17.11.22

Michael Roberts: Las principales economías se desaceleran rápidamente tras el subidón poscovid de la recuperación de 2021. Se encaminan actualmente hacía un nuevo desplome en 2023, provocado por el descenso de la rentabilidad (los márgenes de beneficio insólitos de 2021 están en caída libre). Esto frenará el aumento de la inversión. Al mismo tiempo, los cuellos de botella en la cadena de suministros global siguen siendo más importantes que antes de la pandemia. Esto significa que la inflación, que comenzó después de 2020 y se vio acelerada por la invasión rusa de Ucrania y las sanciones de los países occidentales, no se aproximará a los niveles precovid durante un tiempo, o tal vez nunca... la Larga Depresión se caracterizó por un bajo incremento de la inversión y la productividad y por el estancamiento de los salarios reales de la mayoría de la población. Únicamente los muy ricos han salido ganando (enormemente) con las alzas especulativas de los activos financieros y de los bienes inmuebles, que han sustituido a la inversión productiva. Pero esas burbujas empiezan ahora a estallar, y la caída durante la pandemia ha dañado irreversiblemente a las grandes economías... así que con las subidas de los tipos de interés, muchas economías subdesarrolladas emergentes ya tienen apuros financieros y se encaminan a la suspensión de pagos... los Estados más poderosos y las políticas de sus bancos centrales tendrán un impacto devastador en la clase trabajadora y las naciones oprimidas. Esto suena a guerra de clases y a imperialismo de otros tiempos... A corto plazo hemos de luchar contra el aumento del coste de la vida. Hemos de apoyar las batallas de los sindicatos, los únicos defensores de los y las trabajadoras en el lugar de trabajo. Hemos de luchar por un salario para vivir dignamente y por aumentos salariales iguales a las tasas de inflación a fin de mantener como mínimo los salarios reales. Hemos de oponernos a todos los aumentos de los tipos de interés y otras medidas encaminadas a recortar el gasto presupuestario en servicios y bienestar y/o todo aumento de los impuestos para la mayoría

 "(...) Ashley Smith, redactor de Spectre, entrevista a Michael Roberts sobre el desplome mundial, las explicaciones oficiales y marxistas del mismo y lo que debería reivindicar y propugnar la izquierda en la actualidad.

Ashley Smith – En los grandes medios de comunicación proliferan artículos sobre la inflación, el estancamiento de la economía y el peligro de una recesión mundial. ¿En que situación se halla la economía mundial, desde los países capitalistas avanzados hasta los países en desarrollo o subdesarrollados?

Michael Roberts – Las principales economías se desaceleran rápidamente tras el subidón poscovid de la recuperación de 2021. Se encaminan actualmente hacía un nuevo desplome en 2023, provocado por el descenso de la rentabilidad (los márgenes de beneficio insólitos de 2021 están en caída libre). Esto frenará el aumento de la inversión. Al mismo tiempo, los cuellos de botella en la cadena de suministros global siguen siendo más importantes que antes de la pandemia. Esto significa que la inflación, que comenzó después de 2020 y se vio acelerada por la invasión rusa de Ucrania y las sanciones de los países occidentales, no se aproximará a los niveles precovid durante un tiempo, o tal vez nunca.

Los bancos centrales, en su intento de controlar la elevada inflación elevando los tipos de interés y reduciendo la oferta monetaria, están provocando el colapso de los precios de los inmuebles, incrementando los costes del servicio de la deuda empresarial y pública y de este modo inducirán la caída de la inversión. El dólar fuerte propaga este daño colateral al resto del mundo, en particular a las economías pobres subdesarrolladas el llamado Sur global, que ahora se enfrentan al aumento del coste de la deuda en dólares, la caída de los ingresos y el colapso de las monedas.

Ashley Smith – Adam Tooze ha escrito recientemente un editorial en The New York Times en que describe muy bien la crisis del capitalismo mundial. Pearo parece que no sabe muy bien cómo explicarla. ¿Cuál es la causa de la estanflación actual? ¿Es meramente el resultado de la pandemia de covid y de la disrupción de las cadenas de suministro o se trata de algo más profundo?

 Michael Roberts – Esto es crucial. No basta saber cómo se ha desarrollado una crisis de la producción capitalista, sino sobre todo por qué. De lo contrario no podremos prever lo que va a ocurrir y si hay otra crisis que está emergiendo. El modo de producción capitalista es incapaz de desarrollar las fuerzas productivas necesarias para satisfacer las necesidades de miles de millones de personas en este planeta, y también comienza a destruir el ecosistema del propio planeta.

El aumento de la inversión en mejores tecnologías, servicios públicos y bienes y servicios básicos ha ido frenándose durante décadas. De hecho, desde la crisis financiera mundial las principales economías han estado sumidas en lo que he llamado la Larga Depresión, caracterizada por un bajo incremento de la inversión y la productividad y por el estancamiento de los salarios reales de la mayoría de la población. Únicamente los muy ricos han salido ganando (enormemente) con las alzas especulativas de los activos financieros y de los bienes inmuebles, que han sustituido a la inversión productiva.

Sin embargo, esas burbujas empiezan ahora a estallar. La caída durante la pandemia ha dañado irreversiblemente a las grandes economías: el crecimiento tendencial desde la covid es menor que antes de la pandemia, cuando la década anterior a esta ya conoció un crecimiento más lento que el periodo anterior a la crisis financiera. Existe lo que los economistas llaman histéresis en las principales economías, o si quieres, una covid económica prolongada.

 La breve recuperación económica de 2021 se desvanece rápidamente y las economías vuelven a caer, cosa que habría ocurrido en 2020 si no hubiera intervenido la pandemia. Solo que esta vez la recuperación ha venido acompañada de la aceleración de la inflación hasta cotas que no se veían desde hace 40 años. Así, tan solo una fuerte caída frenará y reducirá las tasas de inflación. Los bancos centrales parecen decididos a aplicar la terapia de choque, a base de una política monetaria restrictiva, para lograrlo. (...)

Ashley Smith – Una de las cosas que dice Tooze es que las subidas descoordinadas de los tipos de interés ponen el mundo en riesgo de una fuerte recesión. ¿Hasta qué punto existe este peligro? ¿Y podría una política monetaria más coordinada evitarlo? ¿Es siquiera posible esa coordinación?

Michael Roberts – ¿Subidas descoordinadas? Así que ¿si se coordinaran todo iría bien? Pienso que no. El alza mundial de los tipos de interés, impulsada por la caída de los precios de los bonos y las intervenciones de los bancos centrales, ya es en cierto modo un proceder coordinado, ya que cada país ha de seguir al otro o ver cómo se derrumba su propia moneda nacional.

La coordinación de la política monetaria no evitaría una recesión a menos que detuviera y revirtiera esas subidas. El llamado Acuerdo Plaza de 1985, en que se pactó reducir la fortaleza del dólar, apenas repercutió en el crecimiento económico de las principales economías. Y actualmente no es probable que se llegue a un acuerdo como aquel. Si tuviera que haber coordinación, debería englobar un plan de inversiones mundial, el control climático y la reducción de la pobreza. Y no hay ninguna posibilidad de que esto se haga.

 Ashley Smith – ¿Cómo afectan las subidas de los tipos de interés a las diferentes partes de la economía mundial? ¿Qué efectos tienen en los países capitalistas avanzados? ¿Qué impacto tendrán en el Sur global, especialmente en los países más endeudados? ¿Volveremos a ver crisis masivas de deudas soberanas?

Michael Roberts – Muchas economías subdesarrolladas emergentes ya tienen apuros financieros y se encaminan a la suspensión de pagos (Sri Lanka, Zambia, Pakistán). El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que el año que viene tendrá que amortizar muchos más créditos suyos, endeudando todavía más a muchos pobres y sometiéndolos a la disciplina fiscal del FMI. Esto solo puede implicar más austeridad para esos países. Pero esta situación también afectará probablemente a economías avanzadas a medida que los Estados recorten el gasto poscovid y traten de reducir los crecientes niveles de endeudamiento, tanto privado como público.

Ashley Smith – Has afirmado que nos hallamos en una depresión mundial prolongada, caracterizada por recesiones y débiles recuperaciones. Uno de los motivos radica en que los Estados han apuntalado grandes empresas que no son competitivas, las llamadas zombis, con bajos tipos de interés y rescates. A finales de la década de 1970, las fuertes subidas de tipos de interés decretadas por Paul Volcker permitieron finalmente controlar la inflación y marcaron el comienzo del prolongado auge neoliberal, pero a cambio de grandes quiebras, mucho desempleo y una crisis masiva de la deuda en todo el Sur global. ¿Podrían los bancos centrales hacer lo mismo y abrir una nueva ronda de crecimiento capitalista mediante la llamada destrucción creativa ?

Michael Roberts – La destrucción creativa o terapia de choque al estilo de la de Volcker a finales de la década de 1970 se evitó en el crash financiero mundial de 2008. En efecto, el entonces presidente de la Reserva Federal, Bernanke, adoptó la política opuesta, ampliando la oferta monetaria y el crédito al sector capitalista para rescatarlo (acaba de ser galardonado con un llamado premio Nobel por ello).

Después, las compañías recibieron una alimentación dosificada a base de créditos con un interés próximo a cero junto con una inflación baja para permitirles crecer, pero crecer muy lentamente. Una larga depresión sustituyó a la destrucción creativa. En 2019 estaba anunciada una nueva recesión. Ahora, en 2022, no se han previsto inyecciones crediticias, sino todo lo contrario, debido a la elevada tasa de inflación. En su lugar, los bancos centrales tratan de aplicar la terapia de choque  a la inflación. (...)

Ashley Smith – Finalmente, los Estados más poderosos y las políticas de sus bancos centrales tendrán un impacto devastador en la clase trabajadora y las naciones oprimidas. Esto suena a guerra de clases y a imperialismo de otros tiempos. ¿Que deberían exigir ahora los movimientos obreros y las naciones oprimidas? ¿Qué debería propugnar la izquierda a corto y a largo plazo?

Michael Roberts – A corto plazo hemos de luchar contra el aumento del coste de la vida. Hemos de apoyar las batallas de los sindicatos, los únicos defensores de los y las trabajadoras en el lugar de trabajo. Hemos de luchar por un salario para vivir dignamente y por aumentos salariales iguales a las tasas de inflación a fin de mantener como mínimo los salarios reales. Hemos de oponernos a todos los aumentos de los tipos de interés y otras medidas encaminadas a recortar el gasto presupuestario en servicios y bienestar y/o  todo aumento de los impuestos para la mayoría.

La inflación se puede controlar y reducir si asumimos el control del sector bancario y sectores estratégicos de la economía. Es preciso sustituir el mercado de la energía etc. por la planificación estatal democrática para cubrir las necesidades sociales e invertir en tecnología y puestos de trabajo idóneos.

Hay que poner fin a las guerras destructivas que hemos visto en el siglo XXI en Irak, Afganistán, Ucrania, África subsahariana y las que tal vez surjan en Asia Central. No solo comportan la pérdida de la vida y la base de sustento de cientos de millones de personas, sino que también suponen un despilfarro masivo de recursos y un golpe devastador para el medio ambiente.

O sea: no a la rebaja del nivel de vida; no al recorte del gasto público que beneficia a la gente; no más guerras; por una economía mundial planificada de propiedad pública y controlada democráticamente por las instituciones del pueblo y no por multimillonarios codiciosos y el mercado capitalista."            

( , Entrevista a Michael Roberts, Viento Sur,  03/11/22; fuente: Spectre)

No hay comentarios:

Publicar un comentario