22.4.22

¿Puede ganar Marine Le Pen las presidenciales francesas? Su discurso se ha caracterizado por un patriotismo económico con cierta sensibilidad social, apuntando a la “Francia de los olvidados”... es un programa nacionalista etnocéntrico que plantea de facto la exclusión de los extranjeros del sistema social. En esencia, un chovinismo de bienestar... frente a ella, Macron se ha ganado la imagen de un líder alejado de un pueblo, al que menosprecia... su impopularidad ha crecido debido a una política antisocial, y una respuesta autoritaria y represiva fuerte ante las movilizaciones sociales... Macron no es precisamente querido entre la población francesa, incluso podríamos decir que es odiado por una gran parte de la misma, es visto como un presidente “enamorado de sí mismo” que toma las decisiones en solitario... A muchos sectores de la izquierda les resultará muy difícil votar por Macron en segunda vuelta, rechazando la elección entre el “mal mayor y el mal menor”... por eso, Le Pen está buscando el voto del hartazgo de la izquierda hacia Macron... opone un voto popular que ella encarnaría frente al voto elitista macronista... ataca las consecuencias económicas de la guerra de Ucrania sobre los franceses y propone impuestos especiales para las multinacionales y los gigantes energéticos, además de una serie de medidas para aliviar el bolsillo de los franceses: bajada del IVA para los productos básicos y el combustible, y supresión de las cotizaciones sociales para las empresas que suban un 10% los salarios más bajos... y, como medida estrella, el referéndum de iniciativa ciudadana, una de las principales reclamaciones de los chalecos amarillos... Le Pen está más cerca de ganar que nunca, con un hartazgo y enfado más amplio que en 2017, con un Macron más impopular, un ambiente mediático más afín y un frente republicano mucho menos movilizado

 "(...) El discurso de Marine Le Pen se ha caracterizado por un patriotismo económico con cierta sensibilidad social, apuntando especialmente a la “Francia de los olvidados”. Reagrupación Nacional se fundamenta en un programa nacionalista etnocéntrico que plantea de facto la exclusión de los extranjeros del sistema social. 

En esencia, un chovinismo de bienestar. Le Pen también ha buscado granjearse el apoyo de la juventud francesas, consciente de la precariedad de esta, proponiendo ayudas sociales. Le Pen es la favorita entre los jóvenes de 25 y 34 años, también por el voto protesta que representa Reagrupación Nacional.

Gracias a ese discurso la candidata del Reagrupamiento Nacional tiene un núcleo electoral más potente tras años de enarbolar un discurso social. Le Pen goza de solidez en este electorado que se considera perdedor de la globalización, también favorecido por el paisaje político y social francés.

 El electorado de Le Pen es trasversal y está vinculado a según qué región francesa, por ejemplo, en el norte, (Pas-de-Calais) es un voto obrero fruto del declive económico de las ciudades por la desindustrialización. En el sur en cambio, Le Pen no es votada por “los olvidados”, en Bouches-du-Rhône su electorado es de clase media urbana caracterizado por tener propiedades inmobiliarias. En ese sentido, Le Pen ha conseguido crear una unión entre estos dos grupos de ciudadanos que sienten que son perdedores de la crisis y que su futuro se augura aún peor. Reagrupamiento Nacional les proporciona una seguridad, un repliegue nacionalista ante la inseguridad económica, social y cultural.

Y es que Le Pen se ve favorecida con el contexto mediático-social y político francés, una campaña que antes de la guerra en Ucrania se marcaba en la seguridad, inmigración e identidad, temas estrella de la extrema derecha. Sobre todo, hay que tener en cuenta la percepción de los franceses; un aumento de la inseguridad, llegada masiva de inmigrantes y declive de Francia. Todo esto fomentado por la agencia mediática y por la actitud del gobierno francés también. Le Pen se proclama en ese sentido como la garantía de devolver a Francia la unidad y la estabilidad. (...)

Una Presidencia de Macron antisocial

El momento de 2022, no es el del 2017. Emmanuel Macron asumió la presidencia de Francia con la imagen de un joven centrista liberal y progresista que buscaba renovar el país “más allá de la izquierda y la derecha”. Cinco años después ya queda poco de ese mandatario. La impopularidad de Macron ha crecido considerablemente debido a una política antisocial, un centralismo muy marcado y una respuesta autoritaria y represiva fuerte ante las movilizaciones sociales que han surgido en torno a sus políticas.

Emmanuel Macron se ha ganado la imagen de un líder alejado de un pueblo al cual menosprecia debido a sus múltiples salidas de tono. Por ejemplo, en septiembre de 2018, Macron fue interpelado por un joven en un acto recalcando la dificultad de acceder al mercado laboral, el Presidente contestó; “atravieso la calle y te encuentro un trabajo”. Anteriormente, en 2017, Macron declararía en un acto que “una estación es un sitio en el que se cruzan personas que triunfan, y personas que no son nadie”, provocando que la izquierda le acusase de “desprecio clasista”. Más allá de esa imagen deteriorada, el mandatario francés se ha ganado la etiqueta de “Presidente de los ricos” por la supresión del impuesto de la solidaridad sobre la fortuna (ISF), un tótem de la izquierda creado por François Miterrand en 1982. El ISF sería sustituido por un impuesto sobre los bienes inmobiliarios, en cuanto a los beneficios que aseguraba Macron por la supresión del ISF para la sociedad, aún se hacen esperar.

El Presidente Macron no es precisamente querido entre la población francesa, incluso podríamos decir que es odiado por una gran parte de la misma, ello se debe a que es visto como un presidente “enamorado de sí mismo” que toma las decisiones en solitario o en un entorno muy opaco. Una Presidencia “jupiteriana” alejada de la sociedad. El mandatario ha ejercido una Presidencia muy personalista tomando las decisiones en un entorno muy cerrado, lo cual implica que todas las críticas han ido dirigidas a su figura. (...)

El gobierno francés también ha ayudado a que los marcos de la extrema derecha se normalizaran. Emmanuel Macron realizaría una reforma de su gobierno en 2020 con un claro viraje a la derecha debido a la inclusión de ministros vinculados a los conservadores. Es destacable el Ministro de Interior Gerald Darmanin, halcón de la seguridad, que llegó a acusar a Marine Le Pen de “blanda” por su postura frente al islamismo radical. Además, el gobierno francés ha seguido la ola mediática de centralizar el discurso político en la seguridad, inmigración e identidad. Varios Ministros de hecho han acusado a los insumisos y los verdes de ser “islamoizquierdistas”, una asunción que ha causado mucho rechazo en la izquierda francesa.

Le Pen, en definitiva, se ha visto favorecida por la actitud del ejecutivo francés, tanto en su labor de gobierno, como en el ámbito discursivo. A muchos sectores de la izquierda les resultará muy difícil votar por Emmanuel Macron en segunda vuelta, rechazando la elección entre el “mal mayor y el mal menor”.

Estrategia de Le Pen

De cara a la segunda vuelta de las presidenciales, Marine Le Pen está buscando el voto del hartazgo de la izquierda hacia Macron. La líder de Reagrupación Nacional opone un voto popular que ella encarnaría frente al voto elitista macronista. Le Pen ha vuelto a su línea más populista, como ya se vio en las últimas semanas de la campaña electoral de la primera vuelta en la que atacó las consecuencias económicas de la guerra de Ucrania sobre los franceses y propuso impuestos especiales para las multinacionales y los gigantes energéticos.

Durante su discurso del domingo 10 de abril, Marine Le Pen utilizó una retórica de izquierdas y se presentó como la líder de los oprimidos. Ella se autodenomina como defensora del ciudadano común contra “el poder del dinero”, enfatizando que encabeza una lucha por la “solidaridad” y el derecho a “jubilarse con buena salud”.

En una campaña orientada al poder adquisitivo, Marine Le Pen ha puesto sobre la mesa una serie de medidas para aliviar el bolsillo de los franceses. El discurso de Le Pen se ha centrado especialmente en defender una bajada del IVA para los productos básicos y el combustible, así como la supresión de las cotizaciones sociales para las empresas que suban un 10% los salarios más bajos. Con el objetivo de ganarse al electorado más joven (en el cual Le Pen consigue buenos resultados), la líder de Reagrupación Nacional ha prometido bajar el impuesto de la renta para los adultos de esa franja de edad.

Sabedora de las críticas al balance del gobierno de Macron, Le Pen ha atacado profundamente las reformas del gobierno, centrándose sobre todo en la decisión del Presidente de extender la edad de jubilación a los 65 años. Una medida ciertamente muy impopular entre los franceses. Con el objetivo de “democratizar” Francia y de paso atacar el personalismo del Presidente, Le Pen propone como medida estrella el referéndum de iniciativa ciudadana, una de las principales reclamaciones de los chalecos amarillos. (...)

Parece que Le Pen está más cerca de ganar que nunca, con un hartazgo y enfado más amplio que en 2017, con un Macron más impopular, un ambiente mediático más afín y un frente republicano mucho menos movilizado."                (Pablo del Amo, Descifrando la guerra, 18/04/22)

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