4.5.20

Redescubriendo la «belleza» de la clase obrera... en España hemos redescubierto que son las fuerzas del trabajo las que sostienen el proyecto de nación y su modelo productivo. En 2020 hemos redescubierto un "nosotros"... que no es precisamente, el del anuncio de Bankinter

"(...) debido a la pandemia global en España, hemos redescubierto que son las fuerzas del trabajo las que sostienen el proyecto de nación y su modelo productivo. Un duro choque con la realidad. Producto de haber interiorizado y normalizado la precarización del trabajo, pero también de nuestros itinerarios vitales, de nuestras relaciones sociales.  

La desigualdad económica no es como la noche y el día o la rotación de la tierra o cualquier otro fenómeno natural. Se explica, precisamente, por aquello que siempre parece sonar a viejo: la ruptura del frágil equilibrio de las relaciones Capital-Trabajo.
 
Los datos del Informe de Coyuntura Laboral de CCOO (febrero 2020) fueron concluyentes: más de la mitad del empleo asalariado es precario. Un precariado -como nueva forma de expresión de una clase obrera subalterna- caracterizado por conjugarse en femenino, el trabajo temporal y parcial, la rotación laboral y las continuas entradas y salidas en el mercado. Sin olvidarnos del trabajo en negro. A finales de 2019 la OIT alertaba de cómo el 13% de la población asalariada en España entraba en la categoría de trabajadores pobres.

Reponedores, cajeros, dependientas, enfermeras, celadores, riders, trabajadoras del hogar, de la limpieza, repartidores, temporeros… constituyen el nuevo ejército de reserva de El Capital.  Súmese género y raza para obtener la radiografía socioeconómica que explica, en suma, los márgenes de beneficios de los grandes capitales.

Una mayoría social redescubierta para sorpresa de muchos y extraños. Ahora bien, cuidado con ciertos redescubrimientos e idealizaciones. Corremos el serio riesgo de que el día después no es que se volvamos a la casilla de partida, sino que sigamos retrocediendo en ese continuum sin límite de pérdida de conquistas históricas arrancadas por la clase obrera y el movimiento sindical durante más de un siglo.  (...)

Parece que fue hace un siglo pero en términos históricos fue ayer cuando surgió aquello del fin de la historia e incluso del fin del trabajo y el paso a la empleabilidad
En 2008 todo esto se hizo más evidente con la salida ultraliberal global como respuesta a aquella crisis. Cierto es que pareció por momentos redescubrirse a los clásicos con Marx a la cabeza. No obstante, pese a las huelgas generales y las movilizaciones prosiguió la inquebrantable marcha de las reformas laborales -más de medio centenar desde la aprobación del Estatuto de los Trabajadores en 1980- o los recortes del menguado Estado del Bienestar. Una ofensiva centrada en desarmar los por sí menguados derechos de las fuerzas de trabajo.

En 2020, al menos, hemos redescubierto un "nosotros" con el que identificarnos. Sí, ese mismo precariado que siempre ha estado entre nosotros como la máxima expresión de la desigualdad económica, la sobreexplotación laboral, ínfimos salarios y trabajo en el sector servicio en un país desertificado industrialmente. Lo excepcional no es haber sido precario un tiempo de nuestra vida sino ser capaz de salir de su círculo vicioso.

 No hay ningún tipo de belleza en estas historias de vida marcadas por la inseguridad, la incertidumbre, la desigualdad y todo tipo de enfermedades físicas, psicológicas y mentales. Fragilidad y vulnerabilidad se combinan de forma permanente en tales trayectorias biográfico-laborales. Historias de vida que nos hablan de la lucha por la subsistencia de las clases asalariadas populares como en cualquier otro tiempo y sociedad occidental contemporánea.  (...)

Detrás de toda esta suerte de elogios que pueden observarse en los anuncios de las grandes corporaciones -el autor de este texto ha de confesar que tras escuchar el anuncio de Bankinter estuvo a punto de abrazar a cualquier banquero que se le cruzara por la calle- se está jugando con nuestras emociones en pleno confinamiento. Todos juntos insisten hemos de remar en la misma dirección. ¿Por qué? ¿Acaso todos partimos en las mismas condiciones de igualdad en esta crisis con un marcado carácter de clase?  (...)

La fuerza colectiva que dibujan, precisamente, los aplausos de las 20:00h nos abocan, por el contrario, a la construcción de nuevas solidaridades en defensa de lo público. De ahí la reacción de la extrema derecha y la derecha de toda la vida con un alto nivel de conciencia de clase y militancia
La defensa de una historia social desde abajo y con los abajo nos ilustra un posible escenario sobre el que transitar: resituar en la agenda política la centralidad de las relaciones Capital-Trabajo en busca de un nuevo contrato social que nos permita reelaborar un proyecto de futuro. Capital-Trabajo pero también Vida. Incorporando una obligada perspectiva feminista en el centro del debate con la vista puesta al desarrollo de una política pública de cuidados en línea con lo expuesto por economistas como Amaia Pérez Orozco. (...)

Mal haríamos, por lo demás, en olvidar que los "nuestros" están en el Gobierno. No hemos conquistado el poder político -no se nos escapa este detallito- pero nos sentamos en el Consejo de Ministros y tenemos el BOE a nuestra mano. Nunca fue tan real "nuestra" capacidad de influir y marcar la agenda política desde un Ejecutivo. Un "principio de realidad" con el que debemos aprender a convivir en términos de contrahegemonía de cara a seguir construyendo un bloque social alternativo
Revertir la actual "correlación de debilidades" -como dijera Vázquez Montalbán- depende de sumar en torno a un nosotros que ha de ser leído en términos de clase sin reparos ni nostalgias."            (Sergio Gálvez Biesca, Público, 01/05/20)

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