la comunicación y estrategia inconstante
del Gobierno habrá generado muchas más dudas respecto a la capacidad
británica de navegar solos, fuera del paraguas de la UE. (...)" (
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