"(...) En España, el espectáculo del Parlamento empequeñece la política y muestra su cara más limitada, la de las discusiones encendidas e irrelevantes: parece que están más pendientes de quién gobierna que de nuestro futuro.
Y si echamos un vistazo dentro de nuestro país, las cosas no mejoran,
ya que muchas comunidades autónomas están intentando sacar rédito de la
situación, ya sea a través de sus fuerzas independentistas, como
Cataluña, de negociar para obtener ventajas, como siempre hace el PNV, o de prolongar la pelea política contra Sánchez, como ocurre con la comunidad de Madrid.
Como vemos, es un mal común: en el orden global, en el europeo y en el
español, la fragmentación, las tensiones y el sálvese quien pueda son la regla. Cada cual vela por sus intereses y se desentiende del conjunto. Por el otro lado está China, que tiene sus propios problemas, pero desde luego no estos.
Es una muestra de irresponsabilidad que los poderes occidentales se comporten así en un momento de crisis muy grave.
Están actuando como si nada hubiera pasado, como si una vez que hubiera
llegado la pandemia, lo prioritario fuese arreglar los problemas de posicionamiento y de poder
y no solucionar los estragos de todo orden que está causando el virus.
Es un comportamiento todavía más irresponsable en la medida en que los
enfrentamientos que hoy se hacen visibles eran exactamente los mismos
que tenían lugar antes de que el covid-19 nos alcanzase.
Es una actitud típica de los sistemas perdedores: cuando los problemas
surgen, la unión desaparece y cada cual trata de alejarse de los demás y
buscar mejores condiciones para sí. En lugar de cerrar filas y tratar
de salir juntos, de buscar soluciones comunes, que es la mejor forma de
remontar esto con éxito, ni a nivel global ni a nivel local tenemos paz y unidad contra el enemigo. Que es doble, sanitario y económico. (...)
En España, esta crisis reforzará la
brecha que ya existía, con consecuencias evidentes en el sector
comercial, porque muchas pequeñas empresas desaparecerán, y porque, al ser estas las que crean empleo
(las grandes estarán pendientes de volver a ofrecer resultados y de
reestructurarse digitalmente, y por lo tanto no generarán puestos de
trabajo), tendremos un paro elevado y el consumo se verá frenado.
Con un añadido negativo: en otras pandemias, puesto que el peso de la
producción era más elevado que el de los servicios, la salida era más
sencilla; ahora producimos casi todo en China, y salvo aquellas zonas en las que todavía quede sector industrial, la recuperación será complicada.
La segunda parte de esta tendencia es que la brecha no solo se abre entre clases, también entre países,
lo que complica las cosas para España. Aquellos Estados que puedan
insuflar mayores cantidades a su economía saldrán más fortalecidos de
esta crisis, y el resto lo pasarán mal, entre otras cosas, porque sus
compañías estarán dañadas y tendrán mayores dificultades para competir.
Las firmas estadounidenses, por ejemplo, se verán beneficiadas, al igual
que las chinas. Y en Europa, que tendrá problemas, también existirán
diferencias interiores. La comparación entre Alemania y España ofrece
una pista clara.
Es verdad, pero no será así
Como bien señala Juan Gómez Bada, en un instante en que las posibilidades de la subsistencia de las empresas
dependen de los avales públicos, Alemania garantiza el 100% a las pymes
y España el 80%, pero “la diferencia no está solamente en el porcentaje
o en el importe máximo garantizado; el aval de Alemania vale más que el
de España. En consecuencia, los bancos alemanes están prestando más dinero a menor coste y la liquidez está llegando a muchísimas más empresas”.
La consecuencia obvia es que las firmas germanas estarán en muchas
mejores que condiciones de competir que las nuestras, a pesar de que
formamos parte de un mercado único. En lugar de que “cada país aplique
unas ayudas de Estado diferentes, debería ser un organismo de la
eurozona quien avalase los créditos a todas las empresas de la unión
monetaria en los mismos términos”. Tiene razón, pero no será así.
De modo que España se dirige a una doble vertiente de la crisis
económica, la causada por la brecha del tamaño y la que proviene de las
diferencias territoriales y del distinto apoyo que se recibe; ambas nos
perjudican mucho y no tenemos la solución para ninguna. Esto generará
descontento social, pero a quién le importa. El descontento social nunca ha sido un problema para nuestro sistema. Lleva tiempo lidiando con él, tanto en EEUU como en Europa, y nunca se le ha prestado demasiada atención. (...)
Aquí es donde la cosa se enreda aún más. Frente a todos esos problemas, que no son sencillos de resolver, nos encontramos a una sociedad inmersa
en líos parlamentarios, en acusaciones cruzadas, en peleas para
conservar el poder político o para conquistarlo, en una polarización
insufrible e irrelevante.
Es un mundo político fuera de foco, una versión de las tertulias del corazón,
cuyo fuego se encargan de avivar las redes, buena parte de los medios y
los grupos de WhatsApp. Tampoco el entorno experto está mucho mejor, en
particular el económico, porque en una situación como esta hacen falta
soluciones diferentes, pero siguen apegados a la ortodoxia, como si la
pandemia no hubiera existido.
Repasemos: un mundo fragmentado, con
EEUU lanzado hacia la desglobalización y China creciendo; una Unión
Europea con fuertes tensiones; una necesidad urgente de conseguir fondos
para la recuperación de los que carecemos; la posibilidad de que el
endeudamiento estatal nos pase factura a todos los españoles en poco
tiempo; la quiebra de pequeñas empresas y el paro aumentando; y todo
esto sin haber salido de la pandemia.
Pedir cierta unidad es
sobrepasar el marco de lo tolerable para nuestras fuerzas políticas,
pero lo que sí es exigible es que pongan encima de la mesa sus
propuestas para este conjunto de problemas. Que comiencen a hablar de cosas serias de una vez. Es lamentable ver a Pablo Casado haciéndose fotos en el lavabo y con las ovejas, a Pedro Sánchez dando elegir entre él o el caos, a Iglesias centrado en el antifascismo y en Billy el Niño, a Abascal afirmando que la izquierda persigue a los homosexuales; y eso por no seguir con Arrimadas, Rufián o Aitor Esteban.
Me gustaría saber qué idea de España tienen para el futuro,
qué plan de salida hay, de dónde van a conseguir el dinero para que no
esté un tercio de España en paro o con los negocios cerrados y en qué
condiciones, qué propuestas tienen para revertir la situación. Porque de eso no escucho nada. Y sin eso, todo lo demás es completamente irrelevante,
es indignación convertida en espectáculo, es un juego fútil por
conservar el sillón o sacar de La Moncloa a Sánchez. Es increíble." (Esteban Hernández, El Confidencial, 08/05/20)
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