"Los sondeos que se han ido haciendo públicos recientemente revelan una
de las facetas más insidiosas de la tragedia que ha asolado a la
sociedad portuguesa: el aceptar la tragedia como una fatalidad y lo que
ello comporta; el surgimiento de una nueva normalidad que, además, con
el tiempo dejará de ser nueva para ser apenas normalidad.
Es normal que
la aplastante mayoría de los portugueses se esté empobreciendo aunque,
simultaneamente, un puñado de super-ricos nunca se haya enriquecido
tanto como hasta ahora.
Es normal que emigre toda una generación
altamente cualificada con el esfuerzo de todos nosotros, aunque con eso
se esfume la posibilidad de dejar de ser una economía subdesarrollada al
gusto del intercambio desigual que buscan los países más desarrollados.
Es normal que los pensionistas pobres y de clase media tengan que ser
extraordinariamente solidarios con todos los portugueses, aunque no se
le pueda exigir lo mismo a las rentas más altas, protegidas —la mayor
parte de ellas— en offshores, y mucho menos a los bancos que,
por el contrario, exigen nuestra solidaridad para continuar teniendo
lucros fabulosos.
Es normal que los matrimonios más jóvenes no puedan
darse el lujo de tener un hijo (o más de uno) y que ni se les pase por
la cabeza tener un aumento de salario (en el improbable caso de que los
dos estuvieran empleados).
Es normal que todo esto acontezca
normalmente, que el pesimismo sea igual a optimismo, que tanto la
satisfacción como la insatisfacción sean medias, que no haya elecciones
anticipadas, que, cuando vayamos a votar, gane el PS apenas con mayoría
relativa y que, en ese caso, sea tan probable como improbable que el PS
haga una coalición con el partido que ha presidido la administración de
la tragedia. (...)
La idea de que los portugueses han vivido por encima de sus
posibilidades pasa a ser verosímil, incluso para los portugueses en
riesgo inminente de pobreza. Pasa desapercibido que este argumento
preside toda la gestión del actual Gobierno, más allá de lo que se dice.
Dos ejemplos:
Tuvimos un buen sistema de educación pública y eso
se pone de relieve con los resultados de nuestros jóvenes en los
estudios de la OCDE sobre excelencia escolar. Pues bien, estos
resultados muestran que tenemos un nivel de educación por encima de
nuestras posibilidades y, por eso, objetivamente, la política del actual
ministerio de Educación busca bajar nuestro ranking. Y eso será lo que,
muy probablemente, pasará.
A su vez, el Sistema Nacional de Salud
nos permitió alcanzar niveles de salud colectiva, de esperanza de vida y
de prevención de enfermedades evitables internacionalmente envidiables.
Esto significa que tenemos niveles de salud por encima de nuestras
posibilidades. Objetivamente, la actual política del ministerio de
Sanidad busca bajar estos niveles. Y eso será lo que, muy probablemente,
pasará. (...)" (Boaventura de Sousa Santos – Público.es, en Attac España, 14/01/2014)
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