14.7.20

La epidemia de coronavirus en Estados Unidos está fuera de control. El Partido Republicano lejos de preocuparse, ha puesto tumbonas, servido mojitos y están todos mirando el apocalipsis en primera fila. Es difícil de entender. Trump oscila entre quejarse de Fox News porque le tratan mal, seguir obsesionado sobre estatuas, y retuitear teorías de la conspiración sobre la pandemia. ¿Quiere decir esto que Trump tiene las elecciones perdidas? No, Trump corre el peligro de ser irrelevante: alguien a quien nadie hace caso

"La epidemia de coronavirus en Estados Unidos está fuera de control. En cuatro estados (Arizona, Texas, Florida y California) el número de nuevos casos diarios se cuentan por miles y no dejan de crecer. (...) 

Ante la posibilidad de una catástrofe económica, una segunda oleada de la epidemia aún más letal que la primera con decenas de miles de muertes, con disturbios en las calles, la presidencia de Donald Trump parece enfrentarse a un reto casi imposible, a menos de cuatro meses de las elecciones. Los sondeos para él y su partido oscilan entre lo horrible y lo catastrófico, con los demócratas competitivos incluso en sitios como Texas

Con este panorama, uno se esperaría que el partido republicano estaría o bien en un estado de pánico, o bien en modo hiperactivo en pleno postureo heroico de hombres de acción enfrentándose al problema, en plan hombres de estado en medio de la tormenta pidiendo unidad nacional y templanza ante el virus, o una combinación más o menos coherente de todas estas posturas. 

Lo que están haciendo es… bueno, es difícil saber qué están haciendo, la verdad. Quizás la palabra más adecuada es catatonia.

Tenemos por un lado al presidente Donald J. Trump. Sus declaraciones estos días oscilan entre quejarse de Fox News porque le tratan mal, seguir obsesionado sobre estatuas y monumentos, y retuitear teorías de la conspiración sobre la pandemia. Trump no está diciendo nada sobre economía, aparte de que todo va muy bien y que la creación de empleo es espectacular, e insiste en decir que el coronavirus no es un problema, o que está casi arreglado, o que la culpa de que lo sea es de China, la OMS, los gobernadores que le caen mal o los medios de comunicación. Si alguien esperaba liderazgo desde la Casa Blanca, estos días ha sido difícil encontrarlo.(...)

 En los estados, los gobernadores de algunos de los estados con los peores brotes de COVID han decidido que lo mejor es no hacer nada. Ron DeSantis, gobernador de Florida, ha decidido permitir que Disneyworld reabra esta semana a pesar de tener más de 10.000 infecciones nuevas diarias, porcentajes de positivos altísimos, UCIs llenas y un número creciente de fallecimientos. Florida ha renunciado a imponer confinamientos o el uso de máscaras, dejando que las autoridades locales tomen la iniciativa. Los restaurantes siguen abiertos en casi todo el estado; la única medida que ha impuesto es prohibir que los bares vendan bebidas alcohólicas. (...)

En resumen: el GOP (Grand Old Party) parece haber visto que un meteorito va camino de impactar directamente sobre el partido y potencialmente extinguir cualquier rastro de vida humana en él este noviembre, y lejos de preocuparse, han puesto tumbonas, servido mojitos y están todos mirando el apocalipsis en primera fila. Es difícil de entender. 

 Hay dos teorías no del todo contradictorias sobre por qué esto está sucediendo. Tim Allen, en un buen artículo en Rolling Stone, explica como muchos estrategas del GOP han llegado a la conclusión de que las bases del partido han perdido totalmente la cabeza y que cualquier intento de llevar la contraria a Trump es un suicidio político. Sí, el presidente es horrendamente impopular, pero ningún político republicano puede aspirar a ganar nada si el 35-40% de votantes trumpistas convencidos no le apoyan. (...)

La otra explicación era algo que discutían el otro día Ezra Klein y Matt Yglesias hablando sobre la pandemia. Su impresión es que el GOP está dividido en dos mitades. Por un lado tenemos a los trumpistas, que están tan convencidos como su jefe que el COVID es una trola, el país va viento en popa y que lo que preocupa de verdad a la gente es el racismo anti-blanco, la inmigración ilegal, la preservación de estatuas confederadas y mantener a las hordas del socialismo fuera del poder. 

A estos lo que digan los sondeos les importa poco; viven en su cámara de resonancia de Fox News, creen que pueden conseguir que el país tema a Joe Biden y están convencidos que Trump está haciéndolo de putísima madre. De chiflados los hay en todas partes, pero el GOP está especialmente lleno de ellos estos días. 

La otra mitad del partido son los realistas. Son gente que estarán más o menos a favor de las políticas de Trump y que serán más o menos conservadores, pero que siempre han visto al presidente con cierto escepticismo/desdén y creen que los sondeos no mienten. Para muchos de estos republicanos, la catástrofe sanitaria en ciernes, el desastre económico, la vergonzosa conducta de Trump, y la cada vez más inevitable derrota electoral son vistos como una penitencia, un castigo. 

El GOP toleró primero y aclamó después a un cretino narcisista e incompetente como líder del partido. Simplemente, no quieren ya luchar por Trump - y no temen a Joe Biden como temían a Sanders o detestaban a Hillary. De forma consciente o inconsciente, están resignados al desastre. No tienen ganas de luchar más.

¿Quiere decir esto que Trump tiene las elecciones perdidas? No, por supuesto; Dios nos libre de decir que alguien no puede ganar jamás en absoluto. Aun así, Trump ahora mismo corre el peligro de algo peor de ser rechazado, temido u odiado, sino simplemente irrelevante: alguien a quien nadie le hace caso, nadie le toma en serio, y que diga lo que diga o haga lo que haga, no es visto como alguien creíble.(...)"                       (Roger Senserrich , blog Four freedom)

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