16.12.21

A pesar de que la alerta por tornado llegó a tiempo, en una fábrica de velas en Mayfield, Kentucky, y en un almacén de Amazon en Edwardsville, Illinois, se impidió a los trabajadores abandonar sus puestos, como los supervivientes han denunciado... pereciendo ocho y seis empleados en sus respectivos centros de trabajo, , cifra que aumentará considerablemente, ya que aún hay decenas de personas sepultadas entre los escombros... ¿cuánto hemos retrocedido en derechos laborales en nuestros países, teniendo en cuenta la notable diferencia entre Norteamérica y la UE en cuanto a legislación laboral? El año 2021 ha sido el de las cocinas fantasma en Madrid y los supermercados del mismo tipo en Barcelona... el progreso no sólo parece haberse detenido, sino que ha aparecido la involución

 "El pasado fin de semana una ola de tornados arrasó el centro de Estados Unidos, provocando cuantiosos daños materiales, miles de heridos y alrededor de un centenar de fallecidos en los seis estados afectados. A pesar de que este fenómeno es habitual al converger en esta zona el aire caliente del oeste desértico con las corrientes húmedas del Golfo de México, el evento, que afectó a un corredor de más de 400 kilómetros de largo, ha sido especialmente virulento. La Casa Blanca declaró el sábado el estado de emergencia federal para intentar paliar la catástrofe.

Dos casos han irrumpido en la emergencia con especial relevancia, ya que afectaron a una fábrica de velas en Mayfield, Kentucky, y a un almacén de Amazon en Edwardsville, Illinois, pereciendo ocho y seis empleados en sus respectivos centros de trabajo, cifra que aumentará considerablemente, ya que aún hay decenas de personas sepultadas entre los escombros. A pesar de que la alerta por tornado llegó a tiempo, en ambos complejos se impidió a los trabajadores abandonar sus puestos, como los supervivientes han denunciado. 

 El pasado fin de semana una ola de tornados arrasó el centro de Estados Unidos, provocando cuantiosos daños materiales, miles de heridos y alrededor de un centenar de fallecidos en los seis estados afectados. A pesar de que este fenómeno es habitual al converger en esta zona el aire caliente del oeste desértico con las corrientes húmedas del Golfo de México, el evento, que afectó a un corredor de más de 400 kilómetros de largo, ha sido especialmente virulento. La Casa Blanca declaró el sábado el estado de emergencia federal para intentar paliar la catástrofe.

Dos casos han irrumpido en la emergencia con especial relevancia, ya que afectaron a una fábrica de velas en Mayfield, Kentucky, y a un almacén de Amazon en Edwardsville, Illinois, pereciendo ocho y seis empleados en sus respectivos centros de trabajo, cifra que aumentará considerablemente, ya que aún hay decenas de personas sepultadas entre los escombros. A pesar de que la alerta por tornado llegó a tiempo, en ambos complejos se impidió a los trabajadores abandonar sus puestos, como los supervivientes han denunciado.

La agencia para la Salud y Seguridad en el Trabajo ha abierto una investigación a la compañía de distribución, ya que aunque el aviso de emergencia fue emitido por las autoridades 23 minutos antes de que el tornado alcanzara el almacén, a las 20:26h de la tarde, al parecer los empleados no fueron advertidos hasta poco antes, como muestran algunas conversaciones publicadas por sus familiares en redes sociales: “Amazon no nos deja marcharnos”, escribió Larry Virden a su mujer 3 minutos antes del desastre. “Qué es lo que pasa”, contestó ella a las 20:51h, “espero que estés bien, te quiero”. 

En la fábrica de velas de Mayfield parece haberse vivido una situación similar. “Si os marcháis, lo más probable es que seáis despedidos", contó McKayla Emery, de 21 años, a la cadena de televisión NBC desde la cama de su hospital. Otros trabajadores han relatado que desde las 17:30h “escucharon las sirenas de advertencia y querían abandonar el edificio. Durante horas, a medida que se corrió la noticia de la tormenta que se avecinaba, hasta 15 trabajadores suplicaron a los gerentes que les permitieran refugiarse en sus propios hogares. Temiendo por su seguridad, algunos se fueron durante sus turnos, independientemente de las repercusiones”. 

 Es imposible, tanto por el país como por lo sucedido, no referirse al desastre de la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist Company el 25 de marzo de 1911 en Nueva York, donde fallecieron a causa de un incendio 146 personas, entre ellas 129 trabajadoras, la mayoría de ellas muy jóvenes, entre catorce y veintitrés años, inmigrantes en su mayoría de Italia y Europa del Este. Además del elevado número de víctimas, el caso fue especialmente cruento porque los empresarios habían cerrado con cadenas las puertas de emergencia, imposibilitando el escape de las últimas plantas del edificio. Muchas de las trabajadoras saltaron desesperadas al vacío para huir de las llamas.  

El incendio de la Shirtwaist, al suceder una semana después del Primer Día Internacional de la Mujer Trabajadora, quedó unido indefectiblemente a la jornada: morir abrasada por ganar 7 dólares después de 52 horas de trabajo semanal. “Estas mujeres no podían acercarse a hablar con el propietario; no tenían ni permiso para comer”, relató Jane Hodges, directora de la Oficina para la Igualdad de Género de la Organización Internacional del Trabajo, en el 100 aniversario del incendio. “Recibían bajos salarios, trabajaban largas horas, el sábado en este caso, y las puertas estaban cerradas con llave. No tenían derechos, ni protección legislativa o representación laboral. Era la clásica 'fábrica clandestina', a un paso de la esclavitud”. 

En Bangladesh, una de los países donde se concentra una importante industria fabril, este tipo de accidentes son habituales. (...)

Esta serie de tornados deja, sin embargo, una pregunta en el aire: ¿cuánto hemos retrocedido en derechos laborales en nuestros países, teniendo en cuenta la notable diferencia entre Norteamérica y la UE en cuanto a legislación laboral? El año 2021 ha sido el de la ley Rider, pero también el de las cocinas fantasma en Madrid y los supermercados del mismo tipo en Barcelona, negocios que sólo saltan a la prensa por los conflictos que crean con los vecinos preocupados por el aumento del tráfico en su zona y los humos en sus patios de luces. Decenas de transportistas esperan con sus motos que la app de la compañía les otorgue un pedido, mientras mozos de almacén o cocineros trabajan sin descanso para terminar el producto a tiempo: el reclamo publicitario de la velocidad por encima de todo. 

El sindicato Comisiones Obreras presentó la pasada semana el Informe sobre la Precariedad Laboral, realizado junto con la Universidad de Alicante. En él se nos contaba que un 48% de los trabajadores de nuestro país sufría este fenómeno, teniendo especial afectación entre los jóvenes, las mujeres y los inmigrantes. Lo novedoso del estudio es que introducía el concepto de precariedad multidimensional, un rango para su medición que incluía, además de los bajos sueldos, parámetros como la inestabilidad por temporalidad, las jornadas extensas o la sobrecualificación. La reforma laboral de 2012 ha agravado este proceso, ya que ni con la recuperación económica de los años precedentes a la pandemia se restituyeron las condiciones previas a la Gran Recesión de 2008. 

Como decíamos la pasada semana en estas mismas páginas, la precariedad laboral no es un fenómeno simplemente individual, sino sistémico, producto tanto de la posición geopolítica de España como periferia de la UE como de un modelo económico que ha apostado por la especulación, también con el propio trabajo. No sólo se desperdician recursos de formación, no sólo las personas afectadas sufren los bajos salarios, la inestabilidad y unas jornadas que les impiden tener un ocio compartido, sino que es la propia sociedad la que pierde su presencia: ante la escasez personal la capacidad de ejercer como ciudadanos se retrae. 

 Una idea para finalizar: el progreso no es una condición inexcusable de la flecha del tiempo. Los avances sociales se produjeron gracias a la lucha organizada del movimiento obrero estructurado en sus partidos y sindicatos a lo largo del último siglo y medio. Una vez que el neoliberalismo, a partir de los años 80, alteró con éxito el equilibrio de fuerzas, el progreso no sólo parece haberse detenido, sino que ha aparecido la involución. Mientras que 2021 ha sido también el año de una ridícula guerra cultural en torno a la nostalgia, nuestra realidad postpandémica pide a gritos un brusco giro que vuelva a poner el trabajo en el centro.  

Hoy tocaba contarles todo esto a modo de telegrama, sin alardes retóricos, tan sólo datos, historia y actualidad, una que nos ha traído inquietantes sucesos a golpe de tornado. A ver si, en esta ocasión, no nos llaman reaccionarios por decirlo."                    (Daniel Bernabé, InfoLibre, 15/12/21)


"Trabajo a destajo y amenazas de despido: las fábricas que se convirtieron en una trampa mortal al paso de los tornados.

Dos plantas de Kentucky e Illinois en las que perdieron la vida al menos 14 empleados dieron prioridad a la producción sobre la seguridad, según denuncian algunos supervivientes.

 El paso de los 30 tornados que el viernes sembraron de muerte y destrucción seis Estados de EE UU, entre ellos Illinois y Kentucky, donde ha habido al menos 80 muertos y un centenar de desaparecidos, ha dejado también al descubierto las condiciones laborales y de seguridad de algunas empresas, de las más grandes, como Amazon, a las más pequeñas, como una fábrica de velas.

En el centro de distribución de Amazon en Edwardsville (Illinois) murieron seis trabajadores por el colapso de una techumbre de unos 14 metros de alto que cubría una zona de carga. La fábrica de velas de Mayfield (Kentucky) atrapó entre sus escombros a los empleados, ocho de los cuales perdieron la vida. Ambas empresas tenían algo en común: funcionaban a pleno rendimiento, con personal de refuerzo estacional, de cara a la temporada navideña. El trabajo a destajo puede explicar por qué se desoyeron las alertas y por qué había una gran concentración de personal en los recintos.

En la empresa Mayfield Consumer Products, ubicada en Mayfield, el pueblo más afectado por la serie de tornados, unos 110 trabajadores se encontraban el viernes en el turno nocturno, por el que cobraban 14,50 dólares (12,83 euros) la hora. La orden era llegar a atender todos los pedidos navideños de velas aromáticas. Cuando sonó la primera alarma de tornado, ¿por qué no mandaron a todos los empleados a casa? Cinco supervivientes han relatado a la cadena de televisión MSNBC que fueron amenazados con el despido si abandonaban su puesto. Algunos optaron por irse a casa, pese a las consecuencias de su decisión. Según un portavoz de la compañía, el domingo por la noche habían conseguido localizar a 90 empleados, aunque hay aún una decena de desaparecidos.

El gobernador de Kentucky, Andy Beshear, había estado temiéndose lo peor durante el fin de semana, en el que alertó de que podrían haber muerto docenas de personas en ese lugar, hoy reducido a una meseta de escombros de unos tres metros de altura en los que trabajan los servicios de emergencia buscando supervivientes —el número de víctimas mortales en Kentucky ascendía este martes a 74—.

Troy Propes, consejero delegado de Mayfield Consumer Products, la tercera empleadora en el condado donde se encuentra Mayfield (10.000 habitantes), emitió el domingo un comunicado, después de ofrecer su recuento de víctimas (8 muertos y una decena de desaparecidos): “Estamos desconsolados. Todos nuestros esfuerzos se concentran en ayudar a los afectados por este terrible desastre. La nuestra es una empresa familiar, y apreciamos a nuestros empleados, algunos de los cuales han trabajado con nosotros durante muchos años”.

El almacén de distribución de Amazon en Edwardsville representa todo lo contrario de una empresa familiar: es la despersonalización de la relación entre empresa y trabajador llevada al límite. La tragedia revela el peso que el empleo de autónomos o contratistas tiene en el gigante del comercio electrónico. Pero, además de la ausencia de una relación contractual, también subraya la deficiente preparación para una emergencia, en términos de seguridad, de las instalaciones y de los propios trabajadores, cuyo número se multiplica durante la temporada navideña. De las 190 personas que trabajaban en Edwardsville, solo siete eran empleados de Amazon a tiempo completo, según explicó un funcionario local al diario The New York Times.

 El recurso a contratistas o empleados a tiempo parcial permite a la empresa evitar la responsabilidad civil por accidentes y otros imprevistos. Pero a la hora de establecer un censo de urgencia para facilitar las labores de rescate, el hecho de que muchos de los trabajadores fueran temporales dificultó el cálculo de las potenciales víctimas.

El almacén de Amazon disponía de al menos un refugio para tornados. Pero las alertas fallaron, a juzgar por los registros horarios, la sucesión de los hechos y el relato de los trabajadores, que arrojan versiones distintas sobre el tiempo que tuvieron para ponerse a salvo. En declaraciones a la revista digital The Intercept, 12 trabajadores de la planta manifestaron su preocupación sobre la seguridad del lugar de trabajo. Algunos explicaron que nunca habían vivido un tornado, ni siquiera un simulacro de incendio en el trabajo, y varios dijeron que no sabrían qué hacer en caso de emergencia. La oficina federal de Seguridad e Higiene en el Trabajo abrió el lunes una investigación sobre las condiciones de la fábrica.

 Una portavoz de Amazon dijo que solo dispusieron de 11 minutos para la evacuación desde que recibieron las alertas, entre las 20.06 y las 20.16 del viernes. A las 20.27, la techumbre colapsó. “Esa noche hubo un esfuerzo sobrehumano por poner a todos [los trabajadores] a salvo”, declaró en lunes John Felton, vicepresidente de servicios de reparto del gigante del comercio electrónico, en una comparecencia junto al gobernador de Illinois, JB Pritzker. Felton explicó que la mayoría del medio centenar de trabajadores que se encontraban en la zona de carga se dirigieron al refugio, que aguantó “casi sin daños”, mientras un grupo más pequeño optó por el extremo sur, el más afectado.

En la disparidad de relatos de los supervivientes puede tener que ver el hecho de que la compañía prohíba el uso de teléfonos móviles durante los turnos de trabajo. De hecho, según informaba este lunes Bloomberg, Amazon está reconsiderando su política de prohibir los celulares en sus instalaciones después de la tragedia. “Antes, como política de empresa, no nos dejaban tener nuestros móviles en los almacenes. Luego, durante la pandemia, se relajaron un poco. Pero ahora hablaban de aplicar de nuevo a rajatabla la norma de no permitir los móviles cuando estás en el edificio. Cuando, Dios no lo quiera, se produzca la próxima catástrofe natural, la gente necesitará sus teléfonos”, señaló un trabajador, amparado en el anonimato, a la edición digital de People.

Motivos como estos pueden ayudar a entender la creciente movilización sindical de los trabajadores en EE UU. “Este es otro ejemplo escandaloso de cómo la empresa prioriza las ganancias por encima de la salud y la seguridad de sus trabajadores, y no podemos tolerarlo”, dijo el lunes sobre lo sucedido en Amazon Stuart Appelbaum, presidente del todopoderoso Sindicato de Minoristas, Mayoristas y Grandes Almacenes (RWDSU, en sus siglas inglesas). Se trata de la misma organización que amparó a los trabajadores de un almacén de Amazon en Alabama en su, por el momento, fallido intento de sindicarse. La justicia ha ordenado repetir la votación, que en abril rechazó por 1.798 votos frente a 738 la propuesta. Las razones para una segunda consulta fueron las presiones de la empresa sobre sus trabajadores. “Secuestraron el proceso [electoral]”, falló en noviembre la magistratura de trabajo, ordenando una repetición de la votación para la que aún no hay fecha."                   (Iker Seisdedos   María Antonia Sánchez-Vallejo , El País, 14/12/21)

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