13.9.22

Ni Ucrania es Guernica, ni la guerra está acelerando su fin, ni las sanciones están alcanzando sus objetivos... cualquier intento de resolver el problema creado por la guerra de Ucrania requerirá el reconocimiento del derecho del pueblo ruso a no estar rodeado de bases militares enemigas, sin que ello implique ninguna simpatía a los argumentos imperialistas reflejados en el discurso y práctica de Putin... ya había ocurrido un tipo semejante de acuerdo entre la OTAN y la Unión Soviética, el que se alcanzó tras la crisis de los misiles de Cuba (un acuerdo verbal entre Kennedy y Khrushchev, que siempre se respetó)... el acuerdo de Minsk propuesto por Francia y Alemania, acordado con Rusia y Bielorrusia, y que el gobierno de Ucrania aprobó, tenía elementos comunes con aquel acuerdo, reconociendo la soberanía de Ucrania y su derecho a la seguridad sin ser parte de una alianza antirrusa

 "Característico del ambiente belicista militante que domina la presentación de la guerra de Ucrania en la mayoría de los medios de información de los países de la Alianza Atlántica, es que cualquier postura crítica que se haga de la OTAN se presenta como "sostenedora y defensora de las tesis del enemigo, Putin". Ello se hace con el fin de vetar y apagar cualquier debate sobre el desarrollo de tal guerra y del conflicto OTAN-Rusia que está creando una crisis mundial sin precedentes. Esta manera de responder a esta crítica a la OTAN es frecuente en España, país conocido por la escasa diversidad ideológica en sus medios.

 Un claro ejemplo de ello ha sido la respuesta a mi artículo reciente "El conflicto entre la OTAN y Rusia centrado en la guerra de Ucrania era previsible, predecible, y evitable: ¿Por qué continúa?" (Público, 27/7/2022) en el que critico a la OTAN por haber contribuido a crear las condiciones para que ocurriera, más tarde, la invasión de Ucrania por parte de Putin. No dije que fuera esta la única causa (léanse el artículo y lo verán), pero es evidente que la expansión de la OTAN hacia los países del este de Europa ha contribuido a incrementar las tensiones entre la OTAN y la Unión Soviética (más tarde Rusia), al sentirse esta última amenazada por un número creciente de bases militares en su entorno, con misiles apuntando a su territorio desde un número creciente de países vecinos. Era obvio que, de la misma manera que EEUU nunca toleró estar rodeado de bases militares hostiles con misiles apuntando a su territorio, la Unión Soviética tampoco permitiría que bases de la OTAN la rodearan, amenazando a su ciudadanía. Y de ahí que algunos diseñadores de la Guerra Fría en el gobierno federal de EEUU habían sido contrarios a la expansión de la OTAN a los países vecinos de la Unión Soviética, pues podría provocar una respuesta militar por parte de ella. (...)

En el lado soviético hubo también elevada preocupación del enorme gasto militar que suponía la Guerra Fría (...)

 Fue el presidente Gorbachov el que intentó hacer reformas significativas del sistema universal de protección social, el que señaló que el elevado gasto militar estaba obstaculizando el desarrollo social del país, y el que también intentó diluir y resolver las tensiones de la Guerra Fría, aceptando la reunión de la Alemania dividida, retirando a la vez sus tropas del este de Alemania. Fue en este contexto en que el gobierno federal de EEUU se comprometió, como respuesta, a no expandir la OTAN hacia el este, es decir, hacia la Unión Soviética.

LA OTAN NO RESPETÓ EL ACUERDO QUE HABÍA PERMITIDO LA UNIÓN ALEMANA

La OTAN más tarde negó la existencia de tal acuerdo entre la misma OTAN y la Unión Soviética para que no se realizara tal expansión. Pero los datos están ahí para quien quiera verlos. Vayan a los documentos del National Security Archive del Estado Federal Estadounidense y lean, entre muchos otros documentos, "Record of Conversation between Mikhail Gorbachev and James Baker" (ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno Bush padre) del 9/2/1990 en el cual Baker dice al presidente Gorbachev "La OTAN es el mecanismo que asegura la presencia EEUU en Europa. Si la OTAN desapareciera no existiría tal mecanismo de retención de EEUU en Europa. Nosotros entendemos que no solo para la Unión Soviética, sino también para otros países europeos, es importante garantizar que si EEUU continua presente en Alemania dentro del framework de la OTAN no habrá ninguna expansión de la OTAN en la dirección este. Nosotros garantizamos que la unidad de Alemania no será seguida por la expansión de la organización militar OTAN al este". No podía haberse dicho de una manera más clara y contundente. (Para un análisis y documentación del compromiso de no expansión de la OTAN a los países del este de Europa, es decir, a los países que rodeaban a la Unión Soviética, ver el artículo de Jonathan Feldman en Counterpunch, 03/06/2022 "A Response to Yuriy Gorodnichenko, Bohdan Kukharskyy, Anastassia Fedyk and Ilona Sologoub Regarding Their Critique of Noam Chomsky on the Russia-Ukraine War").

La aprobación de la unión alemana por parte de la Unión Soviética había sido pues, consecuencia del entendimiento entre los gobiernos de EEUU y Rusia de que la OTAN no se extendería al este de Europa, rodeando a Rusia con bases militares de una alianza hostil. Tal como indicó Bill Fletcher en su entrevista a Noam Chomsky, era un acto extraordinario que la Unión Soviética aprobara la unión de las dos Alemanias, sobre todo teniendo en cuenta que la Unión Soviética perdió más de 20 millones de ciudadanos en la II Guerra Mundial, causada por el gobierno alemán de entonces. Era lógico, por lo tanto, que este acto fuera condicionado a que no se expandiera la OTAN, continuando armando a los vecinos de Rusia en contra de su existencia. Algunos autores, defensores de la OTAN, niegan la existencia de tal acuerdo al no conocerse un documento firmado por ambos gobiernos, olvidando que otros acuerdos en temas semejantes entre el gobierno federal de EEUU y el de la Unión Soviética (como el acuerdo entre Kennedy y Khrushchev) tampoco tuvieron documentos públicos firmados, y a pesar de ello los acuerdos se aplicaron escrupulosamente por ambos lados.

El presidente Bush padre respetó el acuerdo. El presidente Clinton, sin embargo, jugó con ambigüedad, tal como señaló críticamente (después de jubilarse) el embajador estadounidense Chas Freeman, Assistant Secretary of Defense for International Security Affairs durante 1993-1994. En realidad, incluyó a Polonia, Hungría, y Eslovenia en la OTAN a pesar de las protestas de Yeltsin, a quien Clinton había promovido para suceder a Gorbachov como dirigente de la Unión Soviética. Y fue ya el presidente Bush hijo quien alentó a Ucrania a que se uniera a la OTAN, haciéndolo con toda claridad y anuncio general. El objetivo de tal presidente era integrar a Ucrania lo más pronto posible a la OTAN. No era, pues, de extrañar, que la gran mayoría de la población rusa, incluyendo los partidos de la oposición, se sintieran amenazados y se opusieron a la integración de Ucrania en la OTAN. (...)

La respuesta militar de Rusia en general y de Putin en especial era previsible, como ya habían alertado varios dirigentes del establecimiento federal estadounidense, diseñadores de la Guerra Fría, que se habían opuesto a la expansión de la OTAN al este de Europa. El argumento que utilizó Putin para justificar la invasión de Ucrania (en su famoso discurso el día que se inició tal invasión) parecería confirmar aquellos temores. Pero añadió, además de los argumentos en contra de rodear a Rusia con bases militares hostiles, otro argumento de cosecha propia que respondía a su ideología profundamente nacionalista extrema, que he criticado extensamente en artículos anteriores (ver, por ejemplo, "El nazismo y fascismo en los años treinta, el trumpismo y previsiblemente el putinismo ahora" Público, 14/4/22). Según Putin, tal invasión era primordialmente para incorporar a Ucrania dentro de Rusia, de la cual siempre había sido parte. Es más, llegó incluso a criticar hostilmente a los fundadores de la Unión Soviética por haber respetado la nacionalidad soberana de Ucrania, cuando en realidad, según él, era un territorio ruso. Era el discurso de un nacionalismo imperialista ruso, anterior al establecimiento de la Unión Soviética, que intentaba con su intervención recuperar el territorio perdido, transformando aquel acto de invasión en un acto de claro carácter imperialista. 

 Putin, al centrarse en esta visión imperial de Rusia (viendo Ucrania como una mera parte de Rusia) perdió gran cantidad de apoyo internacional (la gran mayoría de países de las Naciones Unidas condenaron la invasión de Ucrania por parte de Rusia -135 frente a solo cinco que la aprobaron con 35 abstenciones- dañando además el argumento popular que había sostenido la Unión Soviética antes (y Rusia después) en contra del establecimiento de bases militares de la OTAN en Ucrania apuntando sus misiles a la población rusa.

Las fuerzas democráticas existentes en el abanico político que hay en los países de la OTAN tienen que respetar y ser sensibles a este argumento anti-expansivo de la OTAN, sostenido por las izquierdas rusas (hoy encarceladas o silenciadas en su país), a la vez que tienen que denunciar y criticar el argumento imperialista de Putin. Hacer lo último sin señalar lo primero es favorecer a Putin y antagonizar a la gran mayoría de la población rusa que está en contra de la existencia de bases militares cuyos misiles apuntan a su población, y que a la vez no están de acuerdo con la visión imperialista de su dictador. Ponerlo todo bajo el saco de Putin es dificultar enormemente la resolución del problema ucraniano (y ruso). En realidad, cualquier intento de resolver el problema creado por la guerra de Ucrania requerirá el reconocimiento del derecho del pueblo ruso a no estar rodeado de bases militares enemigas, sin que ello implique ninguna simpatía a los argumentos imperialistas reflejados en el discurso y práctica de Putin.

¿ES POSIBLE LA PAZ?

El establecimiento de un pacto en el que no se acepte el rodear un país (Rusia o EEUU) con bases militares en su contra, a la vez que se respete la soberanía y seguridad de sus países vecinos, ya ha mostrado ser posible. En realidad, ya había ocurrido un tipo semejante de acuerdo entre la OTAN y la Unión Soviética cuando el presidente Kennedy de EEUU exigió que se retiraran los misiles rusos enviados a Cuba para defender al país de una posible invasión estadounidense, petición que Khrushchev, dirigente de la Unión Soviética, aceptó a condición de que el presidente Kennedy asegurara que el gobierno federal de EEUU no invadiría Cuba, (además de retirar algunos armamentos en específicas bases militares que rodeaban a Rusia, amenazándola). En realidad, el acuerdo de Minsk propuesto por Francia y Alemania, acordado con Rusia y Bielorrusia, y que el gobierno de Ucrania aprobó, tenía elementos comunes con aquel acuerdo, reconociendo la soberanía de Ucrania y su derecho a la seguridad sin ser parte de una alianza antirrusa.

LOS OBJETIVOS DE LA OTAN AHORA

Según el presidente Biden de EEUU y su ministro de Defensa, el objetivo de la guerra era y es debilitar a Putin, alargando el conflicto, aunque sea a costa del enorme sacrificio de la población ucraniana, con la esperanza en la victoria, debilitando y sustituyendo a Putin. Esta estrategia es de dudosa eficacia y sumamente peligrosa. No hay evidencia que tal estrategia esté debilitando Putin o afectando su popularidad. Y sabemos que significa unos costes humanos enormes, no solo para las poblaciones que están sufriendo directamente el conflicto bélico-militar (como es Ucrania), sino también para las poblaciones de los países que son parte del conflicto político-económico OTAN-Rusia. Las políticas y sanciones aplicadas primordialmente por los países de la OTAN a Rusia, así como la respuesta de este país a las sanciones, están originando una crisis económica sin precedentes a nivel mundial. Y a tal coste hay que añadirles el enorme sacrificio a amplios sectores de la población global, debido a la falta de recursos procedentes de Ucrania y Rusia (el 30% del trigo exportado en el mundo procede de estos dos países) que abastecen a gran parte de la población del Sur Global. Estas y otras razones explican que a pesar de la impopularidad a nivel internacional de la invasión rusa de Ucrania, ningún país africano, latinoamericano o asiático (excepto Japón y Corea del Sur) haya aprobado las sanciones. (...)"              (Vicenç Navarro, Público, 08/09/22)

No hay comentarios:

Publicar un comentario