14.5.20

Como el gobierno de EE.UU. había hecho con el New Deal en la década de 1930. Alternativas al desempleo, un «mal capitalista». Entre las tareas socialmente útiles para los titulares de empleos federales podrían haber figurado las campañas masivas de pruebas de coronavirus en todo el territorio de los Estados Unidos; la limpieza y desinfección periódicas de los espacios públicos; la reorganización de las instalaciones públicas para asegurar el distanciamiento social...

"(...) En los Estados Unidos, en particular, se ha hecho muy poco y demasiado tarde para contrarrestar el desempleo causado por la pandemia con la creación de otros puestos de trabajo en la sociedad. 

Por ejemplo, el aumento de la contratación en los servicios de entrega a domicilio (vinculados al comercio electrónico) está lejos de haber absorbido los millones de personas despedidas por restaurantes, bares, grandes comercios, hoteles, aerolíneas, etc. Hubo una explosión de la espiral regresiva.


Sin embargo, nada de eso era inevitable. Como el gobierno de EE.UU. había hecho con el New Deal en la década de 1930, podría haber implementado un programa federal de empleo masivo para dar trabajo a los millones de personas despedidas por los empleadores con el «cierre» el sector privado. 

Entre las tareas socialmente útiles para los titulares de empleos federales podrían haber figurado las campañas masivas de pruebas de coronavirus en todo el territorio de los Estados Unidos; la limpieza y desinfección periódicas de los espacios públicos; la reorganización de las instalaciones públicas para asegurar el distanciamiento social; cursos a través de medios de comunicación o de las redes sociales para los alumnos y estudiantes de las escuelas públicas (así como para el público en general con ganas o necesidad de seguir aprendiendo); una evolución de toda la producción y la economía para satisfacer las exigencias ecológicas; la creación de una red de cooperativas de trabajadores; etc. (...)

es irracional privar de empleo a los trabajadores y trabajadoras cuando existen las herramientas, el equipo y las materias primas necesarias para producir bienes y servicios socialmente útiles. También es socialmente irracional dejar inactivos los lugares de trabajo en los que se acumulan «el óxido y el polvo», en lugar de reconfigurarlos o reestructurarlos para que sean lugares de trabajo seguros y socialmente útiles.

 Es irracional ignorar la salud mental y física que procura todo trabajo no alienante, sumiendo a millones de trabajadores y trabajadoras en el desempleo. Por último, y por sobre todo, es irracional privar a la sociedad en su conjunto de los bienes y servicios que pueden ser producidos por los trabajadores cuando tienen trabajo. Si el sector capitalista privado no puede o no quiere volver a emplear a estos desempleados buscando la manera más útil para la sociedad, entonces esta tarea le corresponde al gobierno, que puede y debe hacerlo. 

Si el interés por las ganancias privadas lleva a los capitalistas a tomar decisiones socialmente irracionales -como el despido de millones de empleados/as-, entonces la sociedad ya no debería considerar la ganancia como el criterio decisivo. Deberíamos sustituir este sistema basado en el beneficio privado por otros criterios en la toma de decisiones de las empresas. 

Este nuevo sistema podría asociar a las empresas privadas y a las empresas públicas en cooperativas de trabajadores y trabajadoras. En empresas de este tipo, los trabajadores y las trabajadoras tomarían democráticamente las decisiones relativas a la empresa: todos/as tendrían los mismos derechos a la hora de votar.


Y mejor aún, otros dos grupos de interesados/as podrían participar igualmente de manera democrática en la toma de decisiones: 1° los consumidores de la producción de cada empresa; y 2° los habitantes de las localidades en las que opera cada empresa.


Un sistema como éste determinaría como objetivos esenciales la calidad y la seguridad de los puestos de trabajo, el consumo y la residencia, y son esos criterios los que permitirían evaluar la rentabilidad de las empresas.


Las cooperativas de trabajadores y trabajadoras, en tanto que marco de trabajo para los millones de personas que han quedado desempleadas a causa de los desastres causados por el capitalismo, tienen un propósito específico. Los trabajadores y trabajadoras de las cooperativas de trabajo podrían ver con más claridad y reaccionar mucho antes a la irracionalidad fundamental del desempleo causado por el capitalismo. (…)


El establecimiento de un sector de ese tipo en los Estados Unidos permitiría que los estadounidenses tomaran verdaderas decisiones sobre su propio sistema económico. Los ciudadanos podrían observar, comprar y trabajar en empresas organizadas como cooperativas de trabajo asociadas y compararlas con sus homólogas organizadas según criterios capitalistas. En segundo lugar, las opciones democráticas adoptadas con conocimiento de causa permitirían que el pueblo de los Estados Unidos decidiera cómo combinar los dos sistemas económicos alternativos.


El hecho de avanzar hacia esas perspectivas ayudaría enormemente a encontrar y explotar nuevas formas para salir de esta crisis por arriba, no por abajo; a imaginar un futuro positivo ante las ruinas catastróficas de una pandemia y de un crash capitalista mayúsculo."

(Richard D. Wolff es profesor emérito de economía en la Universidad de Massachusetts, Amherst, Rebelión, 13/05/20, fuente: Trouthout)

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