"Nos estamos quedando sin destilados", alertó el consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz.
Europa toma aire por la caída del precio del gas, su talón de Aquiles en el grave shock energético que sufre el continente. La sostenida tregua en la escalada alcista que experimentó esta fuente de energía desde el inicio de la guerra en Ucrania hace presagiar, según algunos analistas, que "lo peor de la crisis ya pasó".
En octubre, el precio del bajó de los 100 euros por primera vez en cuatro meses. ¿El motivo? Varios. Un inicio del otoño inusualmente cálido, la desaceleración industrial (menos demanda), el repunte de la producción eólica y un almacenamiento completo en casi toda la eurozona.
Las alarmas, sin embargo, se han trasladado a otra fuente de energía, el del diésel, tan o más sensible que el del gas. Los problemas de suministro en los diferentes mercados internacionales (pérdida del suministro de diésel ruso, interrupción de la producción de combustible en Francia, reservas al límite en Estados Unidos, cuotas a la exportación de China, nuevos impuestos fijados por India, etc.) amenazan con una escasez que puede generar otro fuerte pico inflacionario en la economía global.
La preocupación es tal que, días atrás, el consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, se refirió al tema sin rodeos. "Nos estamos quedando sin destilados medios en algunos países europeos", dijo en referencia a la categoría de productos derivados del petróleo que incluye al diésel, el combustible para calefacción y el combustible para aviones. "Podemos ver altos precios del diésel en los próximos meses", adelantó.
Este escenario -una fuerte restricción de este mercado a finales de
2022- ya había sido alertado en mayo por la Agencia Internacional de
Energía (AIE). "El déficit puede agravarse aún más en 2023", sentenció
el organismo en una de sus últimas revisiones.
Según la AIE, Europa mantuvo hasta ahora las importaciones de diésel procedentes de Rusia en 600.000 barriles diarios, pero con el embargo europeo que entrará en vigor desde finales de 2022, esos volúmenes tendrán que sustituirse con gasóleo procedente de otros países.
"Los comerciantes de diésel europeos también anticipan que el suministro pronto se reducirá aún más, ya que las sanciones de la UE excluyeron las importaciones rusas a partir de febrero", adelantan los analistas que siguen de cerca este mercado.
Los altos costos del gas natural -estabilizados en estas últimas semanas- contribuyen de manera importante a la escasez de suministro de diésel desde el año pasado. La producción de este combustible depende, especialmente, del hidrógeno extraído del gas natural.
En este contexto, Estados Unidos sólo tendría reservas de suministro de diésel para unos 25 días, según la última estimación de Bloomberg.
(...) la "bola inflacionaria" afectará a una economía global que, literalmente, se mueve con diésel. "Cualquier producto que necesitemos, desde el más grande hasta el más pequeño, ha sido llevado hasta nosotros con una pequeña cantidad de diésel. Sin este combustible, la sociedad se detiene inmediatamente", explican las voces más alarmistas, quienes anticipan una escasez más estructural que coyuntural como consecuencia del "Peak Oil", una disminución irreversible en la producción de petróleo.
Por lo pronto, Repsol, con más 3.500 estaciones de servicio de nuestro en España, anticipa una prolongada inestabilidad en este mercado. "No tengo una bola de cristal. En caso de continuar, lamentablemente, en términos sociales, económicos y políticos, con las tensiones geopolíticas actuales en Europa, me parece que estas grietas diésel muy abiertas se van a quedar para los próximos meses", lamentó Imaz. (...)" (LPO, 31/10/22)
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