21.10.22

No sé si por incompetencia o por deshonestidad, pero lo cierto es que las decisiones que vienen tomando los responsables de la Comisión Europea están produciendo ventajas y beneficios de todo tipo a Estados Unidos (y, lo que es todavía peor, incluso a Rusia y China) y unos costes abrumadores para la ciudadanía europea, para nuestras empresas y para el propio proyecto de integración... un simple ejemplo de ello, los últimos datos sobre comercio exterior publicados la semana pasada por Eurostat: Las compras (importaciones) a Rusia de la Unión Europea en su conjunto aumentaron un 60,9% de enero a agosto de este año y las ventas (exportaciones) bajaron un 34,3%... con China las compras de la UE subieron el 42,6% de enero a agosto de 2022 respecto al mismo del año pasado y las exportaciones solo aumentaron el 2,2%... El aumento de esos déficits tiene detrás población que sufre penurias y miles de empresas al borde del cierre, y eso está ocurriendo como efecto de las medidas erróneas (o quién sabe si algo peor que erróneas) que vienen tomando las autoridades europeas... Han establecido sanciones económicas a Rusia que ni son sinceras (seguimos comprando combustible nuclear a Rusia), ni inteligentes (porque nos cuestan mucho y a Rusia incluso le benefician), ni efectivas para detener la invasión... Y, por otro lado, padecemos los efectos de situación de guerra (de la que Europa no es parte formalmente pero sí de facto) sin tomar las medidas económicas extraordinarias que sería necesario adoptar para evitar que, tal y como está sucediendo, unos pocos se aprovechen y multipliquen su poder y patrimonio a costa de la mayoría. Única forma, entre otras cosas, de frenar las enormes subidas de precios que se están registrando (Juan Torres López)

 "(...) No sé si por incompetencia o por deshonestidad, pero lo cierto es que las decisiones que vienen tomando los responsables de la Comisión Europea están produciendo ventajas y beneficios de todo tipo a Estados Unidos (y, lo que es todavía peor, incluso a Rusia y China) y unos costes abrumadores para la ciudadanía europea, para nuestras empresas y para el propio proyecto de integración.

 Sirvan como un simple ejemplo de ello los últimos datos sobre comercio exterior publicados la semana pasada por Eurostat.

Las compras (importaciones) a Rusia de la Unión Europea en su conjunto aumentaron un 60,9% de enero a agosto de este año y las ventas (exportaciones) bajaron un 34,3%. En estos primeros ocho meses de 2022, la UE ya había gastado en compras a Rusia 150.000 millones de euros, prácticamente lo mismo que en todo 2021 (160.000 millones).

Y algo parecido ha ocurrido con China (las compras de la UE subieron el 42,6% de enero a agosto de 2022 respecto al mismo del año pasado y las exportaciones solo aumentaron el 2,2%); o con Estados Unidos (nuestro superávit comercial bajó de 109.400 millones de euros a 100.000 millones).

 El aumento de esos déficits tiene detrás población que sufre penurias y miles de empresas al borde del cierre, y eso está ocurriendo como efecto de las medidas erróneas (o quién sabe si algo peor que erróneas) que vienen tomando las autoridades europeas.

 Han establecido sanciones económicas a Rusia que ni son sinceras (seguimos comprando combustible nuclear a Rusia), ni inteligentes (porque nos cuestan mucho y a Rusia incluso le benefician), ni efectivas para detener la invasión (como casi nunca lo han sido las sanciones), ni realistas (como los topes al precio del petróleo ruso). Aunque, eso sí, han reforzado nuestra dependencia con Estados Unidos.

 Y, por otro lado, padecemos los efectos de situación de guerra (de la que Europa no es parte formalmente pero sí de facto) sin tomar las medidas económicas extraordinarias que sería necesario adoptar para evitar que, tal y como está sucediendo, unos pocos se aprovechen y multipliquen su poder y patrimonio a costa de la mayoría. Única forma, entre otras cosas, de frenar las enormes subidas de precios que se están registrando. En lugar de eso, como acaba de señalar Joseph Stiglitz, se está respondiendo con un neoliberalismo que "está basado en ideas simplistas sobre cómo deberían operar los mercados que (...) no funcionó ni siquiera en tiempos de paz".

Los dirigentes europeos están acostumbrados a recurrir a la bravuconería cuando disciplinan a los débiles y ahora han hecho de ella una expresión retórica de guerra que en realidad oculta el silencio cobarde ante los auténticamente poderosos. Son bravucones selectivos que imponen costes tremendos a los de abajo mientras se someten ante los que de verdad están imponiendo sus intereses de guerra y muerte al resto del mundo.

Europa solo tiene una apuesta que le proporcione rédito, libertad y garantía de futuro, la de la paz. O, si me apuran, la de la guerra bien hecha; no la que consiste en renunciar a ser ella misma y esconderse con cobardía tras el escudo de la gran potencia. Quien, además, ha mostrado hasta la saciedad que tiene y defiende intereses muy diferentes a los nuestros."                  (Juan Torres López, Público, 21/10/22)

No hay comentarios:

Publicar un comentario