"En lo que llevamos de espiral neoliberal hacia abajo y
desolidarización, Europa ha producido dos modelos de lucidez: la
revuelta griega, ese nuevo “Oji” de país retrasado y obstinado que
recuerda la dignidad helena del principio de la última guerra mundial, y
la exitosa secuencia islandesa: la deuda no se paga, el gobierno
implicado se derroca y los responsables a los tribunales.
Sólo
una medicina ciudadana de este tenor salvará el proyecto ciudadano
europeo, secuestrado por la lógica empresarial ¿Qué es lo que está en
juego?
Nuestra normalidad social, económica y política, incluido
“nuestro nivel de vida y libertades”, reposa sobre un entramado de lo
más frágil. Basta que ese crematístico y depredador entramado se hunda,
basta entrar en recesión, para que todo cambie.
Ahorros de
una vida se convierten en papel sin valor, los liberales se transforman
en ultraderechistas y las democracias en regímenes duros. La actual
precrisis ya está lanzando señales en esa dirección. Presten atención a
los discursos.
Una de las noticias más sintomáticas de los
últimos días ha sido la destitución de la plana mayor militar griega.
El cese de esos generales tan íntimamente relacionados, vía OTAN, con
Estados Unidos, apenas ha sido evocado por la prensa de Washington y
Nueva York, y sólo rozada por la de Londres y Frankfurt ¿Cómo
interpretarlo?
Hace muy poco los gobiernos de países europeos como Grecia, España y Portugal no eran democracias. (...)
Curiosamente,
incluso la Europa del Sur, con la ventaja biográfica derivada de su
experiencia reciente, parece perder de vista esa fragilidad que debería
estar en su memoria.
La enorme confusión y ceguera que
preside la hora actual, sugiere que el asfaltado intelectual de los
últimos treinta años -las consecuencias mentales de nuestra
“modernización” europeizante- arrasó gran parte de aquella antigua
lucidez de país retrasado.
"Nadie debería dar por supuesto otro
medio siglo de paz y prosperidad en Europa”, dijo la canciller alemana
Angela Merkel. Esa frase que le pusieron de adorno sus asesores fue la
más notable de su discurso del 26 de octubre ante el Bundestag, donde
enunció un programa para la desintegración europea: que la diversidad
continental marque el paso de la errática austeridad germana.
Conforme
los políticos del Gosplan europeo demuestran cada día su incapacidad
-en el mejor de los casos- o su completo alineamiento con el programa
neoliberal de regreso al siglo XIX -en el peor-, la sensación de que la
solución sólo puede venir a partir de fuertes impulsos ciudadanos desde
abajo, se hace más y más indiscutible." (Rebelión, 12/11/2011, '¿Adiós a Europa?', Rafael Poch, La Vanguardia)
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