14.1.14

La faceta más insidiosa de la tragedia que ha asolado a la sociedad portuguesa: el aceptar la tragedia como una fatalidad

"Los sondeos que se han ido haciendo públicos recientemente revelan una de las facetas más insidiosas de la tragedia que ha asolado a la sociedad portuguesa: el aceptar la tragedia como una fatalidad y lo que ello comporta; el surgimiento de una nueva normalidad que, además, con el tiempo dejará de ser nueva para ser apenas normalidad. 

Es normal que la aplastante mayoría de los portugueses se esté empobreciendo aunque, simultaneamente, un puñado de super-ricos nunca se haya enriquecido tanto como hasta ahora.

 Es normal que emigre toda una generación altamente cualificada con el esfuerzo de todos nosotros, aunque con eso se esfume la posibilidad de dejar de ser una economía subdesarrollada al gusto del intercambio desigual que buscan los países más desarrollados. 

 Es normal que los pensionistas pobres y de clase media tengan que ser extraordinariamente solidarios con todos los portugueses, aunque no se le pueda exigir lo mismo a las rentas más altas, protegidas —la mayor parte de ellas— en  offshores, y mucho menos a los bancos que, por el contrario, exigen nuestra solidaridad para continuar teniendo lucros fabulosos. 

Es normal que los matrimonios más jóvenes no puedan darse el lujo de tener un hijo (o más de uno) y que ni se les pase por la cabeza tener un aumento de salario (en el improbable caso de que los dos estuvieran empleados). 

Es normal que todo esto acontezca normalmente, que el pesimismo sea igual a optimismo, que tanto la satisfacción como la insatisfacción sean medias, que no haya elecciones anticipadas, que, cuando vayamos a votar, gane el PS apenas con mayoría relativa y que, en ese caso, sea tan probable como improbable que el PS haga una coalición con el partido que ha presidido la administración de la tragedia. (...)

La idea de que los portugueses han vivido por encima de sus posibilidades pasa a ser verosímil, incluso para los portugueses en riesgo inminente de pobreza. Pasa desapercibido que este argumento preside toda la gestión del actual Gobierno, más allá de lo que se dice. Dos ejemplos:

Tuvimos un buen sistema de educación pública y eso se pone de relieve con los resultados de nuestros jóvenes en los estudios de la OCDE sobre excelencia escolar. Pues bien, estos resultados muestran que tenemos un nivel de educación por encima de nuestras posibilidades y, por eso, objetivamente, la política del actual ministerio de Educación busca bajar nuestro ranking. Y eso será lo que, muy probablemente, pasará.

A su vez, el Sistema Nacional de Salud nos permitió alcanzar niveles de salud colectiva, de esperanza de vida y de prevención de enfermedades evitables internacionalmente envidiables. Esto significa que tenemos niveles de salud por encima de nuestras posibilidades. Objetivamente, la actual política del ministerio de Sanidad busca bajar estos niveles. Y eso será lo que, muy probablemente, pasará. (...)"               (Boaventura de Sousa SantosPúblico.es, en Attac España, 14/01/2014)

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