"En muy pocos días la población europea ha experimentado una ráfaga de
informaciones que favorecen un escenario de tensión y miedo ante una
posible escalada bélica de grandes dimensiones. Una intoxicación
mediática y política de resultado incierto. Ante semejante panorama es
fundamental tratar de aproximarnos a los porqués detrás de este
espectáculo macabro.
Emmanuel Macron dijo que no descartaba el envío de tropas a Ucrania,
algo que fue rechazado de manera casi unánime desde otros países
europeos. Esta misma semana también se hacían públicas las grabaciones
de la inteligencia rusa a unos militares alemanes que hablaban de un
posible ataque en Crimea. A su vez, estos altos mandos de la defensa
germana mencionaban el despliegue de misiles de crucero Taurus, de
origen británico, en territorio ucraniano. Esta polémica llegó hasta el
parlamento alemán y aunque se ha garantizado la veracidad de la
conversación, se puso en marcha una investigación al respecto de la
propia filtración.
En medio de todas estas informaciones, los medios de comunicación en
España abrían con distintos titulares como: "Europa se pone en pie de
guerra"; "Alemania dice que la UE debe prepararse para una posible
guerra con Rusia a finales de esta década"; "¿Riesgo de Guerra en
Europa? La alerta de Berlín" o "Bruselas propone una compra conjunta de
armas para que Rusia no gane". (...)
Lo cierto es que Rusia se siente amenazada porque realmente la están amenazando. Muchos analistas han comparado la situación que ha vivido Rusia en relación con Ucrania con la crisis de los misiles de 1961 en Cuba. Sin embargo, esto se quedaría corto ante el asedio que ha sufrido Moscú.
La propia expansión de la OTAN hacia el este se ha presentado como una
amenaza directa a la soberanía de Rusia. Más de cuarenta grandes
ejercicios militares al año son llevadas a cabo por la Alianza Atlántica
cerca de las fronteras europeas de la Federación rusa, algo que se
narra con naturalidad en los medios occidentales.
Con fecha del 5 de marzo de 2024, un medio señalaba: "Dos buques de
guerra españoles entran en escena cerca de Rusia". En relación a esta
información, el periódico La Razón explicaba estas maniobras de la OTAN
de la siguiente manera: "Las maniobras tendrán lugar en el norte de
Noruega, Suecia y Finlandia, no muy lejos de la frontera septentrional
con Rusia, e incluirán ejercicios por tierra, mar y aire".
Pese a los intentos de solucionar este escenario de tensión por la vía
diplomática desde Moscú, la repuesta de la Alianza Atlántica han sido
una serie de incumplimientos, tanto de compromisos adquiridos tras la
desintegración de la URSS, como de acuerdos más recientes como, por
ejemplo, los de Minsk, que buscaban dar una solución pacífica al
conflicto interno en Ucrania. Igualmente, de manera más reciente, hemos
visto cómo desde los países europeos y EEUU se ha boicoteado de forma
sistemática una salida negociada a la actual fase del conflicto armado.
Una de las contradicciones en el relato que podemos percibir en relación
a estos hechos es que, lejos de la imagen caricaturesca e infantil a
los que nos han acostumbrado durante estos años, donde el presidente
ruso es presentado como un ser malvado, lo cierto es que si se permiten
llevar al extremo amenazas a la seguridad de una potencia nuclear como
es Rusia, es porque confían mucho en la responsabilidad de la otra parte
para evitar una escalada de consecuencias impredecibles.
El pasado 25 de febrero, el Alto Representante de la Unión Europea de
Relaciones Exteriores, Josep Borrell, concedía una entrevista al medio
español El Diario, donde aclaraba un poco este escenario. "Ya en 2020 no
hacía falta ser un lince para darte cuenta de que nuestras capacidades
de defensa eran muy limitadas, la actitud bronca de Donald Trump sirvió
de aviso", comentaba el político español al ser preguntado sobre la
presencia europea en el Sahel, una cuestión que, en 2019, a ojos del
político, "iba viento en popa", y que actualmente se encuentra en
repliegue. La disonancia cognitiva llega hasta tal punto que, para
hablar de seguridad europea, Borrell menciona sin temor la falta de
control sobre otros territorios, por ejemplo, los africanos.
Lo cierto es que los países del Sahel nunca han invadido Europa ni
tienen intención de hacerlo, sin embargo, sí ocurrió al contrario con la
colonización europea del continente africano y los posteriores procesos
de neocolonialismo que llegan hasta la actualidad.
A esta confesión accidental sobre los temores de "seguridad", debemos
añadir otra clave que Borrell puso de manifiesto durante su entrevista:
"A los europeos nos hace falta la percepción de un mundo áspero,
violento, donde cada vez más los conflictos se resuelven por la fuerza".
Y tiene razón, solo con esa campaña de propaganda, podrían justificar
el aumento creciente del gasto militar de los Estados europeos para
resolver la necesidad de EEUU de seguir manteniendo a una Europa débil y
dependiente.
La campaña del miedo, que busca generar una constante tensión con países
vecinos, como Rusia, así como la construcción de una amenaza en el
imaginario de la opinión pública, tiene un sentido interno, por tanto,
en los deseos de fortalecer a la OTAN y alimentar un creciente complejo
militar-industrial en suelo europeo.
Como dicen, la guerra es la continuación de la política por otros
medios, pero, ¿qué ocurre cuando la guerra se está convirtiendo en tu
única forma de entender la política?
Esto ya le ocurrió a EEUU. Ante la pérdida de capacidad de influencia
política y económica, con un complejo militar industrial que necesita
ser constantemente alimentado, la guerra ha acabado por sustituir la vía
de la diplomacia y de la política. ¿Las políticas recientes de la UE
pretenden llevar a los pueblos europeos hacia ese mismo abismo?"
(Carmen Parejo, Jaque al neoliberalismo, 08/03/24; fuente La Haine)
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