"(...) El fenómeno de Vox no ha sido valorado en su especificidad histórica. Los insoportables debates sobre el fascismo, los viejos y nuevos; los populismos en sus diferentes versiones y la calificación abusiva del término democracia, nos lleva directamente a no entender fenómenos históricos precisos, diferenciados y singulares.
Vox no es un atavismo del pasado ni populismo de derechas y, mucho menos, una fuerza fascista. Es el producto de una coyuntura precisa y en condiciones político culturales definidas. En primer lugar, es la consecuencia de un cambio fallido, frustrado. El 15M fue una rebelión democrática de amplio espectro social y generacional que pretendía una regeneración del sistema político, una democratización de la economía y derechos sociales para todas y todos.
Lo que vino después es conocido: el surgimiento de Podemos, la fortísima reacción de los poderes fácticos y el agotamiento del impulso del cambio. Cuando esto ocurre, la situación ya no es la misma. Todo el sistema político gira más a la derecha y los poderes se refuerzan. Antonio Gramsci hablaba de aquel tipo de crisis donde lo viejo muere y lo nuevo no acaba de nacer, apareciendo lo que él llamaba los aspectos morbosos. Vox es centralmente esto: degradación, degeneración, autoritarismo.
La crisis del Estado, en segundo lugar, ha sido el catalizador del surgimiento y desarrollo de Vox. Cuando “cuestión social” y “cuestión nacional” se entrecruzaron, se bloqueó la posibilidad del cambio político y se propició la aparición un nacionalismo español de masas. Estas cosas suelen ocurrir. Llevar a un Estado social y democrático a una crisis existencial genera consecuencias en la sociedad, en los aparatos e instituciones estatales y en los alineamientos políticos fundamentales. Más de 40 años después de nuestra Constitución se hace visible una fuerza nacionalista, neoliberal, monárquica y nacional-católica.
Lo hace sin complejos, defendiendo la legitimidad histórica del franquismo y negándosela a la izquierda en cualquiera de sus versiones. Los que esperaban que fuese un fenómeno temporal y marginal se equivocaron. Vox cumple el papel asignado por Cas Mudde a otras extremas derechas de la Unión Europea, a saber, radicalizar a las derechas mayoritarias y reorganizar la agenda pública en clave autoritaria.
Hemos pasado, insisto en ello desde hace tiempo, de una “crisis de Régimen” a una “crisis en el Régimen”. ¿Cuál es el dato fundamental? La automatización de los aparatos e instituciones del Estado. La crisis deja el espacio público y retorna al Palacio. Las líneas de mando se deshacen y las jerarquías se hacen más inciertas. La” Patria en peligro” moviliza muchas voluntades, sobre todo, en las Fuerzas Armadas y de seguridad. Desde que surgió Vox los neo franquistas no disimulan, defiende con audacia sus posiciones y dejan atrás viejos eufemismos. Lo fundamental es organizarse y movilizarse contra un gobierno social-comunista que es el instrumento, sobre todo, de la desintegración de España. (...)
La pregunta hay que hacerla: ¿cómo es posible tanta y tan radical oposición para un programa de Gobierno tan moderado? Lo de social-comunista, todos lo saben, es más una descalificación que una definición de una propuesta que solo con anteojeras muy marcadas cabe denominar socialdemócrata. ¿Por qué? Siempre nos olvidamos de los poderes, de los que mandan y no se presentan a las elecciones.
La Trama siempre está ahí; acostumbra a pensar a largo plazo y con una visión estratégica. ¿Cuál es su problema? El de siempre: el Estado y su control. La crisis es tan profunda, tan radical que los grandes negocios de la burguesía patrimonialista van a tener que ser rescatados por segunda vez en diez años. No pueden vivir sin el apoyo constante de las instituciones públicas; necesitan de una clase gobernante fiel y claramente alineada con sus intereses.
En un mundo dominado por los grandes fondos de inversión, con un sistema financiero en quiebra, con unas estructuras productivas en reconversión acelerada necesitan del apoyo del gasto público, ponerlo a su disposición y servicio. Y algo más grave: pronto vendrá la reacción de los mercados y los dictados de la Unión Europea exigiendo consolidación fiscal. ¿Quién disciplinará a una población que ha oído mil veces que los tiempos de la austeridad terminaron?
Para los poderes dominantes, el Gobierno de coalición PSOE-UP es un problema tanto por lo que hace como por lo que no hace y debería hacer. Pretender reforzar el débil Estado social en medio de una crisis como esta, les parece un error de grandes dimensiones, sobre todo si se le acompaña de una mayor protección social y el reconocimiento de nuevos derechos.
Hay cuatro cuestiones decisivas que determinarán el futuro del Gobierno y de sus relaciones con los poderes económicos: el modelo productivo y el uso de los fondos europeos; el modelo sanitario, la reforma laboral y la permanente cuestión de las pensiones.
La ministra Calviño anda negociando estos temas y siempre hay que esperarse lo peor. Pablo Iglesias sigue recomponiendo su proyecto desde la acción del Gobierno, algo inusual. Con cada enfrentamiento o controversia en el Gobierno intenta marcar dirección y definir perfil. Continuación del conflicto por otros medios. Pedro Sánchez, por ahora, sigue avalando el Gobierno de coalición. Los poderes saben que es presionable y lo harán a fondo. Las directrices vendrán, una vez más, de Bruselas.
Se vuelve a hablar de
ruidos de sables y de golpes de Estado. En momentos en que la
inseguridad, la incertidumbre y el miedo se adueñan de un país confinado
-insisto, confinado- noticias como estas generan confusión, temor y
añaden miedo al miedo. (...)" (Manolo Monereo, Cuarto Poder, 10/12/20)
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