5.11.20

Cuando estaba al borde de la muerte, me enfrenté a la lógica de la tribu. Intentaba que me admitiesen en urgencias por cuarta vez en el mes... Una amiga médica se reunió conmigo... mi sensibilidad estadounidense captó dónde estaba el problema: mi amiga era negra. Las enfermeras del vestíbulo pasaron charlando: “¿Quién ha dicho que era?” “Una doctora”, y se echaron a reír...

 "(...) En 2019, cuando estaba al borde de la muerte, me enfrenté a la lógica de la tribu y apenas pude pensar en otra cosa. A consecuencia de los errores médicos cometidos en diciembre, tenía una infección de hígado y había caído en una sepsis. Mientras intentaba que me admitiesen en urgencias por cuarta vez en el mes, las bacterias iban colonizando mi sangre.

 Una amiga médica se reunió conmigo en el vestíbulo. Las enfermeras del hospital no parecían tomarse el caso en serio. Yo tenía fiebre, dolor de cabeza, temblaba, había entrado en silla de ruedas, y casi no podía moverme. Al límite de la vida, esperando que pasase algo, no era capaz de pensar con claridad, pero mi sensibilidad estadounidense captó dónde estaba el problema: mi amiga era negra.

En aquel momento me encontraba (excepcionalmente) en un aprieto al que los negros se enfrentan toda su vida. Al cabo de casi una hora me admitieron en una sala de urgencias donde, de nuevo, no volvió a suceder prácticamente nada durante un buen rato. Mi amiga se quedó conmigo toda la noche (pasaron 17 horas antes de que me diagnosticasen), arrebujada en su chaqueta de lana. Me temía que si las enfermeras y los médicos no veían la chapa de hospital que llevaba colgando del cuello, nadie la escucharía. Las enfermeras del vestíbulo pasaron charlando: “¿Quién ha dicho que era?” “Una doctora”, y se echaron a reír.

Cuatro años atrás había estado en el mismo hospital estadounidense con una estrella del rock ucrania amiga mía que parecía que tenía problemas de corazón. Mi amigo me dijo entonces que, si en alguna ocasión enfermaba en Ucrania, le llamase. Yo sabía a qué se refería. Ucrania es un país de una desigualdad extrema con relaciones oligárquicas patrón-cliente. Él se aseguraría de que me atendiesen.

El pasado diciembre, después de una operación y de que me ingresasen en planta, algunos de mis compañeros estadounidenses nos regañaron a mí y a mi esposa. Decían que deberíamos haber llamado a conocidos poderosos para estar seguros de que en el hospital me tratarían bien. A pesar de que en 2018 escribí un libro titulado El camino hacia la no libertad, que trata de cómo Estados Unidos se está convirtiendo cada vez más en una oligarquía como las de Europa del Este, su actitud me sorprendió un poco.

Cuando estaba cara a cara con la muerte, la raza se deslizó instantáneamente en mis pensamientos y preocupaciones; la clase necesitaría un empujoncito un par de días después. En la sanidad pública estadounidense, de la misma manera que en la vida pública, el racismo es lo que hace posible la desigualdad económica. Como sostenía el gran sociólogo W. E. Burghardt Du Bois en Black Reconstruction [La Reconstrucción negra] (1935), el tribalismo fundamentado en el color de la piel y el recuerdo de la esclavitud permite que los blancos pobres estén dispuestos a sacrificarse por los blancos ricos.

 La consiguiente política del dolor es visible en la atención médica y en los servicios públicos, o más bien en la falta de estos. Donald Trump no creó estas condiciones, pero necesita de ellas, y durante la pandemia las ha empeorado considerablemente. (...)

Llevo tres meses sin tratamiento y me encuentro mejor, pero el momento, por breve que fuese, en que estuve expuesto a la política del dolor me ha marcado. Soy muy privilegiado, y aun así estuve a punto de morir de desigualdad. Pero mi amiga estuvo a mi lado, me puse mejor, y ahora veo algunas cosas de manera diferente. Recuperarse no significa volver atrás, sino seguir avanzando hacia algo mejor."                    (Timothy Snyder , El País, 03/11/20)

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