17.9.20

Primero dio risa y luego bastante pena; en el tercer estadio nos encontramos: lo que ahora provoca Ayuso es mucho miedo, un pánico completamente racional porque nadie sabe a ciencia cierta si saldremos de esta o cómo lo haremos

 Madrid, la región con más contagios de toda Europa, sigue sin trazar un plan para atajar la crisis sanitaria 

 "La gestión del Gobierno de Ayuso deriva en un caos con los hospitales en plena alerta y la Atención Primaria colapsada

"(...) Las sensaciones que la presidenta ha ido transmitiendo a la ciudadanía no dejaban espacio a la duda. Primero dio risa y luego bastante pena; en el tercer estadio nos encontramos: lo que ahora provoca Ayuso es mucho miedo, un pánico completamente racional porque nadie sabe a ciencia cierta si saldremos de esta o cómo lo haremos.

El último episodio, el anuncio de restricciones para contener la curva de contagios, revela hasta qué punto el avión va sin piloto, con lo que la certeza de que tomaremos tierra, o mejor dicho, nos hincharemos de ella, es absoluta. No se había visto cosa semejante en la historia reciente: el viceconsejero de Sanidad, un galáctico del covid-19 del que luego se hablará, anuncia por su cuenta y riesgo confinamientos selectivos de barrios de la capital.

 Dice haber comunicado esta decisión a Ayuso por whatsapp, lo que es muy ilustrativo de la manera en la que se toman en Madrid las grandes decisiones. Nada sabe de ello la nueva directora general de Salud Pública o, al menos, nada dice al respeacto; tampoco tiene conocimiento alguno el vicepresidente Ignacio Aguado, que cancela su comparecencia prevista tras el Consejo de Gobierno en el que el asunto no se había tratado para –y es un suponer- montar la de Dios es Cristo. Ayuso también calla, ya fuera por el ridículo manifiesto o porque tampoco conoce el plan, lo que no sería descartable conociendo el paño presidencial.

Salvo el consejero de Justicia, que explica que confinar no es un término adecuado, nadie sabe nada, aunque según parece está previsto volver a reabrir el hospital de campaña del Ifema ante el colapso de la atención primaria y la saturación de las UCI. Trasciende, también, que aprisa y corriendo ya que, en los meses previos no ha debido de dar tiempo a prever la eventualidad, los servicios jurídicos estudian si se puede restringir la movilidad de los ciudadanos y si ello requiere el aval de los tribunales. En resumen, el sindiós absoluto.

De no ser por los muertos, que se multiplican de un día para otro, explicar cómo se ha llegado a este punto sería casi el argumento de una comedia. Primero fue que el Gobierno castigaba a Madrid con el estado de alarma y le imponía restricciones absurdas por ensañamiento contra la presidenta piloto; luego, ya sin estado de alarma, la culpa de que en Madrid hubiera contagios era de que el Gobierno permitía que Barajas fuera un coladero. 

Los contagios no subían porque la Comunidad hubiera sido la última en imponer el uso obligatorio de la mascarilla, ni porque se tomara a pitorreo implementar la aplicación para detectarlos, ni porque no se hubieran contratado los rastreadores necesarios y se hubiera externalizado el servicio, ni siquiera por desatender la atención primaria y dejarla en cuadro. De los contagios tenía la culpa el Gobierno y el particular modo de vida pizpireta de los inmigrantes, que si están Madrid también es por culpa del Gobierno. (...)

Ayuso es el mayor peligro público al que se ha enfrentado Madrid en los últimos tiempos. Removerla del cargo tendría que ser un imperativo de las distintas fuerzas políticas, incluido su socio de coalición y hasta para su propio partido. Independientemente de esta vía, intransitable por el momento, el Gobierno debe poner el cascabel a este gato descontrolado y adoptar las decisiones que sean precisas para recuperar las competencias sanitarias sobre el territorio antes de que sea demasiado tarde. Es una cuestión de vida o muerte, dicho sea sin exagerar."                   (Juan Carlos Escudier, Público, 17/09/20)

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