"El ataque ruso a Ucrania y la política de sanciones de las potencias occidentales están provocando un aumento de la inflación en Alemania, derivada en especial del aumento de los precios del gas, el petróleo y la electricidad, cada vez más impagables para muchos trabajadores.
El gobierno alemán planea apoyar a los importadores de gas a través del llamado «Gasumlage», un impuesto especial que repercutirá muy fuerte en las tarifas y que viene generando un fuerte rechazo popular. Además, ha estallado una disputa sobre el regreso del país a la energía nuclear. Para saber qué proponen los sindicatos alemanes ante esta amenaza de creciente empobrecimiento, Peter Schadt y Philipp Müller entrevistaron a Hans-Jürgen Urban, miembro de la junta directiva de IG Metall, el mayor sindicato alemán.
PS PM: El aumento de los precios del gas, la electricidad y los alimentos es inasequible para gran parte de la población. En agosto de 2022, la tasa de inflación en Alemania era del 7,9%. ¿Qué planean los sindicatos?
HJU: Estamos en plena negociación colectiva con las industrias del metal y las eléctricas. Esta instancia fue precedida por numerosos debates de nuestros miembros en las fábricas y en los comités de negociación colectiva. El resultado es que nuestros compañeros quieren entrar en las negociaciones exigiendo un aumento salarial del 8%.
Si se observa la tasa de inflación y los precios de la energía, queda clara la presión sobre estas negociaciones. Sin embargo, la política de negociación colectiva es completamente insuficiente ya que nos enfrentamos a dificultades vitales en muchas partes de la sociedad. Se trata de cuestiones que no se pueden resolver con un acuerdo en la industria metalúrgica y eléctrica. Aquí es donde se necesita el mandato político de los sindicatos.
PS PM: ¿La compensación por inflación no tiene que formar parte de todos los convenios colectivos?
HJU: Por regla general, sí. Nuestras reivindicaciones salariales no caen del cielo. Se basan en los puntos de referencia para la evolución de los precios y la productividad a medio plazo. Otro factor es el componente redistributivo. No es ningún secreto que la inflación galopante implica un desafío extremo. (...)
Los economistas advierten sobre la “espiral salarios-precios”. ¿Qué sentido tiene este planteo?
HJU : Ninguno. Este argumento de la economía neoclásica de manual siempre se ha utilizado para justificar la oposición a los aumentos salariales. La inflación no aumenta por los incrementos salariales sino por el aumento de los precios de la energía y de otros bienes cotidianos. Bienes que los trabajadores no pueden sustituir sin más. Lo que estamos viendo en realidad es una espiral de precios-ganancias. En muchos casos se imponen precios más altos, pero no porque los costos hayan aumentado sino porque los mercados lo permiten lo que redunda en un aumento de las ganancias empresariales. Así es como funciona el capitalismo, si se lo deja.
PS PM: La inflación, la evolución de los precios del gas y de la electricidad está impulsada por la guerra y las sanciones contra Rusia. ¿Qué opinan los sindicatos sobre las sanciones, cuyo costo pagan ahora los trabajadores?
HJU: Pues bien, el aumento de los precios de la energía también refleja la escasez de petróleo, carbón y gas resultante de la llamada guerra económica entre las potencias de occidente y Rusia. Pero, sobre todo, son el resultado de unos mercados disfuncionales y excesivamente poderosos. El poder de fijación de precios de las grandes corporaciones, los beneficios del free-rider de empresas que tienen costos apenas más elevados pero pueden imponer precios mucho más altos y, finalmente, la especulación impulsada por las finanzas en los mercados al contado son más significativos. Esto sólo puede corregirse mediante la intervención directa a través de topes de precios y el control exhaustivo respecto de las llamadas ganancias inesperadas, es decir, los beneficios extra.
Entonces, ¿qué posición tomar respecto de las sanciones contra Rusia?
HJU : La cuestión de las sanciones es más complicada de lo que parece. Por supuesto, Occidente también actúa aquí con una agenda oculta. Las sanciones forman parte de una lucha por la redistribución de las esferas de influencia económica y política que se está produciendo principalmente entre Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y China. Está claro que la OTAN representa no sólo intereses vinculados con la seguridad sino también económicos y de poder político.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que la llamada guerra económica a través de las sanciones se basa en una guerra muy real con armas, en la que Rusia es el agresor. Creo que es comprensible la búsqueda de sanciones económicas que pongan a Putin y a su camarilla de oligarcas bajo presión y aumenten las posibilidades de un alto el fuego. Eso tiene más sentido que sumarse a los llamamientos cada vez más fuertes a favor la entrega de más armas. Ese belicismo moralizante está llevando al mundo a una nueva espiral de rearme global. Y no se puede esperar nada bueno de ello.
Es crucial que las sanciones sean específicas y eficaces. Si la interacción de las sanciones y las contrasanciones hace que las arcas del Estado ruso estén más llenas que antes, mientras que al mismo tiempo la economía y la población de los países occidentales sufren masivamente la subida de los precios, algo está mal. Haríamos bien en debatir la cuestión de la respuesta adecuada a este dilema con calma y pericia. Sin embargo, volver a las andadas como antes de la guerra tampoco es una estrategia sensata. Probablemente el gobierno ruso lo vería como un estímulo para continuar la guerra. (...)" (Peter Schadt y Philipp Müller , JACOBINLAT, 21/10/22)
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