"(...) debido a la pandemia global en España, hemos redescubierto
que son las fuerzas del trabajo las que sostienen el proyecto de nación y
su modelo productivo. Un duro choque con la realidad. Producto de haber
interiorizado y normalizado la precarización del trabajo, pero también
de nuestros itinerarios vitales, de nuestras relaciones sociales.
La
desigualdad económica no es como la noche y el día o la rotación de la
tierra o cualquier otro fenómeno natural. Se explica, precisamente, por
aquello que siempre parece sonar a viejo: la ruptura del frágil
equilibrio de las relaciones Capital-Trabajo.
Los datos del Informe de Coyuntura Laboral
de CCOO (febrero 2020) fueron concluyentes: más de la mitad del empleo
asalariado es precario. Un precariado -como nueva forma de expresión de
una clase obrera subalterna- caracterizado por conjugarse en femenino,
el trabajo temporal y parcial, la rotación laboral y las continuas
entradas y salidas en el mercado. Sin olvidarnos del trabajo en negro. A
finales de 2019 la OIT alertaba de cómo el 13% de la población asalariada en España entraba en la categoría de trabajadores pobres.
Reponedores, cajeros, dependientas, enfermeras, celadores, riders, trabajadoras del hogar, de la limpieza, repartidores, temporeros… constituyen el nuevo ejército de reserva de El Capital.
Súmese género y raza para obtener la radiografía socioeconómica que
explica, en suma, los márgenes de beneficios de los grandes capitales.
Una mayoría social redescubierta para sorpresa de muchos y extraños.
Ahora bien, cuidado con ciertos redescubrimientos e idealizaciones.
Corremos el serio riesgo de que el día después no es que se volvamos a
la casilla de partida, sino que sigamos retrocediendo en ese continuum
sin límite de pérdida de conquistas históricas arrancadas por la clase
obrera y el movimiento sindical durante más de un siglo. (...)
Parece que fue hace un siglo pero en términos históricos fue ayer cuando surgió aquello del fin de la historia e incluso del fin del trabajo y el paso a la empleabilidad
En 2008 todo esto se hizo más evidente con la salida ultraliberal
global como respuesta a aquella crisis. Cierto es que pareció por
momentos redescubrirse a los clásicos con Marx a la cabeza. No obstante,
pese a las huelgas generales y las movilizaciones prosiguió la
inquebrantable marcha de las reformas laborales -más de medio centenar
desde la aprobación del Estatuto de los Trabajadores en 1980- o los
recortes del menguado Estado del Bienestar. Una ofensiva centrada en
desarmar los por sí menguados derechos de las fuerzas de trabajo.
En 2020, al menos, hemos redescubierto un "nosotros" con el que
identificarnos. Sí, ese mismo precariado que siempre ha estado entre nosotros como
la máxima expresión de la desigualdad económica, la sobreexplotación
laboral, ínfimos salarios y trabajo en el sector servicio en un país
desertificado industrialmente. Lo excepcional no es haber sido precario
un tiempo de nuestra vida sino ser capaz de salir de su círculo vicioso.
No hay ningún tipo de belleza en estas historias de vida marcadas por la
inseguridad, la incertidumbre, la desigualdad y todo tipo de
enfermedades físicas, psicológicas y mentales. Fragilidad y
vulnerabilidad se combinan de forma permanente en tales trayectorias
biográfico-laborales. Historias de vida que nos hablan de la
lucha por la subsistencia de las clases asalariadas populares como en
cualquier otro tiempo y sociedad occidental contemporánea. (...)
Detrás de toda esta suerte de elogios que pueden observarse en los
anuncios de las grandes corporaciones -el autor de este texto ha de
confesar que tras escuchar el anuncio de Bankinter estuvo a punto de
abrazar a cualquier banquero que se le cruzara por la calle- se está
jugando con nuestras emociones en pleno confinamiento. Todos juntos insisten
hemos de remar en la misma dirección. ¿Por qué? ¿Acaso todos partimos
en las mismas condiciones de igualdad en esta crisis con un marcado
carácter de clase? (...)
La fuerza colectiva que dibujan, precisamente, los aplausos de las
20:00h nos abocan, por el contrario, a la construcción de nuevas
solidaridades en defensa de lo público. De ahí la reacción de la extrema
derecha y la derecha de toda la vida con un alto nivel de conciencia de
clase y militancia
La defensa de una historia social desde abajo y con los abajo nos
ilustra un posible escenario sobre el que transitar: resituar en la
agenda política la centralidad de las relaciones Capital-Trabajo en
busca de un nuevo contrato social que nos permita reelaborar un proyecto
de futuro. Capital-Trabajo pero también Vida. Incorporando una obligada
perspectiva feminista en el centro del debate con la vista puesta al
desarrollo de una política pública de cuidados en línea con lo expuesto
por economistas como Amaia Pérez Orozco. (...)
Mal haríamos, por lo demás, en olvidar que los "nuestros" están en el
Gobierno. No hemos conquistado el poder político -no se nos escapa este
detallito- pero nos sentamos en el Consejo de Ministros y tenemos el
BOE a nuestra mano. Nunca fue tan real "nuestra" capacidad de influir y
marcar la agenda política desde un Ejecutivo. Un "principio de realidad"
con el que debemos aprender a convivir en términos de contrahegemonía
de cara a seguir construyendo un bloque social alternativo
Revertir la actual "correlación de debilidades" -como dijera Vázquez Montalbán- depende de sumar en torno a un nosotros que ha de ser leído en términos de clase sin reparos ni nostalgias." (Sergio Gálvez Biesca, Público, 01/05/20)
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