4.1.21

El año en el que EEUU le abrió las puertas al socialismo... 2020 ha sido el año de la muerte del ‘reaganismo’

"(...) Sea cual fuere la causa, el domingo Trump firmó por fin una ley de alivio económico que prolongará las ayudas unos cuantos meses. Los trabajadores en paro no fueron los únicos en suspirar aliviados. El mercado de futuros —que no es una medida del éxito económico, pero aun así— subió. Goldman Sachs modificó al alza sus previsiones de crecimiento económico para 2021. 

De modo que este año se cierra con una segunda demostración de la lección que deberíamos haber aprendido en primavera: en época de crisis, la ayuda del Gobierno a la gente en apuros es buena, no solo para quienes la reciben, sino para el país en su conjunto. 

O por decirlo de manera un poco diferente, 2020 ha sido el año de la muerte del reaganismo.

Lo que yo entiendo por reaganismo va más allá de la economía vudú, o la afirmación según la cual las reducciones de impuestos tienen poderes mágicos y pueden resolver todos los problemas. Nadie cree en ello aparte de un puñado de charlatanes y chiflados, además de todo el Partido Republicano. 

No, a lo que yo me refiero es a algo de mayor alcance, a saber, la creencia de que ayudar a los necesitados siempre resulta contraproducente, y de que la única manera de mejorar la vida de la gente corriente es hacer más ricos a los ricos y esperar que los beneficios goteen hacia abajo. Esta creencia quedó condensada en la famosa sentencia de Ronald Reagan según la cual las palabras más aterradoras en inglés son “soy del Gobierno y estoy aquí para ayudar”.

Pues bien, en 2020 el Gobierno estuvo ahí para ayudar, y eso fue lo que hizo. Es verdad que ha habido quien ha defendido la política del goteo, incluso frente a la pandemia. Trump presionó para que se rebajase el impuesto sobre la nómina, lo cual no tiene utilidad para ayudar directamente a los desempleados, aunque intente (sin éxito) reducir la recaudación fiscal vía acción ejecutiva. Ah, y las nuevas medidas de recuperación incluyen una rebaja de impuestos multimillonaria a las comidas de negocios, como si los almuerzos regados con Martini fuesen la respuesta a la depresión económica creada por la pandemia.

La animadversión reaganiana a ayudar a las personas necesitadas también ha persistido. Ha habido políticos y economistas que han seguido insistiendo, contra toda evidencia, en que la ayuda a los parados genera desempleo. Pero, en general —y, en cierto modo, sorprendentemente—, la política económica estadounidense respondió bastante bien a las necesidades reales de un país obligado a confinarse. La ayuda a los desempleados y la condonación de las deudas de las empresas si el préstamo se utilizaba para seguir pagando las nóminas, limitaron el sufrimiento. Los cheques directos no han sido la mejor medida de todos los tiempos, pero sirvieron para animar a las personas.

Toda esta intervención del Gobierno a gran escala funcionó. A pesar de un confinamiento que eliminó temporalmente 22 millones de empleos, el hecho es que la pobreza se redujo mientras duró la ayuda.

Y no ha tenido un lado negativo visible. No ha habido indicios de que ayudar a los desempleados disuadiese a los trabajadores de aceptar un empleo. El crecimiento del empleo desde abril hasta julio, cuando nueve millones de estadounidenses volvieron a trabajar, sucedió mientras el aumento de las ayudas seguía en vigor. El enorme endeudamiento público tampoco tuvo las consecuencias nefastas que los cascarrabias del déficit siempre predicen. Los tipos de interés siguieron bajos, mientras que la inflación permanecía estática.

Así que el Gobierno estuvo ahí para ayudar y, efectivamente, lo hizo. El único problema es que suprimió la ayuda demasiado pronto. Las medidas extraordinarias deberían haber continuado mientras el coronavirus siguiese descontrolado, como reconoce de manera implícita la disposición de ambos partidos a aplicar un segundo paquete de rescate, y el hecho de que Trump consintiese a regañadientes en firmar la ley. (...)

La oposición a las ayudas a los desempleados y a los pobres nunca se ha basado en pruebas. Siempre ha tenido su origen en una mezcla de elitismo y hostilidad racial. Por eso seguiremos oyendo hablar del poder milagroso de las rebajas de impuestos y los males del Estado del bienestar. Pero, si bien el reaganismo seguirá existiendo, ahora, más que nunca, será un reaganismo zombi, una doctrina que debería haber muerto en su choque con la realidad, aunque vaya arrastrando los pies y comiendo el cerebro a los políticos. 

 La lección de 2020 es que, en una crisis, e incluso en épocas de más calma, el Gobierno puede hacer mucho para mejorar la vida de la gente. Lo que más deberíamos temer es un Gobierno que se niegue a hacer su trabajo."              (Paul Krugman, El País, 02/01/21)

  "(...)  Una encuesta del Pew Research Center de 2019 dio como resultado que la mitad de los adultos jóvenes menores de 30 años expresaron opiniones positivas sobre el socialismo, casi tanto como el 52 % que se decantaba a favor del capitalismo. (...)"                (Panam post, Carlos flores, 31/12/20)

" En los últimos tiempos, el término «socialismo» ha ganado una inédita popularidad en Estados Unidos, especialmente entre los jóvenes. 

Más allá de los múltiples sentidos de este significante, a menudo asociado a un Estado de Bienestar de tipo europeo, lo cierto es que la izquierda estadounidense muestra una renovada vitalidad y nuevas figuras vienen transformando el paisaje político, el Congreso y los medios de comunicación. Con un pie adentro y otro afuera del Partido Demócrata, una variedad de corrientes están construyendo una izquierda renovada y cercana a la «gente común».

 En su discurso anual sobre el Estado de la Unión de 2019, el presidente Donald Trump hizo del «socialismo» un enemigo principal en el extranjero, cuando describió una Venezuela donde «las políticas socialistas llevaron a la nación más rica de Sudamérica a un estado abyecto de pobreza y desesperación». 

Pero también apuntó contra el socialismo en casa al señalar: «Aquí, en Estados Unidos, nos alarman los recientes llamados a adoptar el socialismo. eeuu se fundó sobre la base de la libertad y la independencia, no sobre la coerción, la dominación y el control del gobierno. Nacimos libres y nos mantendremos libres». Fox News, el canal de noticias de derecha profundamente alineado con la Casa Blanca, también ha hecho de los ataques al socialismo un eje de su programación1.  (...)

Lo novedoso de los últimos años en la política estadounidense no es que la derecha haya venido atacando al socialismo, sino que la mayor parte de la izquierda no se haya sentido amedrentada por esos ataques. Bernie Sanders se postuló abiertamente como socialista democrático en las primarias del Partido Demócrata de 2015-2016 y mostró que la identidad socialista podía ser estimulante en lugar de alienante. 

También lo hizo Alexandria Ocasio-Cortez, quien desde su inesperada victoria en las primarias en su distrito de Nueva York y su posterior elección para la Cámara de Representantes se convirtió en una de las legisladoras más destacadas del país. Tanto Ocasio-Cortez como Rashida Tlaib, de Detroit, también nueva en la Cámara de Representantes, pertenecen a los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (dsa, por sus siglas en inglés), quienes multiplicaron por diez su número de integrantes en los últimos años.

La opinión pública también ha cambiado. Entre los miembros del Partido Demócrata, existe una opinión más positiva sobre el socialismo que sobre el capitalismo. Lo mismo ocurre con los estadounidenses de entre 18 y 29 años: en 2018, 51% tenía una visión positiva del socialismo, frente a 45%, que tenía una visión positiva del capitalismo4. Cuando Fox News publicó un gráfico en el que se enumeraban las propuestas de Ocasio-Cortez, entre ellas la atención médica universal financiada por el Estado, la joven diputada no tuvo problema en retuitearla y usarla como publicidad5.

Este cambio no es una ilusión. El espectro político estadounidense está cambiando, y el país está ahora más abierto a la izquierda y a sus ideas que en ningún otro momento de las últimas décadas. Sin embargo, la izquierda todavía enfrenta importantes obstáculos institucionales y estructurales. Su impacto en los próximos años dependerá de las estrategias que utilice para enfrentar esos desafíos y de las fuerzas que pueda congregar para superarlos. (...)"                          (Patrick Iber , Nueva Sociedad, NUSO Nº 281 / Mayo - Junio 2019)

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