"La Europa que conocíamos hasta el 25 de mayo era la Europa virtuosa,
construida políticamente con el objetivo de evitar una tercera guerra
europea, integrando a Alemania, siempre imprevisible, en un espacio
político más amplio. (...)
Ya sabíamos, por experiencia dolorosa propia, que este proyecto sufrió
un colapso. El 25 de mayo pudimos visitar las ruinas. En cuanto las
contemplamos, tal vez menos tranquilos de lo que parecemos, extrajimos
tres lecciones. (...)
Lo que vivimos fue en gran medida desolador, como es propio de las
ruinas, sobre todo cuando humean. El brillo de los barnices aún es
visible en el mobiliario destrozado que no ha sido alcanzado por el
fuego. La historia europea sabe que un partido de extrema derecha puede
ser elegido democráticamente para destruir la democracia. (...)
No existe, por ahora, peligro de nazificación de los países europeos.
Pero sí que existe el peligro de la nazificación de la idea de Europa
(racismo, antisemitismo). Y no hay que dejar de subrayar que el nazismo
es una herencia cruel de la Alemania del siglo XX.
Si bien es cierto que
la Alemania federal ha sabido hasta ahora controlar la pulsión nazi en
su país, ha dejado que campase libremente en el resto de Europa.
Imagínese lo que se diría hoy de Portugal si los fascistas europeos
pintasen la cruz de Cristo en los cementerios judíos de toda Europa.
Si
tenemos en cuenta su historia, Alemania lidió con la crisis europea de
modo criminal, ya que nadie como ella podría haber frenado la pulsión
nazi en Europa.La segunda lección de las elecciones europeas es
más confortante y está en las antípodas de la primera. La contestación
de esta Europa no procede sólo de la derecha sino también de la
izquierda, y tiene varios matices.
Syriza en Grecia, Movimento 5 Stelle
en Italia, Podemos en España y CDU (Partido Comunista coligado con Los
Verdes) en Portugal. En estas victorias vibran las ideas de solidaridad,
de cohesión social, de democraticidad, de respeto por la soberanía de
los países que presidieron el nacimiento de Europa y que los diferentes
países europeos adoptaron como suya en la posguerra (Portugal, Grecia y
España, después de que conquistasen la democracia).(...)
La tercera lección es que los grandes derrotados en estas elecciones han
sido los partidos que más habían contribuido a la construcción de la
Europa que conocemos: partidos de centro izquierda y de centro derecha
que siguen pensando que, con más o menos remiendos, esta Europa
sobrevivirá.(...)" (Esta Europa se acabó, de Boaventura de Sousa Santos en Público, en Caffe Reggio, 07/06/2014)
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