"(...) En el mundo académico existe una muy amplia literatura sobre
multiplicadores fiscales. Pese a que no hay consenso sobre el abordaje
empírico ni teórico de la materia, en general, la mayoría de las
investigaciones indica que los multiplicadores fiscales son inferiores a
uno.
Sin embargo, buena parte de estos trabajos estudian el impacto del
gasto público agregado sobre el PIB, y no se centra en el efecto de los
distintos componentes de éste (consumo e inversión). Esto resulta
curioso, sobre todo si se tiene en cuenta que tanto el FMI (2014) como
la Comisión Europea (2014) sostuvieron que la inversión pública
constituye un pilar fundamental del crecimiento económico.
Uno de los
pocos trabajos que analizan el multiplicador fiscal de la inversión
pública es el de Deleidi, Iafrate y Levrero (2020); además, esta es
probablemente una de las investigaciones más recientes, pues está
publicado en marzo de este año. Deleidi, Iafrate y Levrero estudian si
la inversión pública genera efectos permanentes y persistentes sobre el
nivel de actividad económica en once países europeos durante el periodo
1970-2016. (...)
Deleidi, Iafrate y Levrero (2020), por su parte, utilizan el método de
proyecciones locales, que es más robusto a especificaciones erróneas y
se adapta fácilmente a relaciones altamente no lineales y flexibles
entre las variables, tal y como indican Dell’Erba et al. (2018). (...)
Los resultados de Deleidi, Iafrate y Levrero sugieren que el efecto de
la inversión pública sobre la renta es positivo y permanente, tanto en
el corto como en el largo plazo. Además, estos autores revelan que el
multiplicador fiscal es aproximadamente 1 el mismo año de la
implementación de la política fiscal, y de aproximadamente 2 cinco años
después.
Los resultados son robustos a diferentes especificaciones del
modelo y variables control (incluso a la consideración de pronósticos de
política fiscal por parte de los agentes). Adicionalmente, los autores
hallan que cuando excluyen de la muestra el periodo 2008-2016, el
multiplicador fiscal se reduce considerablemente, lo que revela que la
Gran Recesión ha contribuido a aumentar el impacto del multiplicador de
la inversion pública.
Finalmente, cuando dividen la muestra de países en
dos grupos (Portugal, Irlanda, Italia y España, por un lado; y, por el
otro, Alemania, Holanda, Francia, Austria, Bélgica, Finlandia y
Luxemburgo), observan que el multiplicador fiscal del primer grupo es
muy superior al del segundo. Esto se explica por la menor propensión a
consumir del segundo bloque de países, dada su renta per cápita más
elevada.
Atendiendo a estos datos, el corolario
es claro: si se sustenta la estrategia de política económica en una
expansión de la inversión pública –con la privada en situación anémica o
expectante–, los recursos se deberán obtener, de forma inmediata, a
partir de peticiones de crédito y/o transferencias directas de capital,
en forma de deuda perpetua. Y todo esto debe estar condicionado, en esta
etapa de gran necesidad inversora, a una mayor flexibilidad por parte
del BCE en sus requerimientos y exigencias.
El retorno de la deuda
debería ser uno de los grandes debates en la UE, para favorecer una
recuperación más simétrica. Pero la vinculación de esto con los
multiplicadores fiscales es directa, y es algo que no se puede eludir
por más tiempo: si éstos superan la unidad, la ratio deuda/PIB tiende a
bajar, porque el gasto público genera un nivel de PIB que es superior al
de la deuda.
Si se quiere “sostener” la deuda, es decir, de alguna
forma hacerla viable –con planes de re-estructuración–, no se pueden
descuidar los efectos de los multiplicadores fiscales. Los casos abundan
en la dirección contraria: la España de Rajoy o la Argentina de Macri,
son exponentes de políticas de austeridad «expansiva» en toda regla, que
no han supuesto una contracción importante de la ratio deuda/PIB, sino
todo lo contrario.
Sin embargo, estos
resultados no ahuyentan las propuestas de austeridad espansiva, como se
puede observar en las aportaciones más recientes de Alesina et al.
(2015, 2017) y de sus numerosísimos e incondicionales seguidores. Esta
tendencia en el pensamiento económico va a persistir en sus tesis, a
pesar de que los resultados van en su contra. Y eso por un motivo
central: los incrementos de la inversión pública son capaces de elevar
el nivel de PIB en una cantidad superior a la inicialmente invertida,
generando así un efecto dinámico sobre la renta. El trabajo de Deleidi,
Iafrate y Levrero no hace más que confirmar las hipótesis que los
informes de la Comisión Europea y del FMI de 2014 pusieron sobre la
mesa.
No cabe duda de que estos otros resultados también apoyan medidas de
inversión pública para afrontar la situación económica actual. La crisis
del COVID-19 ha puesto de manifiesto tanto la debilidad de nuestra
economía y sistema de protección social, como la necesidad de superarla
mediante la acción colectiva planificada, solidaria y en cooperación con
el resto del mundo. La inversión pública debe jugar un rol fundamental
en este escenario.
Por el contrario, las medidas de consolidación fiscal
exacerbarán la estagnación económica y serán más contradictorias en los
países del sur, algunos de los cuales, como España e Italia, están
entre los más afectados por la pandemia.
La situación actual requiere
que, como economistas, estemos a la altura, que seamos rigurosos, serios
y pragmáticos. Tenemos una cita con la historia, una oportunidad única
para apartar dogmas, para poner a la ciencia, a la coherencia y, sobre
todo, a la decencia por encima de todas las cosas. No fallemos en este
momento tan crucial." ( , Economistas frente a la crisis, 11/05/2020)
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