"(...) la Unión Europea no tiene nada que decir, ni
nada que proponer. Técnicamente paralizada -a mediados de mayo la
pandemia había reducido un 70% la capacidad de trabajo de las
instituciones de Bruselas- el virus profundiza la crisis desintegradora
de la UE.
A las brechas ya conocidas (Norte/Sur, grupo de Vysegrad,
Francia/Alemania, etc) se suma la creada entre países más o menos bien
librados de la pandemia y los más afectados por ella. A las diferencias
en materia de cierre de fronteras, de deudas, medidas anticrisis y de
presupuesto europeo, se suma la torpe y reveladora sentencia del
Tribunal Constitucional alemán del 5 de mayo cuestionando la compra de
deuda por parte del BCE, lo que coloca al derecho alemán por encima del
derecho europeo, algo potencialmente mas disolvente que el Brexit o que
los desafíos jurídicos puntuales de países como Polonia o Hungría.
La receta mágica de los “500.000 millones” de Merkel y Macron es la
última artimaña de una larga serie estrenada en 2010, cuando ninguno de
los problemas de la eurocrisis se solucionó: no está nada claro si esa
suma será realidad, ni cuando se empleará ni a quien beneficiará. Se
habla de miles de millones para líneas aéreas o fabricantes de
automóviles, por mencionar únicamente el nefasto capítulo movilidad,
directamente relacionado con nuestros graves problemas planetarios.
Una
vez más, como es el caso de la tensión con China, la pandemia no ha
creado procesos nuevos. Únicamente acelera los procesos de
desintegración ya existentes y apuntala la irrelevancia de la UE en la
esfera internacional.
Las condiciones y circunstancias de la “oportunidad”
Hay que ser consciente de que la oportunidad de cambio, de operar en
otra lógica, no es automática. Ya se presentó tras la quiebra financiera
de 2008. El BCE y la reserva federal de Estados Unidos intervinieron
entonces para salvar a empresas y bancos de las consecuencias de su
especulación a costa de las clases medias y bajas.
Aquellos dineros (Quantitative Easing)
sirvieron para alimentar una nueva ola especulativa y enriquecer a los
más ricos. ¿Cómo iba a ser diferente cuando el poder financiero domina a
los gobiernos y no al revés? ¿Por qué iba a ser diferente ahora? (...)" (Rafael Poch, CTXT, 26/05/20)
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