13.1.16

El Waterloo de las clases medias... el de los jóvenes... se llama precariado

"(...) ¿vivirán los hijos peor que sus padres? (...)

 En este horizonte de incertidumbres las expectativas para todos parecen cada vez más pequeñas y las previsiones apuntan sombras. Jordi Gual, economista jefe de CaixaBank, ha constatado que los jóvenes que se incorporaron hace poco al mercado de trabajo solo verán que se multiplica por 1,5 el nivel de vida del país durante sus años activos. En comparación, otras generaciones lo tuvieron bastante mejor. Quienes empezaron a trabajar en 1960 y se jubilaron durante 2005 multiplicaron por 5,9 esa prosperidad y los que lo hicieron entre 1980 y 2025 disfrutarán de un 2,2. (...)

¿Salud, ingresos, familia? Da igual. La “gente percibe que vive rodeada de inseguridad y la economía vuelve a ser una amenaza y no una promesa de prosperidad”, relata Emilio Ontiveros, responsable de Analistas Financieros Internacionales (AFI). (...)

Los españoles, los franceses, los griegos… están muy insatisfechos con su nivel de vida. Hay que romper esa sensación de interinidad que impregna las decisiones básicas de las familias”. 

Desde luego resulta imposible desprenderse de ese sentimiento de precariedad sí, como intuye Carlos Martín, director del Gabinete Económico de Comisiones Obreras (CC OO), “nos movemos hacia un empleo cada vez peor remunerado. (...)

No estoy diciendo que se haya perdido toda una generación, pero una parte de estos jóvenes tendrá un nivel de vida inferior al de sus padres”. Sin citarla, el experto deja entrever otra fractura. Tal vez la más grave y la que incendia este fenómeno de las expectativas menguantes. La inequidad. 

O sea, la desigualdad de rentas y oportunidades. Años de crisis económica y globalización han dejado ganadores y perdedores. Entre los beneficiados encontramos a viejos conocidos. 

“Las élites, las clases altas de Occidente así como las medias y bajas de los países en vías de desarrollo. En la otra orilla, los más pobres, los desheredados del planeta y las clases medias y bajas de occidente”, enumera Ángel Saz-Carranza, director de EsadeGeo.  (...)

En un sistema que parece diseñado para que la prosperidad de unos se haga a costa de los otros, las clases medias viven su particular Waterloo. En una sociedad empobrecida, individualista y fragmentada, resulta impensable un bienestar equitativamente distribuido sin la capacidad de compra de esas clases. Pero si el poder adquisitivo es un estado de ánimo, el de muchos españoles transita por la depresión.

 La socióloga y expresidenta del CIS Belén Barreiro, a través de la consultora que preside, MyWord, ha cartografiado este sentimiento. Los datos que maneja —a partir de una encuesta a 2.500 personas— narran que un 60% de los ciudadanos cree que los jóvenes vivirán peor en el futuro que sus padres y un 30% piensa que hay más diferencias entre generaciones que entre clases sociales.

 “Existe una brecha generacional y los chicos nacidos después de los años setenta tienen peores condiciones de vida”, analiza Barreiro. “Sin embargo, no se resignan frente a esta vulnerabilidad. Han sabido organizar su vida de otra forma. Esto justifica, por ejemplo, el auge de la economía colaborativa”. Además tampoco claudican en los terrenos políticos. En vez de abstenerse crean partidos nuevos como Podemos o Ciudadanos.  (...)

Casi la mitad de los chicos que quieren trabajar no tienen dónde. Cómo contarles que vivirán mejor que sus padres. Además, por lógica, el desánimo lleva a la claudicación y de ahí al abandono. Y no solo en España. Muchas personas tras bastante tiempo buscando trabajo desisten. 

 En la eurozona un 6,3% de la población inactiva reconoce que a pesar de que desearía trabajar, ya no busca ocupación. Los ingresos no son un aliciente. El año pasado el salario mínimo interprofesional español era de 9.080 euros anuales, solo unos 100 euros más que hace cinco años.  (...)

Con todo lo que pensábamos que era sólido amenazando ruina, nos encaramos con una Europa muy distinta en la que “las sociedades serán cada vez más desiguales, más fragmentadas, más americanizadas [con el auge de las pensiones privadas] y con segmentos de la población que quedan atrás”, vaticina Roberto Ruiz-Scholtes, director de Estrategia de UBS. 

Es también la constatación de un Viejo Continente que pierde pujanza frente al imparable advenimiento de las economías emergentes y sus clases medias. El propio banco suizo en un reciente informe (House View-Years Ahead) retrata esta Europa menguante que llegará en 2050.

 Las causas las encuentra en la pérdida de más de 15 millones de habitantes (casi el censo de Holanda), el desplome de la población activa, el crecimiento de los mercados emergentes y la menor participación europea en el PIB mundial, que podría situarse por debajo del 10% dentro de 35 años. Incluso la rica y cerrada Suiza, cuya población activa se contraería un 25% en 2050, se enfrentará al dilema de elegir entre más inmigración o menor prosperidad. (...)"                     (   , El País, Madrid 3 ENE 2016)

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