1.4.24

En nuestro país está teniendo lugar una transformación productiva que provoca que el 63% del empleo creado sea en ocupaciones técnicas, existiendo una mejora de la productividad real por asalariado del 16,4%... Es decir, que el intervencionismo social de este Gobierno —ERTE, reforma laboral, SMI— ha funcionado contribuyendo a la manera de crear rentabilidad y demostrando que se puede salir de ciclos económicos adversos de manera justa, diferente a la que recetaba la derecha: devaluando salarios y precarizando la contratación. Este escenario inédito, unido a los buenos resultados de la excepción ibérica, marcan una dirección que merece la pena profundizar mediante políticas industriales que desplieguen en España toda la potencialidad de la transición digital y energética... No es solo una cuestión económica: la reacción es la expresión política del capitalismo financiero-inmobiliario, del rentismo y de la corrupción encarnada por contratistas y demás fauna de la recalificación y la mordida. Esta transformación productiva es una oportunidad histórica que debe ser encarada, también en el relato, devolviendo a los trabajadores una centralidad de la que sentirse orgullosos (Daniel Bernabé)

 "(...) La precariedad rara vez es noticia, quizá en titulares aislados, solo cuando el accidente o aquellas prácticas delincuenciales que lindan con el esclavismo tienen lugar. En el ámbito del entretenimiento, que es donde se crean crónicas comunes capaces de afectar a nuestras emociones, pudimos ver El jefe infiltrado, pero nunca su hipotética respuesta, El inspector de trabajo infiltrado. Más allá de la precariedad, es la propia actividad laboral la que ha desaparecido de las ficciones. Si en las décadas de los años cincuenta a los setenta, el neorrealismo italiano o el nuevo cine americano pusieron sus cámaras al servicio de los trabajadores, hoy, por cada película que refleja el conflicto de clase hay miles de youtubers diseminando una pornográfica cháchara aspiracional de culto al éxito. (...)

 esta derecha rupturista ha tenido la oportunidad de construir una narrativa donde la desigualdad es parte de la aventura de vivir y la explotación una consecuencia deseable en el que crepita nuestro ocio. Así, este nuevo populismo es capaz de unir de manera promiscua los planteamientos conservadores más apolillados con el hedonismo canalla más procaz.

No obstante, más allá de las narrativas, que son el sustrato donde la política contemporánea desarrolla su potencial de seducción, los hechos nos muestran otra realidad. El sindicato Comisiones Obreras ha presentado un informe donde se observa cómo en nuestro país está teniendo lugar una transformación productiva que provoca que el 63% del empleo creado sea en ocupaciones técnicas, existiendo una mejora de la productividad real por asalariado del 16,4%. Hay casi 21 millones de cotizantes a la Seguridad Social y desde 2018 se han creado 1,58 millones de puestos de trabajo. Es decir, que el intervencionismo social de este Gobierno —ERTE, reforma laboral, SMI— ha funcionado contribuyendo a la manera de crear rentabilidad y demostrando que se puede salir de ciclos económicos adversos de manera justa, diferente a la que recetaba la derecha: devaluando salarios y precarizando la contratación.

Este escenario inédito, unido a los buenos resultados de la excepción ibérica, marcan una dirección que merece la pena profundizar mediante políticas industriales que desplieguen en España toda la potencialidad de la transición digital y energética. Nuestro país puede convertirse en un referente en renovables que permita localizar en nuestro territorio una actividad centrada en nuevos sectores tecnológicos frente a la tradicional inercia especulativa.

 No es solo una cuestión económica: la reacción es la expresión política del capitalismo financiero-inmobiliario, del rentismo y de la corrupción encarnada por contratistas y demás fauna de la recalificación y la mordida. Esta transformación productiva es una oportunidad histórica que debe ser encarada, también en el relato, devolviendo a los trabajadores una centralidad de la que sentirse orgullosos y a las políticas que lo favorecen su merecido protagonismo."               (Daniel Bernabé, El País, 22/03/24)

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