11.5.26

El plan de rearme alemán no tiene parangón en la historia reciente, con un presupuesto proyectado de 377.000 millones de euros destinados a la modernización de todos los dominios: terrestre, aéreo, marítimo, espacial y cibernético... será Boris Pistorius, ministro de Defensa del Partido Socialdemócrata (SPD), quien lidere este giro militarista. Históricamente defensores del estado de bienestar, los socialdemócratas están gestionando una «economía de guerra» que se financia mediante el desmantelamiento de los servicios públicos... Pristorius entierra así lo que fue una seña de identidad de la socialdemocracia alemana... Para sostener este gasto, que busca alcanzar el 3,5% del PIB en 2035, se han pactado recortes sociales drásticos... 38.000 millones de euros para 2030 en Sanidad... congelación de las pensiones, y recortado el apoyo a familias vulnerables... Alemania se encuentra en una encrucijada: mientras el gobierno de Merz y el ministro Pistorius (SPD) justifican el rearme como una respuesta necesaria a la amenaza rusa, la sociedad civil se ve obligada a aceptar una austeridad extrema y una militarización de su vida cotidiana. Esta carrera armamentística está allanando el camino para que un futuro liderazgo ultranacionalista reviva las tendencias imperialistas que el continente juró enterrar tras 1945 (Willy Meyer)

"Los socialdemócratas están construyendo una maquinaria bélica sin precedentes que puede caer en manos de una extrema derecha que ensalza el pasado nazi.

El actual proceso de rearme en Alemania, el más ambicioso desde la era de Hitler, representa una ruptura total con su identidad de «potencia civil» de posguerra. Este giro histórico, como respuesta pretendida por la guerra de Ucrania y la desconfianza hacia el paraguas defensivo estadounidense, busca convertir a la Bundeswehr en el «ejército convencional más fuerte de Europa”. Sin embargo, esta transformación encierra una paradoja política inquietante: es un liderazgo socialdemócrata el que está construyendo una maquinaria bélica sin precedentes, mientras la extrema derecha de la AfD —que ensalza el pasado nazi— tiene cada vez más representación electoral.

El plan de rearme alemán no tiene parangón en la historia reciente, con un presupuesto proyectado de 377.000 millones de euros destinados a la modernización de todos los dominios: terrestre, aéreo, marítimo, espacial y cibernético:

—Capacidad ofensiva: Se planea la adquisición de 400 misiles de crucero Tomahawk con un alcance superior a los 2.000 kilómetros, capaces de llegar a Moscú, lo que evidencia una preparación para operaciones ofensivas de gran alcance.

—Aumento de tropas: El objetivo es pasar de los 185.000 soldados actuales a una fuerza de 460.000 efectivos (incluyendo reservistas) para el año 2035.

—Inversión masiva: El gobierno ha eximido permanentemente el gasto militar del tope de endeudamiento constitucional, liberando un total de un billón de euros en créditos de guerra.

Resulta contradictorio que sea Boris Pistorius, ministro de Defensa del Partido Socialdemócrata (SPD), quien lidere este giro militarista. Históricamente defensores del estado de bienestar, los socialdemócratas están gestionando una «economía de guerra» que se financia mediante el desmantelamiento de los servicios públicos.

Pristorius entierra así lo que fue una seña de identidad de la socialdemocracia alemana en su máxima representación, la de Willy Brandt durante el periodo de la “guerra fría”: el «Wandel durch Annäherung» (Cambio mediante acercamiento), que venía a defender la idea de reconocer la realidad política existente, en este caso sería la Federación Rusa, establecer contactos diplomáticos y humanos y fomentar intercambios económicos, culturales y sociales.

El 28 de octubre de 1969, en su primer discurso como canciller, Willy Brandt manifestó: «Queremos ser un pueblo de buenos vecinos, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras» […] [1] en este contexto, afirmo con rotundidad que el pueblo alemán necesita la paz —la paz en el sentido más amplio de la palabra— también con los pueblos de la Unión Soviética y con todos los pueblos del Este de Europa». Brandt defendía así una Alemania democrática que colaborara activamente en la paz y la estabilidad europea, y no una nación aislada o agresiva. En 1971, recibió el Premio Nobel de la Paz, en reconocimiento a su «Ostpolitik», orientada a la distensión y cooperación con los países del este de Europa.

Pistorius se convierte en el ejecutor de la política diametralmente opuesta, la de la confrontación este-oeste que impide avanzar hacia una seguridad compartida europea incrementando el gasto militar a costa del estado social y de bienestar.

Para sostener este gasto, que busca alcanzar el 3,5% del PIB en 2035, se han pactado recortes sociales drásticos,

—Sanidad: Se prevé un recorte de 38.000 millones de euros para 2030, afectando a clínicas, consultas y medicamentos.

—Pensiones y Ayudas: Se han congelado las pensiones, eliminado el sistema de ayuda básica (Bürgergeld) y recortado el apoyo a familias vulnerables.

—Militarización educativa: El gobierno impulsa la integración de la «preparación ante crisis» en las escuelas mediante módulos especiales para jóvenes.

El mayor peligro de la militarización alemana es que esta formidable potencia militar pueda caer en manos de la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD), que actualmente lidera sondeos con un 26% de intención de voto. Existe el temor de que un gobierno de la AfD, que mantiene una retórica nacionalista y relativiza el periodo nazi, utilice este nuevo poder para reivindicaciones territoriales contra vecinos como Francia o Polonia y aumente, aún más, la política agresiva contra la Federación Rusa.

Este rearme ya está despertando «viejos fantasmas» en Europa. Francia, que hasta ahora era la principal potencia militar de la UE, observa con recelo cómo la hegemonía económica alemana se traduce ahora en una primacía militar que podría alterar los equilibrios del continente.

Alemania se encuentra en una encrucijada: mientras el gobierno de Merz y el ministro Pistorius (SPD) justifican el rearme como una respuesta necesaria a la amenaza rusa, la sociedad civil se ve obligada a aceptar una austeridad extrema y una militarización de su vida cotidiana. Esta carrera armamentística está allanando el camino para que un futuro liderazgo ultranacionalista reviva las tendencias imperialistas que el continente juró enterrar tras 1945.

  1. https://www.willy-brandt-biografie.de/wp-content/uploads/2017/08/Regierungserklaerung_Willy_Brandt_1969.pdf "

 (Willy Meyer, Gaceta Crítica, 11/05/26)

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