4.6.20

La torpe y reveladora sentencia del Tribunal Constitucional alemán cuestionando la compra de deuda por el BCE, que coloca al derecho alemán por encima del derecho europeo, es algo potencialmente mas disolvente que el Brexit o que los desafíos jurídicos puntuales de Polonia o Hungría

"(...)  la Unión Europea no tiene nada que decir, ni nada que proponer. Técnicamente paralizada -a mediados de mayo la pandemia había reducido un 70% la capacidad de trabajo de las instituciones de Bruselas- el virus profundiza la crisis desintegradora de la UE. 

A las brechas ya conocidas (Norte/Sur, grupo de Vysegrad, Francia/Alemania, etc) se suma la creada entre países más o menos bien librados de la pandemia y los más afectados por ella. A las diferencias en materia de cierre de fronteras, de deudas, medidas anticrisis y de presupuesto europeo, se suma la torpe y reveladora sentencia del Tribunal Constitucional alemán del 5 de mayo cuestionando la compra de deuda por parte del BCE, lo que coloca al derecho alemán por encima del derecho europeo, algo potencialmente mas disolvente que el Brexit o que los desafíos jurídicos puntuales de países como Polonia o Hungría.

La receta mágica de los “500.000 millones” de Merkel y Macron es la última artimaña de una larga serie estrenada en 2010, cuando ninguno de los problemas de la eurocrisis se solucionó: no está nada claro si esa suma será realidad, ni cuando se empleará ni a quien beneficiará. Se habla de miles de millones para líneas aéreas o fabricantes de automóviles, por mencionar únicamente el nefasto capítulo movilidad, directamente relacionado con nuestros graves problemas planetarios. 

Una vez más, como es el caso de la tensión con China, la pandemia no ha creado procesos nuevos. Únicamente acelera los procesos de desintegración ya existentes y apuntala la irrelevancia de la UE en la esfera internacional.

Las condiciones y circunstancias de la “oportunidad”

Hay que ser consciente de que la oportunidad de cambio, de operar en otra lógica, no es automática. Ya se presentó tras la quiebra financiera de 2008. El BCE y la  reserva federal de Estados Unidos intervinieron entonces para salvar a empresas y bancos de las consecuencias de su especulación a costa de las clases medias y bajas. 

Aquellos dineros (Quantitative Easing) sirvieron para alimentar una nueva ola especulativa y enriquecer a los más ricos. ¿Cómo iba a ser diferente cuando el poder financiero domina a los gobiernos y no al revés? ¿Por qué iba a ser diferente ahora? (...)"                      (Rafael Poch, CTXT, 26/05/20)

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