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Una cuarta parte de la población vive al borde del abismo... “la depauperación de las clases medias-bajas hasta niveles de pobreza provocada por la gran crisis de 2008 mantiene sus efectos hasta la pandemia y el estallido bélico que todavía acucia más su situación”... Se ha normalizado que los beneficios empresariales crezcan a un ritmo del 20 o 30% anual y al mismo tiempo que una cuarta parte de la población no logre salir del hoyo... “entre 2003 y 2016, la satisfacción con la vida que llevan las clases medias- medianas, medias-bajas y bajas no mejora, al contrario de lo que ocurre en las clases medias altas y altas, que aumenta” (Andreu Missé)(

 "Los jóvenes insisten es manifestar su malestar por la precariedad como reflejaba la carta a la directora de este diario del pasado sábado referida a “la juventud anestesiada hasta las cejas”. Quizá la anestesia está mucho más generalizada y afecta a toda la sociedad. Nos estamos acostumbrando a que una cuarta parte de la población viva al borde del abismo. Las estadísticas registran mejoras en los últimos años pero las mismas fuentes reflejan que los avances son realmente muy limitados. La reciente Encuesta de Condiciones de Vida, correspondiente al ejercicio de 2024, destacaba que el porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión social bajó hasta el 25,8%, desde el 26,5% en 2023. A primera vista, una mejora.

Sin embargo, abre los ojos la visión de Cáritas que ve el mundo a pie de obra: “Aunque es cierto que hay un descenso progresivo de la población en riesgo de pobreza desde el 28,7% de 2015 hasta el 25,8% actual”. Lo que deja un evidente poso de reflexión: “Ha sido necesaria una década para una reducción de apenas un 3%”.

A pesar de que desde 2018 el empleo neto creado ha sido extraordinario, (2.293.300 ocupados); las subidas del salario mínimo tan sustanciales, (61%) y la creación del Ingreso Mínimo Vital que supone un nuevo derecho para 688.007 hogares en los que viven 2.097.290 personas, parece imposible reducir el porcentaje de malestar a menos del 25% de la población.

Desde una perspectiva más profunda y rigurosa y no limitada a la clase trabajadora, el profesor de ESADE y periodista Josep-Francesc Valls describe en El efecto STICK (PROFIT editorial), el rápido proceso de nacimiento, ascenso y caída de las clases medias en los últimos años. Subraya que “la depauperación de las clases medias-bajas hasta niveles de pobreza provocada por la gran crisis de 2008 mantiene sus efectos hasta la pandemia y el estallido bélico que todavía acucia más su situación”. Precisa que “entre 2003 y 2016, la satisfacción con la vida que llevan las clases medias- medianas, medias-bajas y bajas no mejora, al contrario de lo que ocurre en las clases medias altas y altas, que aumenta”.

Las reglas de juego impuestas conducen a una creciente concentración económica y a corporaciones gigantescas con ganancias crecientes. Se ha normalizado que los beneficios empresariales crezcan a un ritmo del 20 o 30% anual y al mismo tiempo que una cuarta parte de la población no logre salir del hoyo.

Valls destaca que “el trasvase de una parte importante de las rentas salariales hacia las de capital se inicia a nivel mundial a partir de la década de de 1980″. Tendencia que registra una segunda fase a comienzos del milenio por la aparición de la era low cost, que abre el camino a precios rebajados permanentemente y frena los salarios, y por la decisión de algunos gobiernos de desmantelar el estado de bienestar por sus costes mientras reducen los impuestos para contentar a las clases acomodadas.

Las condiciones de vida cada vez dependen más de la vivienda, los suministros, el transporte y sobre todo la fiscalidad. Hace falta una sacudida radical para despertar de la anestesia que impida que la segregación social se cronifique."

(Andreu Missé , El País, 31/03/25)

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