"(...) Pero, más allá de la partida de póquer política que se está jugando en
Grecia, lo más ilustrativo del caso, a mi entender, es la esclerotizada
situación en la que se encuentra no ya la banca griega, sino toda la
banca mundial.
A día de hoy, la liquidez de cualquier entidad financiera
pende del hilo del banco central: cuando el banco central rechaza
extender financiación contra los muy ilíquidos activos que exhiben en
sus balances las entidades financieras, éstas inmediatamente sufren un
pánico bancario. ¿Cómo es posible que hayamos llegado a esta situación?
(...) los bancos centrales modernos, una farsa de lo que se supone que
deberían ser: y es que, lejos de limitarse a proporcionar financiación
contra activos líquidos, han terminado por extenderla a todo tipo de
inversiones a largo plazo y de alto riesgo en posesión de los bancos.
De
esta forma, el cometido del banco central pasa a ser el de asegurar el
acceso a una provisión permanente de financiación a la banca privada
ilíquida, la cual ya no necesita preocuparse lo más mínimo por casar sus
cobros y sus pagos, pues siempre cuenta con la opción de pedirle
refinanciación al banco central.
Así, la banca privada se desentiende enteramente de la gestión de su
liquidez: su único cometido pasa a ser el de maximizar beneficios aun a
costa de quedar postrada ante su expansiva iliquidez (deudas a muy corto
plazo y activos a muy largo plazo). Para eso, justo, existe el banco
central: para cubrirle cualquier posible agujero de financiación a la
banca privada.
Por eso, cuando el banco central le retira su línea de
auxilio a cualquier banco, el pánico se desata contra ese banco: porque
éste es incapaz de sobrevivir por sí mismo. Su iliquidez es tan
descomunal, que necesita estar continuamente enchufado al banco central. (...)
Dejando de lado la más estricta coyuntura, lo que nos demuestra el
reciente movimiento del BCE con respecto a la deuda pública griega es
que hemos creado un sistema financiero del todo disfuncional: con la
excusa de promover el crédito barato a familias, empresas y gobiernos,
hemos terminado zombificando a la banca y volviéndola dependiente de
unas instituciones políticas como son los bancos centrales.
En su
ausencia, los bancos serían hoy incapaces de sobrevivir porque
previamente han optado por destruir las bases que posibilitarían su
supervivencia autónoma. Ése es el perverso esquema de incentivos
generado por el sistema de banca central con moneda fiat: haber
engendrado una banca presuntamente privada pero dependiente y servil del
poder político.
La solución, claro está, es arrebatarle a la banca privada los
privilegios políticos y las redes de seguridad con la que se la ha
protegido durante décadas: exponerla a la competencia del mercado y a la
supervisión descentralizada de sus acreedores. Como todo hijo de vecino
sin conexiones políticas. (...)" (Juan Ramón Rallo, Vox Populi, 06/02/2015)
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