"(...) Los autores de este artículo queremos aportar una serie de reflexiones
sobre los orígenes del déficit de tarifa del sector eléctrico, y
reforzar la idea de que es necesaria una auditoría rigurosa que
dictamine su legitimidad.
Entendemos que aquellos que soportamos esta
deuda debemos poder conocer sin ambigüedades de dónde proviene, quiénes
han sido los responsables de generarla y qué motivaciones nos han
llevado a la situación actual. Si bien es imposible hacer aquí un repaso
exhaustivo a todos los elementos del problema, sí pretendemos arrojar
algo de luz sobre algunos que, curiosamente, han encontrado poco eco en
los medios de comunicación.
Qué es el déficit de tarifa
Un momento clave en esta historia es la liberalización del sector eléctrico a finales de 1997.(...)
Con la liberalización, el coste de generación pasó a fijarse mediante
el recién creado mercado eléctrico, mientras que los costes restantes
seguían siendo regulados (el término correcto es costes reconocidos); es
decir, los seguía fijando la Administración.
En la actualidad, para
cubrir los costes reconocidos, los consumidores pagamos en nuestra
factura un peaje de acceso mediante el término de potencia y parte del
término de energía [1]. El déficit de tarifa sale del desfase que, año
tras año, se observa entre los costes reconocidos y lo recaudado
mediante peajes de acceso.
Generación del déficit de tarifa como resultado del desvío anual
entre costes regulados e ingresos por peajes con respecto a lo estimado
Para ilustrar este desfase, la figura muestra el ejercicio relativo a
un año. Si nos situamos a la izquierda del dibujo, vemos que a
comienzos de año se tiene una previsión de todos los costes reconocidos
como transporte, distribución, primas al régimen especial, primas al
carbón, y un largo etcétera (la columna azul representa la suma de todos
ellos).
La idea en ese momento es fijar los peajes de modo que, con una
demanda también estimada, la recaudación (columna verde) cubra los
costes anteriores. Mensualmente se realizan unas liquidaciones, donde se
monitoriza cómo evoluciona cada concepto. Finalmente, el ejercicio se
cierra con la llamada “Liquidación 14”, donde se comprueba en qué medida
la realidad se ha desviado de las previsiones.
En concreto, la figura
en su lado derecho ilustra una situación en que, debido a un consumo de
electricidad menor de lo estimado, la recaudación por peajes ha
resultado inferior, mientras que los costes reconocidos han sido
superiores. Como resultado, ese año se incurre en un déficit
representado por el recuadro rojo, que deberá ser pagado en años
posteriores mediante lo que se recaude en los futuros peajes.
Obviamente, la situación no tiene por qué ser siempre adversa como en
el ejemplo. Puede darse el caso contrario, de modo que los ingresos
observados superen lo estimado y los costes resulten menores,
produciéndose un superávit. Sin embargo, esta situación se ha dado en
pocas ocasiones (únicamente en cuatro ejercicios desde la
liberalización, el último de ellos en el 2004).
Es interesante analizar estas liquidaciones, publicadas por la CNE (actualmente integrada en la CNMC),
ya que detallan rigurosamente las previsiones y los costes finales para
cada año desglosados en los conceptos que conforman los costes
regulados del sector eléctrico, permitiendo identificar aquellos en los
que se produjeron desvíos que contribuyeron ese año a incurrir en
déficit.
El origen del déficit de tarifa: el mercado
Lo que sigue a continuación es un análisis de únicamente uno de estos conceptos incluidos en los costes reconocidos, denominado “Coste energía en el mercado consumidores a tarifa”.
Escogemos precisamente este concepto porque muestra a las claras el
mecanismo que permitió que los consumidores eléctricos nos endeudáramos
año tras año sin ser conscientes de ello: permitió mantener la ficción
de unos precios de la electricidad que no subían mucho mientras los
resultados reales del mercado se iban guardando debajo de la alfombra de
los costes regulados.
¿A qué se llamó “Coste energía en el mercado consumidores a tarifa”?
¿Acaso no hemos dicho que la generación de energía está determinado por
el mercado y, por definición, excluido de los costes reconocidos?
Ocurre
que, si bien el esquema para imputar costes que se ha descrito arriba
(mercado + costes reconocidos) entró en vigor desde el mismo momento de
la liberalización en 1998, el esquema de recaudación (mercado + peajes)
se fue introduciendo muy lentamente, de modo que los pequeños
consumidores estuvimos durante muchos años acogidos a una tarifa
integral (tal y como sucedía antes de la liberalización: una tarifa
regulada para cubrir todos los costes, el de generación de energía
incluido). Mientras, los grandes consumidores de electricidad podían
optar voluntariamente por el antiguo esquema (tarifa integral) o por el
nuevo (mercado + peajes).
Una consecuencia de tener un mercado que determina el precio de la
electricidad en convivencia con la mayor parte de los consumidores
acogidos a una tarifa integral es que la Administración debía fijar esta
tarifa imaginando qué resultados iba a dar ese mercado, ya que con lo
recaudado mediante esa tarifa se debía adquirir la electricidad en el
mercado. El coste de esa adquisición es lo que se recoge en las
liquidaciones bajo el concepto “Coste energía en el mercado consumidores
a tarifa”. (...)" (Econonuestra, 20/04/2015)

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