26.5.22

Uno de los problemas económicos más graves a los que nos estamos enfrentando en Occidente es el poder de mercado... un ejemplo reciente, muy significativo, es el escándalo que han vivido los estadounidenses con la leche para biberón... en la empresa Abbott, que acapara el 43% del mercado estadounidense, se detectó una bacteria, que mató al menos a dos niños, lo que generó la escasez de esa leche... causas: Abbott se negó a invertir en la sustitución o en la reparación de las máquinas que producían la leche, y al mismo tiempo aumentó los dividendos para los accionistas en más del 25% y anunció un programa de recompra de acciones por valor de 5.000 millones de dólares. Y no solo eso: falsificó registros, engañó a los reguladores, hizo un seguimiento defectuoso del producto y no solucionó los problemas después de su aparición para satisfacer los intereses de los directivos y de los accionistas... ignoró las normas mínimas de calidad que toda compañía debe tener. Y lo hizo porque tenía el poder suficiente para ello

 "(...) el poder que define las relaciones internacionales y el que organiza la economía, es decir, el estructural, ha estado ausente de la conversación pública en los últimos años de forma sistemática.

Uno de los problemas más serios

En todo esto, sin embargo, algo muy extraño. Porque aquellos que han estado abogando en los últimos meses por posiciones moralistas ligadas a valores con motivo de la invasión de Ucrania, recriminando sus posturas a los realistas y analizando la situación en términos de buenos y malos, actúan de manera muy diferente en el plano interno, y en especial en el de la economía. 

En ese terreno, son plenamente realistas y entienden que las empresas, en especial y casi únicamente las de mayor tamaño, tienen como objetivo incuestionable perseguir sus intereses. Ahí no caben valores. De hecho, cualquier limitación de la capacidad de acción de la economía financiera y de las grandes firmas, valga la redundancia, es descrita como una intromisión moralista y, por tanto, perjudicial. Todo funciona correctamente salvo cuando los impulsos bienintencionados vienen a limitar la acción del poder. 

Entonces aparece el mal: el proteccionismo, la excesiva regulación, las interferencias políticas, las barreras que se le colocan a la libre iniciativa y demás. Sin embargo, en sus análisis, uno de los problemas económicos más graves a los que nos estamos enfrentando en Occidente, el poder de mercado, no aparece nunca.

Un ejemplo reciente, muy significativo, es el escándalo que han vivido los estadounidenses con la leche para biberón, la llamada leche de fórmula. Por resumir el asunto: en los productos de la principal empresa del sector, Abbott, que acapara el 43% del mercado estadounidense, se detectó una bacteria, la 'Cronobacter sakazakii'. Al menos dos niños murieron a causa de la enfermedad que le causó la ingesta del producto y la firma decidió interrumpir la venta. A partir de ahí, se generó una preocupante escasez de esa leche en EEUU.

El desabastecimiento tiene varias causas, pero el punto central es el siguiente: Abbott se negó a invertir en la sustitución o en la reparación de las máquinas que producían la leche, y al mismo tiempo aumentó los dividendos para los accionistas en más del 25% y anunció un programa de recompra de acciones por valor de 5.000 millones de dólares. Y no solo eso: falsificó registros, engañó a los reguladores, hizo un seguimiento defectuoso del producto y no solucionó los problemas después de su aparición. 

Las consecuencias han sido graves en muy diversos órdenes, y todo ello causado por una negligente Administración que, para satisfacer los intereses de los directivos y de los accionistas, ignoró las normas mínimas de calidad que toda compañía debe tener. Y lo hizo porque tenía el poder suficiente para ello. Cuando se es la mayor empresa del mercado, y se conforma un oligopolio (hay otros tres fabricantes que copan el 92%), se posee una capacidad de acción muy amplia, y se suele aprovechar en beneficio propio.

Es un ejemplo más de los muchos que podemos encontrar en nuestra economía cotidiana ligada a los mercados concentrados, es decir, a la concesión de un poder muy grande a muy pocos actores. Las grandes tecnológicas son el ejemplo más conocido, pero casi todos los modelos de negocio de las nuevas empresas están ligados a la consecución de un poder de mercado suficiente como para evitar toda clase de interferencias, desde las políticas hasta las de los usuarios. No es únicamente fruto de la evolución tecnológica. Las viejas compañías tampoco se escapan de esta dinámica: no hay más que recordar cómo Iberdrola vaciaba los pantanos en momentos de escasez para aumentar sus beneficios.

Hay múltiples ejemplos de cómo el poder se usa para satisfacer intereses, y la inflación es otro caso. Su alza no se debe únicamente a elementos coyunturales, también está causada por la intención expresa de conseguir más beneficios por parte de compañías con el poder suficiente. Según 'The Guardian', "los datos muestran de manera objetiva una transferencia de riqueza masiva de los consumidores, que pagan precios más altos, a los accionistas y las empresas de inversión que obtienen los beneficios".

La renuncia a la razón

Tanto las relaciones internacionales como la economía organizan los márgenes de autonomía que nos son dados a los ciudadanos y a los Estados, y ambas se definen en términos de poder. Lo que resulta sorprendente no es tanto que la discusión pública tenga lugar, en primera instancia, mediante razonamientos morales, lo que es natural e incluso deseable, sino que la atención respecto de ese diferencial de poder esté tan poco presente en los análisis, informes y diagnósticos posteriores y que, como resultado, la política, el ámbito típico en el que se lidia con el poder, se mueva permanentemente en esferas intelectuales angelicales. Es una renuncia a la razón en primer lugar, y a la política, en última instancia. Y este es uno de los principales males de Occidente.

En lugar de constatar cómo estructura el poder nuestro mundo, e intentar establecer los límites y los contrapesos precisos, preferimos movernos en un vacío analítico, en un mundo de buenos y malos que nos ofrece soluciones fáciles a problemas complejos. En España hay quienes creen que toda la culpa es de Sánchez, o que con subir o bajar impuestos todo se arregla, o que basta con eliminar la monarquía o las autonomías, o que ven un futuro lleno de color. Empatizo con el diplomático. Siento ser aguafiestas, los reyes son los padres."                  (Esteban Hernández, El Confidencial, 22/05/22)

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