14.1.14

La decadencia de Occidente

"¿Acaso la situación mundial de hoy no insufla oxígeno a la tesis de la decadencia de Occidente, argumentada en obra a sí mismo nombrada, por Oswald Spengler (1880-1936)?  (...)

Para analistas como Jorge Berstein no hay duda: “La ‘crisis global’ (todavía se la sigue llamando así) sigue su curso, se va profundizando con el correr de los años, deteriora las instituciones de las potencias centrales, quiebra las tramas económicas y culturales que cohesionaban a esas sociedades, queda al descubierto como decadencia, es decir como proceso de deterioro general irreversible.

 También va llegando a los denominados ‘países emergentes’, derrumbando el mito del rejuvenecimiento capitalista desde la periferia, de la superación burguesa del neoliberalismo occidental gracias a la intervención del Estado”. 

En artículo reproducido por una miríada de medios digitales, Berstein apunta que en los años 2008 y 2013 se aceleró la declinación del capitalismo; en ambos lapsos el desastre tuvo como origen el centro imperial, para después irradiarse.

 “Podríamos establecer un corte aún más preciso y fijar los meses de septiembre de 2008 y septiembre-octubre de 2013 como los ‘momentos’ en los que la historia incrementó bruscamente su velocidad cuando la acumulación de degradaciones produjo un gran salto de cantidad en calidad.

 Desde el punto de vista de los amos del sistema es posible hablar de ‘annus horribilis’, es decir, años de grandes desgracias, aunque desde el lado de las víctimas, de los miles de millones de seres humanos que habitan en el subsuelo del planeta burgués podemos afirmar que se trata de ‘annus mirabilis’, de períodos donde el sistema avanza claramente hacia su ruina, es decir, de acontecimientos ‘maravillosos’ que alientan la esperanza en la posible conquista de un mundo mejor”. (...)

La detención del alucinante monto marca el fin del largo “crecimiento drogado” del capitalismo neoliberal. “Desde los años 1970 transcurre la reconversión financiera que permitió la reproducción ampliada del área imperial del sistema: los Estados centrales se endeudaban y subsidiaban a la industria (gastos militares, reducciones fiscales de todo tipo, etc.), y frenaban la desaceleración del consumo (subsidios a los desempleados), las empresas se endeudaban para seguir invirtiendo y los consumidores se endeudaban sosteniendo a esos grandes mercados, por otra parte las caídas tendenciales en las tasas de ganancias productivas de grandes grupos económicos eran más que compensadas por la expansión de los negocios financieros”.

A la postre, se sabe, la burbuja estalló. Sobrevino una “degradación financiera-productiva controlada; las deudas públicas y privadas de las potencias centrales tradicionales siguieron creciendo, la Unión Europea se estancó para entrar finalmente en recesión, Japón transitó un camino aún más dramático (Fukushima mediante) y los Estados Unidos tuvieron un crecimiento anémico que a lo largo de 2012-2013 amenazaba convertirse en estancamiento o directamente en recesión. El sistema había ingresado en una nueva etapa”. (...)

De otra parte, en Europa la recesión se empecina, “y aunque algunas cifras muestren una desaceleración mínima de la crisis, a pesar del esfuerzo de los Gobiernos en presentarlas como positivas, solo se trata de que el ritmo de la caída parece enlentecerse ligeramente. 

Esto no deja a los Gobiernos muchos márgenes de maniobra para jugar a la política exterior, exceptuando quizás a una Alemania que sigue pretendiendo manejar los destinos de la Unión Europea o una Francia que se permite algunos desplantes, como el intento de sabotear el acuerdo entre Irán y los países centrales”.  (...)

Jamás tal cantidad de actores internacionales se había atrevido a plantar cara a la superpotencia. Al desplegar la tesis del declive de EE.UU., metáfora de Occidente, Enrique Muñoz Gamarra ( argenpress.info ) plantea que, “en principio, el edificio unipolar ha venido diluyéndose casi desde cuando se impuso, exactamente desde finales de la última década del siglo XX (1995-1999).

 Esto es a raíz de los remezones que empezaron a sentir sus experimentos en el sudeste asiático (tigres asiáticos). Sabíamos que se había impuesto en 1991, tras la caída de la ex URSS. Entonces su vigencia fue tan fugaz. Luego, con la gran crisis económica de 2008 su situación estaba complicada.

 En 2010 se hizo aún más aguda. A finales de ese mismo año soportó la ruptura de la alianza estratégica sino-estadounidense en lo económico y desapareció en ese mismo momento (2010) vapuleado por la gran crisis económica y enterrada para siempre con la reacción político-militar de Rusia y China a finales de 2011”. (...)

Una nota hurga aún más en lo tétrico de la circunstancia: “La crisis capitalista comenzó con una crisis hipotecaria. Aparecieron los Estados para salvar bancos. Luego vino la crisis industrial. Y nuevamente apareció el Estado salvando a grandes compañías y multinacionales. 

Luego vino la crisis de los Estados. Era lógico, salvaron multinacionales y comenzaron a quebrar los Estados. Comenzaron los salvatajes de Estados. Sin embargo, cuando llegó la crisis social no hubo nadie que quisiera salvar a las sociedades. Los trabajadores perdieron y pierden el empleo, les rebajan los salarios, pierden sus casas y finalmente terminan suicidándose. Ha sido una epidemia…”.

Que conste: lo peor está por venir. “Los riesgos sistémicos en los que incurren las grandes compañías mundiales, el agotamiento de recursos petroleros, el creciente consumo de energía, así como la inflación de una burbuja en el mercado de capitales, debido a la existencia de activos obsoletos”, conducirán a una crisis energética que hará saltar los precios en 2015 y conllevará una confusión en los mercados financieros, según peritos como Jeremy Leggett. (...)"                  (Eduardo Montes de Oca, Rebelión, 09/01/2014)

No hay comentarios:

Publicar un comentario