13.1.22

En las elecciones de abril de 2019, cuanto más fuerte era el sentimiento españolista en una comunidad autónoma, menor el apoyo a la izquierda... cuando en las de 1996 no había ninguna relación entre dicho sentimiento y el voto a los partidos de izquierda... La tendencia general se puede resumir así: en aquellos lugares en los que el nacionalismo español renace con mayor vigor, la izquierda retrocede... amplios grupos sociales quieren sentirse orgullosos de su país, reivindicar su historia y sus tradiciones... consideran que la nación española es defendible porque es constitucional y democrática, atributos de los que carecen los otros proyectos nacionales, que son una amenaza para las libertades... si la izquierda no entiende esto... sólo nos queda Yolanda Díaz para impedir la debacle

 "(...) puede observarse que a lo largo de la década 2010-20 las actitudes ideológicas y nacionales fueron acoplándose, algo que nunca había sucedido antes. En un artículo anterior en CTXT mostré que en las elecciones de abril de 2019, cuanto más fuerte era el sentimiento españolista en una comunidad autónoma, menor el apoyo a la izquierda; y que si se analizaban elecciones más distantes en el tiempo, por ejemplo las de 1996, no había ninguna relación entre dicho sentimiento y el voto a los partidos de izquierda. 

Lo ilustraré con los resultados electorales de Andalucía en las autonómicas de 2018 y 1996. En 1996, cuando la cuestión nacional no estaba politizada, la izquierda obtuvo el 59,1% y la derecha el 34,2%, una diferencia de 25 puntos a favor de la izquierda (no cuento el Partido Andalucista, que obtuvo un 6,7% y gobernó en coalición con el PSOE en esa legislatura). En 2018, con la crisis catalana bien reciente, la izquierda se quedó en el 44,1% del voto y la derecha sumó el 51%. La tendencia general se puede resumir así: en aquellos lugares en los que el nacionalismo español renace con mayor vigor, la izquierda retrocede. 

Una parte destacada de la intelectualidad desempeñó un papel importante a la hora de decantar la política española hacia la obsesión nacional. Para no alargar más de la cuenta este texto, remito a otro artículo en CTXT en el que examinaba la matriz ideológica de la que renace el nacionalismo español. Paradójicamente, dicha matriz se articula a partir de un enfurruñado anti-nacionalismo del que siempre se queda fuera el nacionalismo español; la nación española es defendible porque es constitucional y democrática, atributos de los que carecen los otros proyectos nacionales, que son una amenaza para las libertades. 

Estos intelectuales han evolucionado como ha evolucionado una buena parte de la sociedad española: cada vez más descreída, más harta de las izquierdas y los independentistas, cada vez más conservadora y más orgullosa de reivindicar una España que es suya y que celebran patosamente

3. Conclusión

No quiero sugerir, en absoluto, que toda la sociedad haya caído en el delirio nacional, pero este no ha dejado de crecer en los últimos años y aún no sabemos hasta dónde puede llegar. El caso es que, volviendo a la cuestión inicial, una coalición de izquierdas en el gobierno lo tiene muy difícil en este clima cultural. Hay un nuevo prestigio de la intransigencia, lo políticamente incorrecto y las actitudes desacomplejadas. Insertar en ese ambiente la negociación con el Gobierno de Cataluña, la transición energética, la memoria democrática, la reforma de la ley mordaza o leyes de género e igualdad resulta extremadamente difícil.

 No se trata solo de la oposición que surge de los altos funcionarios del Estado en múltiples ámbitos (fiscales, jueces, abogados del Estado, técnicos comerciales, militares, diplomáticos), ni de los medios derechistas y amarillistas que promueven el nacionalismo excluyente español, sino de amplios grupos sociales que quieren sentirse orgullosos de su país, reivindicar su historia y sus tradiciones y hacer oídos sordos a lo que ya caricaturizan como las monsergas izquierdistas de unos tipos artificiales, pedantes y aburridos que utilizan lenguaje inclusivo y hablan de temas absurdos. 

Con las bases sociales desanimadas y desmovilizadas (las del PSOE porque no les gusta Podemos ni los apoyos parlamentarios del Gobierno, las de Podemos porque no entienden que cada vez tengan menos votos), el Gobierno tiene pocos recursos para liderar proyectos ambiciosos de cambio y hacer frente a los Abascales y Díaz Ayusos. 

Nada está perdido aún y afortunadamente España sigue siendo un país muy plural y variado. Tal vez ese nacionalismo feroz acabe produciendo sus propios anticuerpos y quienes hoy se sienten desanimados o desengañados se reactiven. Ya veremos, pero es un empeño titánico."              (Ignacio Sánchez-Cuenca, CTXT, 13/01/22)       

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