"(...) El nerviosismo de las cancillerías se traslada a las sociedades en forma
de discurso mendaz y fulero con el que se pretende conjurar el peligro
que ven surgir en Grecia.
Acerca de este país se está construyendo estos
días un imaginario irreflexivo y pueril. Se presenta, por ejemplo, a la
sociedad griega y a su Gobierno enfrentados al resto de la Eurozona y
con intereses contrapuestos.
Nada más lejos de la realidad. La batalla
que antes o después se tiene que dar en Europa será entre deudores y
acreedores. El problema de Grecia es el mismo que el de todos los países
del Sur, incluso en cierto modo que el de Italia y el de Francia. (...)
No deja de resultar curioso que sean los gobiernos de España,
Portugal e Irlanda los que están adoptando la postura más intransigente
ante las reivindicaciones griegas cuando debían situarse a su lado.
Porque aunque pretendan convencernos y convencerse de que la situación
de sus países es distinta a la del país heleno lo cierto es que son más
los parecidos que las diferencias; estas, qué duda cabe, existen pero,
aunque con distintos matices, todos participan del mismo problema.
El alegato de que España, Portugal e Irlanda han superado ya las
dificultades, gracias a que han practicado las reformas y los recortes
adecuados y es por esa senda por la que debe andar Grecia, no se
sostiene, ya que en ningún país como en Grecia se ha aplicado la
política suicida de la austeridad.
Pero es que, además, es falso que las
dificultades se hayan superado, por ejemplo en España. Unos trimestres
de crecimiento no indican nada.(...)
La postura intolerante frente a Grecia de los gobiernos de España,
Portugal e Irlanda está dictada por sus propios intereses políticos. (...)
No pueden consentir ahora que sus ciudadanos conozcan que sí había otras
soluciones y que la situación podría haber sido muy distinta si aquella
noche fatídica de mayo de 2010 todos los países del Sur se hubieran
plantado ante Merkel.
Entonces, sin duda habría sido mucho más fácil el
pulso, puesto que las deudas estaban en gran medida en manos de los
banqueros alemanes, lo que colocaba al Gobierno alemán de ese país en
posición de mayor debilidad.
La intransigencia de las autoridades
españolas, portuguesas e irlandesas obedece al miedo al contagio,
conscientes de que una parte mayoritaria de sus sociedades, e incluso de
las de Italia y Francia, mantienen una postura similar o parecida a la
de Syriza.(...)" (
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