27.6.22

El inminente colapso de las fuerzas militares de Ucrania ante el avance ruso en toda la región del sur y este del país expone la inexistencia de un plan norteamericano que contemple la posibilidad de resolver el conflicto a través de una negociación... En su lugar, se escala el antagonismo... Violando acuerdos y leyes internacionales, Lituania –miembro de la OTAN– prohibió a Rusia transportar hacia Kaliningrado, enclave y principal puerto de la flota rusa en el mar Báltico, productos que están incluidos en las sanciones impuestas a Rusia por la UE... así se crea el caldo de cultivo para un posible enfrentamiento directo entre potencias nucleares... Esta estrategia norteamericana de escalar los conflictos geopolíticos se da en un contexto en que, tras décadas de desindustrialización, los Estados Unidos carecen de la base industrial necesaria para producir rápidamente y sustituir la destrucción masiva de munición, misiles y equipos que hoy ocurre en una guerra convencional entre enemigos con poder militar más o menos equivalente

 "El inminente colapso de las fuerzas militares de Ucrania ante el avance ruso en toda la región del sur y este del país expone la inexistencia de un plan norteamericano que contemple la posibilidad de resolver el conflicto a través de una negociación. En su lugar, se escala el antagonismo y, embretando a la guerra convencional, se crea el caldo de cultivo para un posible enfrentamiento directo entre potencias nucleares.

La semana pasada, el Presidente de Ucrania exigió nuevamente a la OTAN y al gobierno norteamericano más rapidez en el envío de armamento sofisticado hacia el frente de combate para poder así recuperar los territorios perdidos. Su ministro de Relaciones Exteriores fue más explícito y esbozó un plan de acción futura, cuyo eje central reside en el apoyo masivo de la OTAN para conformar una nueva fuerza militar y aérea equipada con armamento tecnológico de última generación [1]. La respuesta del gobierno norteamericano a estas demandas ha sido el envío a cuentagotas de munición y armamento, que no alcanza a reponer los que el ejército de Ucrania ha perdido desde el inicio de la invasión rusa. (...)

Todo esto ocurre en un contexto de continua sangría de un ejército ucraniano que, con una logística muy comprometida, está cercado y a punto de perder su control sobre toda la región del Donbas. Sin embargo, la emergencia de un nuevo frente de combate con Rusia sirvió para exponer la creciente complejidad de la guerra en Ucrania. Violando acuerdos y leyes internacionales vigentes desde fines de la Segunda Guerra Mundial, Lituania –miembro de la OTAN– prohibió a Rusia transportar hacia Kaliningrad, enclave ruso sobre el Báltico, productos que están incluidos en las sanciones impuestas a Rusia por la Comunidad Europea. 

Kaliningrad es el principal puerto de la flota rusa en el mar Báltico y es de importancia estratégica para la defensa de todo el territorio ruso. Su gobernador convocó a la población a no sentir pánico ante el bloqueo, asegurando que Rusia podrá abastecer a la población por vía marítima. Rusia, a su vez, ha reaccionado con fuerza ante una “provocación abiertamente hostil”, asegurando que “tomará acciones decisivas para proteger sus intereses nacionales”. Este incidente plantea la posibilidad de un enfrentamiento directo entre Rusia y la OTAN en el mar Báltico, aunque la guerra informativa lo haya ignorado.

 Esto no sorprende y responde al objetivo de ocultar lo que ocurre en el frente militar. Según un exvicepresidente del Consejo Nacional de Inteligencia de la CIA, el esfuerzo concertado y al unísono de los medios de comunicación “independientes” de Occidente por imponer los intereses geopolíticos norteamericanos a través de la propaganda de guerra es único en la historia contemporánea y constituye el “rasgo más inquietante “de una guerra que nunca tendría que haber ocurrido”.

 La misma “fue deliberadamente provocada al empujar (el gobierno norteamericano) a la organización militar (la OTAN) hacia el este, a pesar de las repetidas advertencias de Moscú de no cruzar las líneas rojas” que protegen sus fronteras. Ahora, y “contrariamente al triunfalismo norteamericano, Rusia está ganando la guerra y Ucrania ha sido derrotada” [3]. Esta evaluación es compartida por otro prominente ex oficial norteamericano [4] y se explica por una estrategia equivocada, que busca desangrar a Rusia en un conflicto prolongado. La estrategia no admite la posibilidad de resultados adversos ni la necesidad de negociar. 

Paradójicamente y en forma simultánea, el gobierno de Estados Unidos también ha escalado el conflicto con China en torno a la independencia de Taiwán (...)

Esta estrategia norteamericana de escalar los conflictos geopolíticos se da en un contexto en que, tras décadas de desindustrialización, los Estados Unidos carecen de la base industrial necesaria para producir rápidamente y sustituir la destrucción masiva de munición, misiles y equipos que hoy ocurre en una guerra convencional entre enemigos con poder militar más o menos equivalente. A esta conclusión llega un prestigioso think tank del establishment británico luego de analizar el consumo de munición y armamento que han hecho los ejércitos de Ucrania y Rusia a lo largo de cuatro meses de guerra [6]. 

“Hoy, Occidente no tiene la capacidad industrial para pelear una guerra a gran escala (…) la situación es especialmente crítica porque Rusia ha demostrado que tiene esa capacidad” y porque “detrás de la invasión rusa está China, la capital industrial del mundo (…) Si la competencia entre autocracias y democracias ha entrado en su fase militar, el arsenal de la democracia tiene que primero mejorar radicalmente su producción de munición y equipo en tiempos de guerra” [7].

Los cuatro meses de intensa guerra convencional en Ucrania también han revelado la incapacidad de la base industrial norteamericana para mantener sus stocks de municiones, misiles y equipos necesarios para su propia defensa y/o para enfrentar en el futuro inmediato un conflicto militar con China en torno a la independencia de Taiwán. Este contexto expone la irracionalidad de una política exterior centrada en una escalada de tensiones que no pueden ser resueltas a través de una guerra convencional, creando así rápidamente las condiciones para el estallido de una guerra nuclear de consecuencias imprevisibles. Así, y a pesar de la retórica triunfalista del relato oficial, los cuatro meses de guerra convencional en Ucrania han contribuido a desnudar los pies de barro del poderío militar norteamericano y el enorme riesgo que hoy corre el futuro de la humanidad en el planeta. (...)"                    (Mónica Peralta Ramos, Rebelión, 27/06/2022)

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