"En agosto de 2019, el comisario jubilado José Manuel Villarejo,
encarcelado desde noviembre de 2017 como presunto cabecilla de una
mafia policial, envió un comunicado de prensa. No era el primero. Casi
desde su ingreso en prisión había remitido textos en los que defendía su
inocencia y cargaba contra los que consideraba responsables de su
situación judicial.
Sin embargo, en aquel comunicado había una novedad: lanzaba veladas amenazas a la Monarquía.
“¿Está valiendo la pena el daño gravísimo que se está infringiendo
[sic] a la Corona, erosionando irreversiblemente la figura de un monarca
a quien tanto debemos los españoles?”, decía para después hablar de la
entonces casi desconocida investigación de la Fiscalía de Suiza sobre
las cuentas de Juan Carlos I.
El caso Carol —así
bautizó el policía el informe que hizo sobre sus contactos en junio de
2015 en Londres con la amiga del rey emérito— es, en realidad, un
tentáculo del caso Villarejo. Aunque no uno más. Es al que el
policía se ha agarrado reiteradamente para conseguir impunidad. Sin
éxito. Arranca de aquel encuentro en la capital británica con la amiga
del rey emérito al que acude para conseguir información contra el
general Félix Sanz Roldán, entonces director del CNI y convertido en su
bestia negra desde que en octubre del año anterior se hubiera destapado
el caso del Pequeño Nicolás, en la que el comisario estaba implicado.
Como
tenía costumbre, Villarejo grabó la conversación en la que Corinna
Larsen dio detalles sobre supuestas actividades ilícitas de Juan Carlos
I. En aquella conversación, el comisario afirmó: “No quiero hacer daño a
la Corona de mi país, pero lo que está claro es que hay que poner un
poco de orden con tanta estupidez”. El policía guardó aquel audio en el
archivo 150416_16R. Su difusión, en el verano de 2018, fue el detonante
del escándalo que llevó el lunes al rey emérito a abandonar España.
Villarejo
consideró aquella grabación algo parecido a un salvoconducto, según se
desprende de algunos audios que se le intervinieron. Así, en febrero de
2017 —nueve meses antes de su arresto— Villarejo ya intuía que era
investigado y se mostraba convencido de que en cualquier momento un juez
iba a ordenar el registro de su vivienda. En la conversación con un
periodista que el policía grabó se muestra desafiante: “Le diré al
secretario [judicial]: tome nota, que se llevan esto, una declaración
jurada de una señora que se llama Corinna no sé qué dice esto, aquí
está”. En ese mismo audio el comisario se jactaba de copias: “No se
preocupe porque la rompa porque tengo muchas copias (...) ¡Pero tonto,
si tengo siete copias obviamente! Tengo siete copias y tres de ellas, en
el extranjero”.
Tres meses después, aún en libertad,
Villarejo amagó por primera vez con utilizar su contenido ante la
justicia. Fue en la denuncia que presentó en mayo de 2017 en la
Audiencia Nacional contra Sanz Roldán. En aquella denuncia —que finalmente no fue admitida a trámite— Villarejo acusaba al militar de haber “fabricado” pruebas falsas para implicarle, entre otros, en el caso del Pequeño Nicolás.
Aseguraba tener 23 dosieres sobre otras tantas actuaciones
presuntamente irregulares del CNI. Entre esos dosieres, uno llamado Amenazas de muerte a C., persona muy próxima a alta personalidad del E., en clara referencia a su conversación con Corinna.
La
detención en noviembre de 2017 de Villarejo permitió a la policía
localizar en un disco duro intervenido a su socio, el abogado Rafael
Redondo, una carpeta con diferentes archivos referidos a Corinna Larsen,
entre ellos el audio grabado por el comisario durante su encuentro en
Londres con la amiga del rey. Esta grabación fue divulgada parcialmente
el 11 de julio de 2018 por OKdiario y El Español, en lo
que se interpretó entonces como una supuesta estrategia de presión del
comisario jubilado para ser excarcelado. Dos días después, Villarejo
remitía al entonces juez instructor, Diego de Egea, un escrito en el que
se desmarcaba de la difusión del audio, pero también deslizaba que
parte de la documentación que le habían intervenido “podría afectar a
altas instituciones del Estado”.
Poco más tarde, y tras recibir un informe de la policía sobre el audio, el juez De Egea abrió en el caso Villarejo, una pieza separada para investigar la grabación, aunque terminó archivándola de manera provisional en septiembre de 2018.
Así estuvo hasta que el pasado 27 de julio, el ahora instructor de la
causa, el juez Manuel García Castellón, ordenaba reabrirla. En su auto,
el magistrado destacaba que la policía le había enviado un oficio el 31
de enero con dos nuevos audios del comisario. El juez señalaba que la
nueva investigación tenía como objetivo esclarecer “la posible
existencia de un encargo” de Larsen a Villarejo para que el comisario
obtuviera datos sobre la asistente española de ella, de la que
sospechaba que estaba facilitando y filtrando información a terceros.
Villarejo y Larsen tendrán que declarar como imputados por ello los próximos 7 y 8 de septiembre.
La estrategia del comisario es ahora diferente. En su último
comunicado, de la pasada semana tras reabrirse la pieza Carol, tildaba
de “calvario” la situación del rey emérito y amenazaba con destapar un centenar de nuevos escándalos, sin concretar." (Óscar López-Fonseca, El País, 05/08/20)
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