21.1.21

¿Por qué las fábricas americanas están en China? Para hundir a la industria europea... "las fábricas a China, y mantenemos el establishment controlado y el “primer enemigo” que podría ser Europa Occidental (si hubiera llegado a tener buenas relaciones con los rusos), controlado"

 "(...) respecto a China, hay un aspecto claro en lo que se refiere al interés económico: hay una relación directa entre la fabricación china y Wall Street. Una fabricación más barata, que permite mayores beneficios, por tanto, las acciones suben y los dividendos se reparten. La mayor parte del dinero ahora está orientado ahora a que los activos vayan aumentando su precio. Así que fabricar en China era una opción que venía muy bien. (...)

El tercer elemento es un elemento de crisis estratégica, intelectual y de lectura de la realidad. Tiene que ver con la incapacidad para tomar en cuenta todas las señales que China emitía. Porque se recibían, lo que ocurre es que pensaban que las debilidades chinas se expondrían gracias a una época de crecimiento, porque las clases medias exigen más libertades, con lo que habrá una mayor demanda de democracia interna. 

“Es cierto que es un país proteccionista y que no deja entrar nuestras tecnológicas allí, pero acabará por ocurrir y tendremos un mercado de 1.400 millones de consumidores”, decían. Había todo tipo de excusas, y eso que el régimen chino daba todo tipo de señales de que estaba en fase de construcción imperial, pero se pensaba que su fragilidad se pondría de manifiesto y abortaría esta constitución en Imperio.  (...)

DMM – Quisiera reflexionar contigo sobre los motivos de tal ceguera. Para mí tal ceguera no es algo casual, es algo premeditado. Hay que tener presente que Estados Unidos ha tenido varias guerras comerciales, en ese momento estaba enfrascado en una guerra comercial con Europa Occidental, esto antecede a la ruptura del telón de acero por la caída del telón de bambú, a esto le sumamos la caída del presidente De Gaulle en mayo de 1968. 

Francia es el potencial hegemón de una Europa Occidental que, de hecho, De Gaulle busca un acuerdo con la RFA, que medio lo logra, pero el parlamento alemán responde a la presión norteamericana y lo rechaza. 

Ante esta situación, De Gaulle dice que, si Alemania no quiere, quizás quieran los rusos, entiéndase que los “rusos” son para De Gaulle “los soviéticos”. Y, los “rusos” se hallan en una situación en la que necesitan enchufar energía y minerales, como Arabia Saudita, Venezuela u hoy mismo, Estados Unidos. 

Esto además se junta con los síntomas de crisis en Estados Unidos, el ciclo de crecimiento y el contexto de la II Guerra Mundial y la Guerra Fría favorece la fortaleza y gran proyección de sombra en el poder por diferentes cauces del aparato industrial-militar y de seguridad.

 Es en ese momento cuando la New Left norteamericana propone una serie de transformaciones que se unen a una época de realismo y distensión en política exterior, pero también en política económica y demás que se manifiestan en lo que antes comentábamos: una mayor industrialización. 

 Entonces, como hegemonía norteamericana, hay que evitar el pacto del presidente De Gaulle Europa Occidental-COMECOM, porque refuerza a ambos, pero tampoco se pueden permitir dos cosas como establishment: ni que siga la industrialización de Europa Occidental en un contexto además de petróleo barato y con los árabes pensando en aceptar contratos de futuro en marco alemanes o francos franceses, por ejemplo, pero tampoco permitir una industrialización mayor en Estados Unidos que suponga el ascenso de la New Left y de nuevas élites que desplacen de la hegemonía y de la capacidad de proyectar sombra sobre el poder de la dupla aparato industrial-militar y seguridad.

 Esto, además provocaría una extensión del sindicalismo y de la vía izquierdista en la hegemonía estadounidense, y en elementos culturales. Así también se explican la oposición liderada por Henry Jackson con Vanik, contra los acuerdos comerciales entre Washington y Moscú, que harán descarrilar todo un trabajo liderado por Kissinger en la Administración Nixon. 

Además, por otro lado, los neoconservadores, en su vertiente de política exterior, se centran en tomar una dimensión que siempre quieren concretar en un Estado enemigo y, si en el momento de la Guerra contra el Terror, no lo hay, se construye en el relato del Eje del Mal y en la destrucción de Afganistán e Irak, en un primer ciclo, y luego de Siria y Libia, en otro ciclo dentro de un gran arco. Claro, China si es algo es precisamente Estado, y de verdad. Y además les viene fenomenal que se desarrolle militarmente porque así retoman la dialéctica de Guerra Fría y potencian el eje industrial-militar y de seguridad.

Todo ello se construye, tal y como mencionas en tu libro con muchísimo acierto, en la visión de James Burnham con “La revolución gerencial”, pero también a Berle y Means en The Modern Corporation and Private Property. Y quiero ligar esto con lo que tú también subrayas muy bien en tu libro, la capacidad que tienen las élites de aprehender ideas y transformarlas para que se ajusten a una visión estratégica concreta.

Así que la ceguera estadounidense y de las élites afines y cooptadas por Estados Unidos, las financieras, neoliberales, con una visión neoconservadora de la política exterior, esto es fenomenal, las fábricas a China, y nosotros mantenemos el establishment controlado y el “primer enemigo” que podría ser Europa Occidental, controlado.

EH – Sí, así es. Añado una precisión, de antemano. En muchas ocasiones, y cuando la Unión Soviética existía, se la observaba y en los análisis se pensaba que sus decisiones estaban fundamentadas en una construcción racional y meditada. Y luego vimos que no era así. Muchas de sus decisiones no eran racionales ni tampoco pragmáticas para la Unión Soviética, y de hecho el régimen cayó. Y esto exactamente es lo que ocurre en el entorno occidental. Los fracasos de estos años por parte de Estados Unidos provienen de una serie de malas decisiones y acciones, que se fundamentan en la mala calidad de la información de inteligencia tomada en consideración, mientras se ha descartado otra. (...)

 Creo que nuestras élites actuales están lo suficientemente coaguladas como para tener una relación mala con la realidad. Ellos prefieren no ver lo que ocurre, que todo se desenvuelva en el papel no como dicta la realidad, más bien en los términos y en las formas que a ellos les resultan comprensibles y apetecibles. Pensemos en los tiempos anteriores a la Primera Guerra Mundial. (...)"            (Daniel Martín Menjón, Ediciones Páralo, 24/10/20)

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